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DEMOTHEOCRACIA
DERECHOS RESERVADOS
MÉXICO, 2005
AUTOR: AMERICO
rafaelreverte@hotmail.com
DEMOTHEOCRACIA
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Dedicatoria
Dedico esta serie de ensayos y tratados sobre Theocracia Científica a todos aquellos hermanos
y amigos que antes o después del fallecimiento del Sublime Hermano Mayor: José Manuel Estrada
Vázquez (1900-1982) están presentes en los objetivos que a él le inspiraban.
Ninguno somos realmente gente mala, sino que todos hemos sido movidos por las
circunstancias y el afecto.
Agradezco el amor de la que fue mi compañera de retiro, ya que sin su apoyo hubiera sido
imposible escribir parte del borrador de estos tomos.
Tengo presente a esos alumnos de los que habían de salir los pocos, pero oportunos e
inapreciables miembros con los que funde La Orden de Los Hermanos Menores, particularmente
aprecio a los Maestros Ascendidos y Hermanos Superiores que iluminan mi camino.
¡Gracias especialmente a mi Esposa que con su invaluable apoyo me ha permitido sentarme
ante la computadora para culminar lo comenzado en mi retiro!
¡¡Que el amor eterno te colme de bendiciones!!
Marzo del 2003
Con amor:
A M É R I C O
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PRÓLOGO
La historia, la política, el humanismo, la ecología, la sociología, la cibernética, la física, el
budismo, la yoga, etc.. Son una gama de conocimientos que en la época actual entran en una
integridad innegable para solucionar con madurez un Estado y un Gobierno Mundial a la altura de
las circunstancias. La humanidad se ha globalizado y en este proceso requerimos un gobierno
confederado de naciones y una jerarquía espiritual exteriorizada. Una historia para el presente con
todo el rigor científico pero también teológico y sobre todo aplicativo. O como diría el maestre de la
Ferriere: Un método de REALIZACIÓN.
Este es el objetivo ambicioso que se propone presentar ésta monumental obra en tres tomos. Y
que culmina con el sendero iniciático al alcance de la humanidad a través de una Asamblea
Iniciática que transmuta todo lo valores autènticos de los partidos políticos, parlamentos y
gobiernos tanto monárquicos como democráticos en el mundo, sin contradecirlos.
La física superior que da seguimiento a la física cuántica viene a reforzar el método científico
para convertirlo en theocientífico. Y luego, las tres leyes de la sociología establecen la estructura de
una democracia universal en el respeto fraternal de todas las naciones entre sí para finalmente,
establecer una " Conspiración de los iniciados ", entendiendo por iniciados al conjunto de sabios en
el mundo sin hacer diferencias de credo, religión, nivel social, raza o forma de pensamiento.
Que esta obra sea el cimiento para una nueva educación y reeducación de la humanidad como
ha sido el deseo de los sabios de todos los tiempos. Para retornar a los gobiernos theocráticos de la
antigüedad realizados como siempre, en un presente digno para cada ser humano y para el destino
mismo del planeta.
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PRIMER TRATADO
SÍNTESIS DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANISTAS
PRIMERA PARTE
HISTORIA POLÍTICA
SÍNTESIS Y COMENTARIOS DE HISTORIA DE LA OBRA: LAS IDEAS POLÍTICAS de
RAYMOND C. CETTELL
INTRODUCCIÓN
Si queremos aprender realmente de historia, lo mas apropiado, según los políticos
es una historia de las ideas políticas, porque en ella la historia se torna algo real dado
que la política siempre está presente. Para ellos es así porque La Política es una ciencia
práctica de humanidades, por lo que un buen historiador no deja de ser político.
Así que si pretendemos reconocer que la historia no es un tedioso estudio de
fechas y acontecimientos humanos sin sentido, donde solo encontramos malos
entendidos, guerra, ultraje y deshumanización. Entonces debemos dejar al descubierto
que la historia verdadera es una historia para el presente y toda otra historia no puede
ser objetiva.
Tomemos pues un buen libro de los miles que hay respecto a historia y política.
Un libro donde el autor se identifique o por lo menos se interese realmente por lo que
escribe. El libro de Raymond C. Cettell titulado “Historia de las Ideas Políticas” es
excelente pues maneja con gran respeto una extensa bibliografía referente a la Historia
Política clásica desde Grecia hasta la época contemporánea. Y esto es necesario
estudiarlo para satisfacer la mentalidad occidental que gusta de tener una referencia
escrita y razonable sobre lo que se le quiera explicar sobre theociencia Histórica de una
humanidad siempre eterna, donde la historia que no es para el presente es de poca
utilidad. De hecho los documentos históricos para nuestra razón son como documentos
oficiales firmados por la autoridad máxima de un país o una institución respetable. Así
que es muy recomendable no contravenir estas costumbres y esperanzas sino al
contrario valorarlas en lo que realmente son.
Nuestro objetivo no es hacer una historia copiada de un autor porque si
quisiéramos enterarnos de los detalles de un momento histórico particular, tomaríamos
uno de la cantidad interminable que están a nuestra disposición en diversas partes del
mundo o simplemente a través de otros investigadores o por medios electrónicos. De
lo que se trata es de establecer una síntesis antes de pasar una Matesis o Síntesis
Vivientes que le de consistencia a nuestro conocimiento y sobre todo a su práctica.
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ROMA
Sus instituciones, su sistema legal ejercen una influencia decisiva en la evolución
política, `y -durante largó tiempo, después- de su decadencia perdura como
concepción fundamental del Estado la que había desarrollado este pueblo.. En sus
orígenes Roma constituye una Ciudad-Estado formada por una serie de tribus que
vivían en las colinas vecinas. Se regía por la forma monárquica, y, además del rey,
existía un senado y una asamblea, En un principio, únicamente tenía participación en la
dirección política de los asuntos del Estado un grupo reducido de familias
aristocráticas, que formaban los patricios. Pero, en tiempo de los últimos reyes, los
plebeyos, o sea el resto de los ciudadanos, exigen una intervención en el gobierno, y a
esto se debe la formación de una nueva asamblea, los comitia centuriata, en la cual
tomaban parte, juntamente, patricios y plebeyos.
Lo mismo que en las ciudades griegas, Roma tiende, en sus primeros tiempos,
hacia una forma de gobierno más democrática. Por el año 500 (a. de J. C.) se establece
la república, con la expulsión del último rey.
Los plebeyos crean una asamblea propia, el concilium plebis, y eligen sus
representantes, siendo el tribuno, entre todos ellos, el de mayor importancia, quien
tenía el derecho de intervenir en beneficio del pueblo, oponiendo el veto a los
cónsules.
Al confundirse las dos clases, gradualmente, los órganos de los plebeyos se
fusionan en el gobierno de la ciudad. El Senado conserva su carácter aristocrático y se
compone de las personas que tienen un alto puesto en la administración. En teoría es,
simplemente, un cuerpo consultivo, en la práctica ejerce extensos poderes, puesto que
tiene en sus manos todo cuanto se refiere a la hacienda y a privilegios sociales y
políticos; y á través del control que desempeña en las relaciones internacionales, ve
ensanchar su actividad con el desarrollo del imperio.
La Ciudad-Estado es la forma típica de gobierno en el mundo helénico, hasta el
tiempo de Alejandro. Roma, en cambio, se encara con el Occidente, y entra en contacto
con pueblos débiles, a los que conquista y absorbe con facilidad, sus colonias
permanecen unidas a la metrópoli y consolidan y extienden su poderío. Como
resultado de este proceso, cesa el movimiento democrático de la ciudad, y se crea
poco a poco un sistema imperial de gobierno, a medida que crece la expansión
territorial de Roma, concentrándose el poder en un tipo político de autocracia.
La expansión de Roma comienza con la incorporación de los Estados italianos
vecinos. Solamente los ciudadanos que residen en la capital tienen participación en el
gobierno de Roma, pero los aliados disfrutan de la ciudadanía, aunque restringida.
En las guerras púnicas, Roma destruye a Cartago, su único rival en Occidente,
adquiere un fuerte poder naval y posesiones marítimas. Al terminar el siglo I (a. de J.
C.),...de hecho, todo el mundo civilizado occidental estaba incluido en una sola
organización política.
La forma de gobierno republicana de la Ciudad Estado que sobrevive en Roma, se
convierte en un despotismo militar, merced a los esfuerzos de Julio César y Augusto, en
tiempo de Cristo. Hasta llegar a retener, en manos del emperador, los poderes más
importantes de las magistraturas del Estado. Las asambleas del pueblo pierden su
papel en el desempeño de las principales funciones públicas.
Este proceso de unificación se completa, por último, con el reconocimiento del
latín como lengua oficial y la aplicación de un sistema general de derecho en el
Imperio.
Al final del siglo II (d. de J. C.) se extiende la ciudadanía romana a las provincias,
desaparece la Ciudad-Estado como fundamento del Imperio, y todos los miembros de
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la comunidad política se someten, bajo condiciones de igualdad, al gobierno del
emperador. Durante este período, la teoría que funda los poderes del emperador en la
voluntad del pueblo, sostenida en los primeros tiempos, cede el puesto a la idea de
que la autoridad imperial tiene un origen divino. Se llega a adorar, incluso, al
emperador como si fuera un dios. Más tarde, cuando el Cristianismo constituye la
religión del Estado, perdura esta doctrina en el sentido de que el emperador es un
agente de Dios en la tierra. De este modo, la,Ciudad-Estado democrática se transforma
en la autocracia del imperio universal, y partiendo de la concepción griega de la
democracia, libertad e independencia local, se llega al ideal romano del orden, la
unidad, el derecho universal y el cosmopolitismo. El imperio romano completa la obra
comenzada por Macedonia, al someter a los individuos de todas las naciones a un
mismo poder.
Los romanos separan y distinguen el Estado de los individuos. De todas maneras
la autoridad política procede, en último término, del pueblo considerado como una
comunidad. Los reyes de los primeros tiempos, los gobernantes republicanos, los
emperadores, por lo menos en teoría, recibieron su autoridad de los mismos
ciudadanos, fueron los agentes del pueblo y respondieron ante él del cumplimiento de
sus deberes. Ciertamente la voluntad del emperador tiene fuerza de ley, pero porque
encierra una delegación de la autoridad política del pueblo en su propia persona. Y
esta concepción general puede decirse que late, constantemente, en el fondo del
pensamiento político de Roma.
Entre las teorías jurídicas de Roma se encuentra la doctrina del pacto. Los
romanos, como los griegos, consideran al Estado como una institución natural que no
requiere en su existencia justificación alguna. Admiten la idea de un contrato
gubernamental para que la autoridad del pueblo pase a ser patrimonio, por medio de
una delegación, de los que dirigen el Estado. Pero, una vez elegidos los magistrados,
tienen completa autonomía dentro de su órbita legal, sin que el pueblo pueda
despojarles de los poderes que les ha concedido previamente. Entre los romanos no se
conoce el derecho de rebelión, de resistencia a los poderes públicos. Justifican con sus
ideas la existencia del gobierno autocrático. La formación de las leyes supone también
la fórmula de un contrato. En casi toda la historia de Roma, el planteamiento de nuevas
normas jurídicas implica un pacto entre los magistrados y el pueblo, en las asambleas
públicas, mediante la proposición o. iniciativa de los primeros y la aceptación o
negativa del conjunto de ciudadanos. La ley, según esto, no es un mandato, una orden
del soberano sobre sus súbditos, sino un pacto de los órganos constituyentes del
Estado, después de una negociación colectiva. Pero finalmente, la ley es la voluntad
del Estado. La política domina y se sobrepone a la religión. Las leyes son de carácter
civil y secular; los sacerdotes se convierten en agentes del Estado. Poco a poco se
forma la concepción del jus gentium y el jus naturale, y se amplía y racionaliza el
contenido de la ley.
En el siglo rv (d. de J. C.), cuando se separan y dividen las funciones
administrativas, en tiempo de la República, se concede la administración de justicia, en
materia civil, a un funcionario denominado pretor. Posteriormente, cuando los
emperadores conceden a los juristas la facultad de contestar a las consultas que se les
formulaba sus respuestas adquieren plena fuerza legal.
Llega a aceptarse que en las normas positivas y especiales de la ley se encierran
siempre los principios fundamentales del derecho abstracto, que se derivan de la
naturaleza, con el auxilio de la razón.
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Las ideas de los estoicos referentes a la fraternidad de todos los hombres y el
carácter universal del derecho, es aceptado.
La concepción del derecho natural pasa dé la jurisprudencia romana al
pensamiento de la Edad Media, englobada muchas veces con la doctrina de una ley
universal, grabada por Dios en el corazón de los hombres. El derecho canónico y la
organización de la Iglesia católico-romana tienen su fundamento en las ideas jurídicas
de Roma.
Al final de la Edad Media renacen los estudios del derecho romano pero ahora
como fundamento a la construcción jurídica de la soberanía del rey en el Estado
nacional. Entonces, se retoman las ideas de los estoicos, según las cuales todos los
hombres nacen libres y gozan de los mismos derechos, en un plano de igualdad, con
arreglo al derecho natural, para apoyar a los enemigos de la autoridad monárquica
para formular la teoría del contrato social y de los derechos naturales, como
antecedente de las revoluciones y de la democracia.
POLIBIO
Polibio (204-122 d. de J. C.) (1) fue uno de los hombres de Estado y emplea la
mayor parte de su vida en la realización de los viajes y en la selección de materiales
para su Historia de Roma.
Presenta Polibio una teoría del. origen del Estado, describe los diversos tipos de
gobierno y traza un ciclo natural en las transformaciones políticas. Su análisis de la
constitución de Roma le lleva a la conclusión de que Roma se libra de la crisis que
proporcionan, inevitablemente, las formas simples de Estado, mediante una combina-
ción de las distintas estructuras de gobierno, con el establecimiento de un sistema de
frenos y balanzas entre los distintos órganos políticos.
Las ideas políticas de Polibio se encuentran en su Historia de Roma,
especialmente en el libo VI. De los cuarenta libios que componen esta obra, solamente
se conservan íntegros los cinco primeros; los demás, en fragmentos.
Polibio sigue la clasificación griega de las formas de gobierno, distinguiendo
entre monarquía, aristocracia y democracia y subdividiendo estos tipos en formas
puras e impuras. Cada forma de gobierno tiene su precedente en una forma anterior,
de la cual es una mera consecuencia natural, de manera que todo tipo lleva dentro de sí
el germen de su misma corrupción política. En la monarquía se resume la forma más
antigua de autoridad, su poder radica en la fuerza y descansa en una colectividad
ligada por los vínculos del instinto natural. A medida que aparecen los conceptos de
justicia y moralidad y se siente gradualmente la necesidad del gobierno, el pueblo
obedece al monarca de una manera voluntaria y reflexiva, y se establece aquél, en
términos adecuados, bajo la forma de la realeza. Este tipo degenera en tiranía cuando
el monarca asume poderes arbitrarios y gobierna dominado por la injusticia. Se ponen
entonces a la cabeza de las conspiraciones las personas más ilustres y significadas,
quienes arrojan al tirano y establecen la aristocracia. Pero la aristocracia, a su vez,
llevada de su defecto capital, oprime al pueblo y se convierte en oligarquía. E1 pueblo
se levanta contra sus opresores, asume el poder, y durante cierto tiempo gobierna en
interés de todos, constituidos en democracia. Bajo su dominio nacen en seguida
discordias intestinas, crecen el descontento y la injusticia, y, como consecuencia, se
entroniza el imperio de la muchedumbre. Para contrarrestar los excesos de las masas
se apodera del poder un jefe audaz e intrépido, quien gobierna autocráticamenté y
recoge el fervor popular; el ciclo comienza su curso de nuevo.
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Para asegurar la estabilidad política y con el fin de evitar esas transformaciones
sucesivas, Polibio defiende una combinación de los elementos que integran las formas
anteriores.
En la constitución romana, los cónsules representan el principio monárquico, el
senado es de naturaleza aristocrática, y las asambleas populares, democráticas.
Cada uno de estos órganos, sin embargo, restringe y limita los poderes de los demás, y
ninguno puede actuar en la vida sin el concurso de todos. De este modo se crea un
sistema de frenos y balanzas, una forma de EQUILIBRIO POLÍTICO.
El reconocimiento de la importancia de este principio se encuentra ya perfilado
en los escritos de Platón y Aristóteles ; pero los pensadores griegos se deciden por la
forma de gobierno simple, con alguna modificación inspirada en el carácter de los
demás tipos.
Polibio es el primer escritor que expone con claridad las ventajas del gobierno
mixto y del principio de frenos y balanzas en la organización constitucional. El
egoísmo, en su opinión, constituye el principal motivo de la actividad humana, por esto
los estadistas deben considerar los intereses como fuerzas políticas naturales. La vida
política es una consecuencia del equilibrio que resulta de dichos intereses entre las
distintas clases sociales, y entre éstas y los individuos debe existir un control de
restricciones mutuas. Su posición guarda alguna semejanza con la sostenida más tarde
por Maquiavelo.
CICERÓN
Cicerón (106-43 antes de J. C.) se encuentra una exposición fiel y elocuente de las
concepciones romanas, con respecto a la naturaleza del Estado y de la ley. En su libro
De Republica, toma Cicerón por modelo a la Republica de Platón, incluso en la forma
dialogada, expone los principios abstractos y morales de la justicia y traza las normas
del Estado ideal.
Según Cicerón, el Estado es la consecuencia natural de los instintos sociales del
hombre. Cicerón sigue, en general, la concepción estoica del Estado, considerado como
una institución provechosa y natural, enfrente del punto de vista epicúreo, vinculado en
el carácter artificial del Estado, en cuanto creación y resultado del egoísmo de los
hombres. Se aparta, sin embargo, de los estoicos porque ve en el Estado una institución
política distinta de la sociedad, en general, porque señala, igualmente, una separación
entre el Estado y el gobierno, reservando la autoridad política suprema al pueblo
entendido como un todo, y considerando al gobierno como un agente de su voluntad.
Cicerón adopta la clasificación de Polibio sobre las formas de gobierno, Expone
el concepto de la ley natural. Afirmando que la ley legitima y verdadera se condensa en
el imperio de la razón recta, de conformidad con las normas de la naturaleza, eterna y
universal.
El tratado De Legibús constituye un complemento del libro De Republica.
Claramente se nota en dicho libro la influencia de Platón.
ASTUCIA ROMANA
En un principio, Roma se relaciona con los Estados vecinos en un plano de
igualdad; en los tratados posteriores se añaden ciertas cláusulas, de donde se deriva
una especie de vasallaje para exaltar y reconocer la posición suprema de Roma. Los
extranjeros disfrutan, en Roma, de un trato legal más liberal que en las ciudades
griegas, pero igualmente su política extranjera está guiada, astutamente, por su propio
interés.
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En su política exterior siembra la discordia entre los pueblos; y se pone de parte
del débil para vencer al poderoso, sometiendo, finalmente, a ambos al imperio de su
poder. En la vida, procura reservar sus propias fuerzas y recursos para servirse de sus
aliados, en todas las ocasiones favorables y aun, frecuentemente, apela a subterfugios
para evadir el cumplimiento de los tratados, practicando la injusticia bajo apariencias
de equidad. Roma sostiene relaciones con sus vecinos, en la guerra y en la paz. El
Imperio constituye, en la doctrina romana, el único Estado legal; de modo que desde
este punto de vista nacional carecen de existencia los demás Estados. El jus gentium se
aplica solamente a los pueblos aliados de Roma. Con las demás naciones no existen,
propiamente, relaciones jurídicas. Así que la expansión imperial de Roma se debió
tanto a la diplomacia y a la política como al empleo de la fuerza.
Grecia fracasa en sus esfuerzos hacia la unidad, las contiendas intestinas dentro
de las ciudades, y las guerras entre estas últimas, acarrean la pérdida de su
independencia política. Roma, en tanto, consigue la unidad de su población, en el
interior, somete al mundo occidental bajo su tutela, aplasta la libertad individual y
invierte a la ciudad republicana en un Imperio autocrático. Constituye una verdadera
obsesión el sostenimiento del statu quo.
La concepción griega sobre la libertad y el gobierno popular no podía aplicarse
más que a las pequeñas demarcaciones homogéneas. Este ideal tuvo, en todo
momento, un carácter exclusivo y esencialmente aristocrático. La obra de Roma fue
provechosa y necesaria antes de que apareciera la concepción democrática del Estado
nacional moderno. Había que destruir las rencillas locales y las ridículas distinciones
de clases, y era necesario llevar a la práctica los ideales de la fraternidad humana y de
la igualdad de los hombres ante la ley. Para que la libertad y la democracia pudieran
formularse sobre una base satisfactoria, había que borrar primeramente el
exclusivismo de los pueblos antiguos, revelado en palabras y expresiones como
“bárbaro” y “ pueblo elegido”, y el sistema universal de esclavitud. El carácter
cosmopolita del poder de Roma y la doctrina de los cristianos y los estoicos sobre la
fraternidad de los hombres constituyen el fundamento de las concepciones modernas y
forman el núcleo de las instituciones políticas en tiempo de la Revolución.
PENSAMIENTO POLÍTICO MEDIEVAL
El Cristianismo aparece cuando se reorganiza el mundo romano bajo una
monarquía; los individuo adquieren, en su doctrina, un valor supremo, y, siguen la
concepción estoica, proclama la igualdad de todo los hombres ante Dios.
A la terminación del siglo IV el cristianismo constituye la única religión legal en el
mundo romano. De este modo la potestad eclesiástica sanciona la autoridad del
emperador y se extiende la creencia en el sentido providencial del gobierno de Roma
sobre el mundo, por un mandato de la voluntad de Dios. Sólo se logra la salvación de
las almas por medio de la Iglesia. Durante un periodo de mil años se esclaviza a la
razón, se detiene el progreso científico y se persigue con dureza a cuantos disienten de
las creencias ortodoxas.
Dentro de los reinos bárbaros se reconoce a los obispos como dignatarios del
gobierno y aun, de hecho, dominan en algunas de las ciudades más importantes. Los
compromisos de carácter secular que pesan de este modo sobre la Iglesia, concentran
después la autoridad en la organización que rodea al obispo de Roma.
Sin embargo, la Iglesia permanece sometida al Estado, en el Imperio oriental, que
sobrevive a la avalancha de las invasiones; y dedicó todos sus esfuerzos a las especu-
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laciones filosóficas en torno de cuestiones intrincadas de teología, en lugar de
ocuparse en el problema práctico de transformar y gobernar a los bárbaros.
La creencia dogmática sobre la fundación de Roma por San Pedro como cabeza de
los apóstoles, sirve de fundamento doctrinal a la preeminencia del obispo romano,
considerado como su sucesor apostólico.
En este proceso se unen y amalgaman dos concepciones útiles: La creencia en la
ordenación divina y eterna del Imperio romano y la idea cristiana sobre el carácter
universal del reino de Cristo, como gobierno del mundo. Y ambas direcciones
conducen a la organización espiritual de un Imperio mundial, encarnado en la
potestad del Papa y en el sistema jerárquico de la Iglesia.
Cuando se traslada la corte imperial desde Roma a Constantinopla, queda libre de
toda sombra de autoridad el obispo romano. Y aquí comienza a escribirse una nueva
historia, la de Europa, desde que los reyes lombardos encuentran la oposición resuelta
del Papa cuando pretenden incorporar a sus dominios la ciudad de Roma; y sintiéndose
débil el pontífice frente a los invasores, reclama, en nombre de San Pedro, el auxilio de
los guerreros francos, que habían adoptado el Cristianismo y celebrado un acuerdo
con aquél. El poderoso major domus de los francos, Carlos Martel, y después su hijo
Pipino, acuden al llamamiento, arrojan a los lombardos de las tierras que ocupaban,
conquistan el antiguo territorio del emperador oriental, en Italia, y se lo ceden al Papa.
El Papa se convierte, por este hecho, no sólo en la práctica sino en la legalidad, en un
titular del poder político. En pagó de estos beneficios, el Papa legitima y sanciona la
usurpación de Pipino como rey de los francos; le confirma en su preeminencia, y
cuando se extiende el reino de éstos sobre una parte considerable de la Europa
occidental, corona a Carlomagno, hijo de aquél, como emperador romano. Así se
establece el Imperio medieval en el año 800 (d. de J. C.) y empieza la relación entre la
Iglesia y el Estado, que ha de constituir, durante siglos, la preocupación fundamental
del pensamiento político.
En el siglo XI un concilio eclesiástico ordena la elección del Papa por un colegio
de cardenales.
Los Santos Padres ven en el gobierno una consecuencia del pecado, desde la
inocencia primitiva; anterior a la caída del hombre, a su condición depravada que hace
necesario e inminente el imperio de la autoridad. De modo que el gobierno es un mal
necesario que el pueblo debe soportar como esclavo y cuyo único consuelo son los
pastores de la Iglesia cristiana. Quienes adquieren poder y propiedades, al mismo
tiempo que desarrollan un sistema teológico, donde la Iglesia, desde entonces, tiene
derechos y dignidades como los del Imperio.
Los escritos de San Ambrosio de Milán, San Agustín y San Gregorio Magno
señalan este proceso doctrinal desde la terminación del siglo VI al IX. Se desconocía la
obra de los antiguos escritores paganos, y la única fuente de la teología, la historia y el
derecho se condensaba en la Biblia y en los escritos de los Santos Padres,
especialmente Gregorio Magno.
SAN AGUSTÍN
San Agustín (354-430 d. de J. C.) obispo de Hipona, escribe La Ciudad de Dios.
Torna los ojos de la tierra, a la ciudad espiritual. Significó con este término, no
solamente el Cielo, eterna morada adonde se dirigen las esperanzas de los cristianos,
sino su copia e imagen terrena, en la sociedad de los verdaderos, creyentes. La Iglesia,
según esto, es la Ciudad de Dios. Justifica la esclavitud como un reflejo de la caída del
hombre; la necesidad de las instituciones sociales es una consecuencia de este hecho.
La esclavitud constituye, a la vez, por esto, un remedio social y un castigo de Dios, por
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el pecado del hombre. Sostiene el origen divino del Estado. El gobernante representa
la voluntad de Dios en la tierra y, como tal, aparece realzado con la obediencia de sus
súbditos. San Agustín concibe la Ciudad de Dios como una Iglesia-Estado cristianizada,
con exclusión de los infieles, poniendo el poder supremo del Estado en manos de las
autoridades de la jerarquía eclesiástica. Levanta frente a la decadencia del mundo
romano, la eterna comunidad de Dios.
LOS PUEBLOS TEUTÓNICOS
La invasión teutónica que destruyó el imperio, no solamente aporta la
entronización de un pueblo nuevo, vigoroso y sano en la decadente población romana,
sino ciertas ideas e instituciones políticas completamente diferentes de las que
predominaban en el mundo romano. Este pueblo joven subraya el valor de la inde-
pendencia personal y pone de relieve la importancia del individuo, en relación con el
Estado. Se manifiesta este espíritu en el orgullo individual del guerrero. Igualmente se
testimonia en la concepción de la justicia penal, donde por ejemplo, la autoridad
pública no castiga al delincuente sino que la persona lesionada es quien castiga al
malhechor.
Ocurre entonces que allí, en vez del Estado, es el individuo el que constituye la
unidad de la vida política.
Ellos contribuyen a transmitir la doctrina de la libertad individual y de los
derechos individuales en el mundo moderno. Ya en el siglo XIII, la Carta Magna, en
Inglaterra, representa la realización de las ideas de la libertad civil.
Los teutones poseen primeramente asambleas populares de dos tipos: Existía
una asamblea nacional, compuesta por todos los hombres libres de la tribu, que tenía
a su cargo la elección de los jefes, la decisión de proposiciones de interés sometidas a
su aprobación o. Negativa y, en ocasiones, la facultad de actuar como tribunal en
controversias de importancia. Esta asamblea desaparece, sin embargo, tan pronto
como los pueblos teutónicos se concentran en monarquías centralizadas. Como
complemento, existían en los cantones asambleas locales representativas que
resolvían cuestiones de carácter local y servían sobre todo de organismos judiciales.
Perduran estas asambleas, en el Continente, hasta la terminación de la Edad Media,
cuando se introduce un nuevo sistema judicial merced al renacimiento del derecho
romano. Estas asambleas constituyen, en Inglaterra, el modelo para la Cámara de los
Comunes, proyectando el principio representativo local en la organización legislativa
nacional. Se introduce, de este modo, una fórmula de gobierno que coordina el poder
central con la autonomía local, y permite el control popular a través de grandes
extensiones territoriales. Acaso con la excepción del sistema federal, que encierra una
concepción parecida, no existe en la organización gubernamental y en los tiempos
conocidos, un principio tan importante como éste.
Entre las primitivas tribus teutónicas, los hombres libres eligen al rey. Pero este
principio de la elección tiende a convertirse en un proceso hereditario, sobre todo
cuando los reyes reciben el poder después de la conquista. En Germanía, el principio
electivo continúa en vigor; se elige al emperador, a través de los siglos, mediante la
intervención de un cuerpo de electores. En Inglaterra es hereditaria la monarquía ;
pero subsiste la concepción según la cual la autoridad real se vincula en el pueblo,
últimamente; y se ejerce, en la práctica, el derecho de destronar a un rey cuando no
cumpla con acierto los deberes de su cargo. Finalmente, el pueblo, por medio de sus
representantes, tiene el derecho de conferir el trono a una persona determinada, de
cuya doctrina se encuentran ejemplos en la revolución de 1688 y en la accesión de la
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Casa de Hannover, convirtiéndose de hecho en una república la monarquía nominal. El
principio teutónico de la monarquía electiva contribuye, de este modo, a la teoría
moderna del régimen constitucional.
Para los teutónicos el derecho forma parte de su personalidad, y las acompaña
adondequiera que fueren, sin que sufra cambio alguno en su esencia y sin que puedan
abandonarle. Frente a la concepción territorial del derecho romano, aplicable a todas
las personas del Imperio, el derecho germánico se asienta sobre una base personal; y,
por esto, cada hombre goza de la salvaguardia de su propio estatuto legal. Como con-
secuencia de este principio, la población romana continúa rigiéndose por su propio
sistema jurídico, después de la invasión, y esta proximidad legal obligó a los
gobernantes y jueces germánicos al conocimiento de sus normas y prescripciones. Las
concepciones romanas influyen, por esto, en el sistema legal germánico, y aparecen,
como consecuencia, pocas generaciones después, compilaciones de derecho
germánico, escritas en latín por eruditos romanos.
Los pueblos germánicos aceptan, por último, la realidad del Sacro Romano
Imperio, pero a pesar de todo, las características peculiares de sus instituciones, en
relación con el pensamiento político, no se perdieron enteramente; estas condiciones
perduran, en Inglaterra especialmente.
EL FEUDALISMO
El Imperio de Carlomagno se desmiembra rápidamente después de su muerte.
Los funcionarios locales y los grandes propietarios de tierras hacen una ley de su
propia voluntad, para sostener el orden social, en medio de la anarquía, se cultivan las
relaciones personales que se establecen entre los hombres, a través de un sistema de
dependencia territorial, asociado, en la práctica, a la autoridad política. Los
campesinos se ponían bajo la protección de los señores territoriales, quedando, en
cambio, ligados al suelo y sujetos al cumplimiento de determinadas obligaciones. Los
guerreros se agrupaban, como amigos y servidores, en torno de algún jefe prestigioso.
Los reyes y nobles concedían las tierras a sus servidores, mediante la obligación de
sujetarse a ciertos servicios, especialmente militares. La. Iglesia siguió también este
sistema, estableciéndose una serie compleja de relaciones personales y locales
basadas en la tenencia de la tierra. Así, el feudalismo, por su propia naturaleza,
encierra una relación de índole personal, privada y apolítica. La ley se identifica, en un
principio, con la costumbre, como un aspecto de la vida local o nacional, La ley no
significa, entonces, el mandato del legislador o la voluntad de la comunidad. La obra
legislativa implica solamente la promulgación de una norma, cuya fuerza obligatoria
era reconocida.
Los partidarios del Imperio, avasallando a la Iglesia, convertían al Estado en una
Iglesia; los partidarios del Papado, esclavizando al Estado, hacían de la Iglesia otro
Estado.
Con el florecimiento de las ciudades italianas, se puso de actualidad la obra
jurídica de Jústiniano y comenzó en la Universidad de Bolonia el estudio del derecho
romano, que pasa más tarde a Francia y España.
Y muy lentamente la autoridad política va cayendo en manos de los reyes de las
nacientes nacionalidades.
SANTO TOMÁS DE AQUINO
Santo Tomás de Aquino (1227-1274) pretendió armonizar la razón con la
revelación y las doctrinas de la Iglesia con la filosofía racionalista del paganismo, cuyo
conocimiento había llegado con la resurrección de la obra
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Muestra en su obra un agudo sentido histórico y en muchos aspectos, sus puntos
de vista son verdaderamente avanzados.
Santo Tomás define la ley como « una ordenación de la razón para el bienestar
común, promulgada por quien tiene a su cargo el gobierno de la comunidad. Descubre
la participación de la voluntad en la expresión de la ley, e introduce la idea de la ley
positiva, o sea de las reglas formuladas, de una manera actual, por el poder soberano
del Estado. En su esencia, sin embargo,. Santo Tomás consideró a la ley como algo
natural, inmutable y universal; la ley positiva hecha por el hombre degenera en una
corrupción legal, cuando se opone a los principios fundamentales de la justicia. El
renacimiento del estudio del derecho romano produjo un movimiento de reverencia
hacia la ley natural, que no pueden desconocer el Papa ni el emperador.
Contribuyendo así a la creación de un sistema de reglas de equidad para la regulación
de las relaciones entre los Estados. Santo Tomás identifica la ley natural con la voluntad
divina, aunque reconozca la esfera de la razón como un campo distinto de la revelación
propiamente dicha.
Establece el reino de extensión considerable, como tipo de Estado más útil y
conveniente para la humanidad. Prefiere la monarquía a la democracia, porque esta
última es una fuente de disensiones internas, y porque el gobierno tiene que
concentrarse en una sola persona a la manera como el corazón rige al cuerpo y Dios al
Universo. Sostuvo la tesis de que el tirano merece la destitución, por lo menos en las
monarquías electivas.
Se formaron varios planes para recuperar la Tierra Santa y establecer la paz en
Europa, bajo la hegemonía francesa, acusando a los Papas de no haber realizado estos
propósitos por la desunión de la cristiandad y la debilidad de su fuerza.
DANTE
El expositor más lógico y sistemático de la teoría que viene en apoyo del Imperio,
es Dante Alighieri (1265-1321). Dante adquirió una experiencia considerable en la vida
política de su propia ciudad (Florencia). En sus viajes a través de las ciudades, y de
corte en corte, durante un largo destierro, fue recogiendo, en su espíritu, una suma
inestimable de observaciones y conocimientos. Le interesó, sobre todo, la restauración
política de la unidad italiana; su obra De Monarchia (aparecida alrededor de 1310) es
un escrito gibelino dirigido contra el partido de los güelfos, que abogaban por el Papa.
Como muchos pensadores medievales, Dante creía que el hombre debe vivir bajo un
gobierno universal, fuese del Papa o del emperador; pero que era preferible la
autoridad del Imperio en los negocios seculares. Aunque su ideal del Imperio universal
y su método de investigación, mezclando la filosofía clásica, la historia, el derecho civil,
el derecho canónico, la teología y los mitos señalan, al momento; su carácter medieval,
su doctrina de que el Estado existe para utilidad de los individuos y que éstos deben
tener participación en su funcionamiento, revela, no obstante, la presencia de ideas
fundamentalmente modernas.
Dante defiende la monarquía como la forma de gobierno más justa, porque si los
intereses del hombre demandan y exigen la paz bajo el gobierno de uno solo, que sea,
en la tierra, como el espejo e imagen de Dios. «Las ciudades, las naciones y los reinos
deben regirse por un poder común a todos ellos, para el sostenimiento de la paz.» El
emperador, en vez de un déspota universal, tiene que ser una especie de árbitro en los
asuntos internacionales y mantener la paz entre ellos.
La independencia de las naciones y la libertad individual tenían que estar con-
dicionadas por los límites del Estado universal. El monarca universal tiene que obrar,
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necesariamente, siguiendo los dictados de la justicia. Su tipo de monarca fue el hombre
de Estado providencial. Dante añade que la paz perfecta existió únicamente bajo los
emperadores romanos; que la destrucción de la unidad romana fue seguida por la
anarquía y la confusión, y que era esencial, por consiguiente, la restauración de un
poder universal.
Dante sostiene que estando compuesta de dos elementos la naturaleza humana,
necesita, también, dos guías, el Papa y el emperador. Ambas potestades reciben su
autoridad de Dios; pero el poder del emperador es supremo en todas las cosas que
pertenecen al gobierno del mundo. Ambas potestades tienen su esfera de actuación y
competencia, perfectamente distintas y separadas. El Papa no tiene derecho a ejercer
su autoridad en la esfera del poder del emperador.
MARCILIO
El tratado político más importante y original de la Edad Media es para muchos el
libro Defensor Pacis de Marsilio de Padua (1270-1340).
Sostuvo Marsilio que el fin principal del Estado es el bienestar del pueblo; que la
actividad esencial del Estado se concreta en la formación de la ley; que el conjunto de
todos los ciudadanos constituye la fuente suprema de la ley y que el gobierno tiene que
estar regido por un número determinado de personas, elegidas por el pueblo y
responsables ante el mismo. Que la mejor forma de gobierno, quizá, es la monarquía
electiva. Pero el rey no tiene más atribuciones que la facultad de aplicar e interpretar
las leyes; el rey no puede hacer nunca las leyes; su voluntad tiene límites jurídicos en
todas las direcciones de la vida.
Marsilio abogó por que la Iglesia se organizara, también, bajo un sistema
democrático, y que la autoridad final y suprema residiera en el concilio general,
compuesto, a1 mismo tiempo, de delegados eclesiásticos y representantes seculares.
La elección del Papa se haría por el pueblo, presente en el concilio, quien podría
incluso destituirle de su alta potestad. La actividad de la Iglesia estaría limitada, no
obstante, a los asuntos meramente espirituales. Pero por otra parte, en vez de
establecer que la autoridad del pueblo se limite a los asuntos materiales, Marsilio pone
la autoridad del pueblo por sobre la de la iglesia y pretende que la autoridad civil
convocaría los concilios y llevaría a efecto el cumplimiento de las penas espirituales.
Los clérigos forman parte del Estado, y tienen que gozar de la misma consideración
qué los demás ciudadanos, sin disfrutar de exención alguna motivada por su carácter
religioso. Marsilio coloca al Papa en un plano de igualdad con referencia a los demás
obispos, aunque le conceda cierta preeminencia en dignidad, y subordina la
organización eclesiástica a la autoridad del Estado.
Rebelde a todo orden espiritual, sustituye la jerarquía eclesiástica por la
comunidad de creyentes, y da todo el reconocimiento al pueblo como fuente suprema
del poder soberano.
GUILLERMO DE OCCAM
Guillermo de Occam (1280-1347) establece ciertas limitaciones al poder del
emperador, y prescribe que su autoridad debe regirse por la ley común a todas las
naciones.
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FINAL DE LA EDAD MEDIA
La guerra, de los Cien años, la guerra de las Rosas, el uso dé la pólvora, el
establecimiento de los tributos nacionales, el desarrollo progresivo de los ejércitos,
fortificaron. el poder de los reyes a expensas de los grandes nobles.
En Inglaterra en el siglo XIII, la Magna Carta recoge las libertades del pueblo y se
organiza el Parlamento como un freno frente a la arbitrariedad monárquica.
Únicamente en Inglaterra se produce el fenómeno histórico de un Parlamento medieval
que perdura hasta los tiempos modernos. Inglaterra es, también, el único Estado que
sale de la Edad Media con un derecho nacional perfectamente definido.
En Francia, los nobles fueron los más fuertes, y el rey tuvo que formar un gobierno
nacional, con ayuda de las ciudades y el pueblo.
A1 terminar el siglo XV, los monarcas españoles concluyen sus luchas con el
mahometismo, tras de varios siglos de lucha con los invasores y entre ellos mismos, y
forman, por fin, un reino único con un gobierno centralizado y un poder real, fuerte y
poderoso.
Italia y Germania se separan, por el creciente espíritu nacional de cada una,
haciendo imposible la unidad del antiguo Sacro Romano Imperio. Pero ninguno de
estos países logra establecer un fuerte gobierno nacional. El comercio recibió un duro
golpe con las invasiones bárbaras, aunque recobro un nuevo esplendor en la época de
las Cruzadas. Las ciudades comerciales de Italia, Venecia y Génova, especialmente,
deben su esplendor a estas relaciones mercantiles con los productos de Oriente y del
Norte de Europa. Muy al final de la Edad Media, el proyecto de abrir una nueva ruta a
la India y las ambiciones de los nuevos Estados occidentales de Europa en el comercio
de Oriente, preparan el descubrimiento de América y la esplendorosa perspectiva de
la actividad colonial y comercial del siglo XVI. El centro del mundo se ha desviado
desde el Mediterráneo al Atlántico.
El uso creciente de la moneda y el enriquecimiento de las clases mercantiles
disminuyen la importancia de la tierra como única fuente de bienestar. Los habitantes
de la ciudad, a través de las universidades, fomentan la enseñanza, que era, en otro
tiempo, un monopolio de la Iglesia. Los burgueses, como poseedores de la riqueza y
depositarios de la cultura, obligan a la nobleza y al clero al reconocimiento de su
influencia en la dirección de los asuntos públicos.
La prolongada residencia del Papa en Avignon, bajo la tutela francesa, motivó la
elección de otro Papa rival y contrario, siendo pródigo en consecuencias, el Gran
Cisma que siguió a aquel hecho. Por otra parte, los gastos exorbitantes de Avignon y la
existencia de dos cortes en el pontificado produjeron un aumento en el gravoso sistema
de la tributación. Se reúnen diferentes concilios y durante cincuenta años se mantiene
una lucha enconada entre los que apoyan una organización monárquica, a base del
pontífice, en la Iglesia, y los que sostienen el sistema representativo, mediante la exis-
tencia del concilio general. Aunque el Papa resultara victorioso, finalmente, no hay
duda que padeció, con esas luchas, el prestigio de su poder, y que decayó, en alto
grado, su influencia en los asuntos europeos. Hasta la Reforma protestante no vuelven
su atención al problema de la reorganización de la Iglesia.
Las tendencias del último período de la Edad Media se reflejan en los escritos de
Juan Wyclif (1320-1384) y Juan Huss (1369-1415) y en los movimientos nacionales y
democráticos contra el Papa, que fueron una consecuencia de sus doctrinas. Según
ellos el Estado puede ejercer su control sobre sus propios asuntos. Wyclif propuso una
Iglesia nacional dentro de un Estado nacional, tal como quiso Enrique VIII más tarde.
Además sostiene que la mejor, en teoría, es la aristocracia. Expuso una serie de argu-
mentos a favor y en contra le los principios de la herencia y la elección. Las doctrinas
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de Wyclif encontraron un continuador en la persona de Juan Huss, rector de la
Universidad de Praga.
Las aspiraciones comunistas, con carácter económico y religioso a la vez, aparecen
en diferentes puntos de Europa, en el siglo XIV.
Ea las controversias del período conciliar, se considera a la Iglesia como una
sociedad humana, semejante en naturaleza y organización a las demás sociedades. En
consonancia con esta idea, los principios generales que sirvieron para reemplazar la
autoridad del Papa por un concilio representativo de la Iglesia, son los mismos que
contribuyen a traspasar el poder de los reyes a las asambleas representativas de
los Parlamentos. Se ha considerado al decreto del concilio de Constanza (1414-1417)
que afirma su superioridad sobre el Papa, como el documento oficial más
revolucionario en la historia del mundo.
La bancarrota del movimiento conciliar señala el comienzo de la Edad moderna.
Cuando se hizo imposible el anhelo de mantener los principios democráticos y los
planes de reforma en el seno de la Iglesia, quedó preparado el camino para el
entronizamiento de las monarquías de derecho divino que adoptaron las doctrinas de
Maquiavelo, para los trabajos de Lutero y sus adeptos y la consiguiente difusión de las
diversas sectas protestantes en una gran extensión de la cristiandad y para la
iniciación, por último, de la reacción y los esfuerzos de Loyola en la organización de la
Iglesia.
Gerson Juan Gerson (1363-1429), apoyó un sistema de monarquía limitada en la
organización eclesiástica y sostuvo que la mejor forma, tanto para la Iglesia como para
el Estado, se condensaba en una combinación de elementos monárquicos,
aristocráticos y democráticos. Nicolás de Cusa (1401-1464) defendió, en la época del
concilio de Basilea (1431-1449), ideas más radicales y democráticas. Consideró al
universo como un organismo o conjunto armónico de partes, estrechamente relacionadas
entre sí. Del mismo modo, la Iglesia y el Estado están compuestos de varios órganos,
cada uno de los cuales tiene funciones definidas y concretas, pudiendo aplicarse
idénticos principios a la sociedad política y a la organización eclesiástica. Consideraba
al concilio o asamblea representativa como el órgano central de la Iglesia y el
Estado, radicando la fuerza de su autoridad en el consentimiento de todo el pueblo. A1
sostener que todos los hombres son libres e iguales, por naturaleza, hallaba el origen
de la autoridad y de la ley en el mismo pueblo. Sujetaba, sin embargo, toda autoridad
bajo el gobierno del pueblo, pues los reyes y obispos son simples administradores de
los intereses del pueblo, y forman, en unión de éste, la organización natural de la
sociedad. Por otra parte de manera paradójica a lo sostenido, el derecho es de origen
divino, porque nace del consentimiento de los hombres, y los hombres son una
creación de Dios. Eneas Silvio (1405-1464), presenta una semblanza histórica de las
vicisitudes del hombre, desde el estado original de su naturaleza. Cuando el hombre
fué arrojado dei Paraíso se vió obligado a vivir como las bestias, pero al descubrir el
valor de la asociación, creó, deliberadamente, la sociedad política. La infracción de los
derechos y el advenimiento de una tiranía en el cuerpo social dieron origen a la
concesión de la autoridad a algunos de los más fuertes o virtuosos. De esta manera
nace la monarquía. Pero cuando el rey se convierte en tirano es depuesto por los
mismos que lo elevaron al trono.
La doctrina del MOVIMIENTO CONCILIAR en realidad, aspiraba a convertir la
Iglesia en un organismo constitucional, teniendo por base el consentimiento del pueblo.
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La doctrina de la personalidad colectiva de las distintas organizaciones, dentro
del Estado, formulada por primera vez en este período, ha servido para construir la
teoría pluralista de la soberanía.
MAQUIAVELO
Se establecen. claramente las distinciones nacionales ; los diversos Estados,
seculares por naturaleza, se ponen en pie bajo la dirección de monarcas poderosos,
que reducen a la impotencia los restos de las asambleas feudales. Fueron frecuentes y
comunes las conspiraciones, los asesinatos, las prisiones y los destierros. La sangre
fría.
Nicolás Maquiavelo (1469-1527) desempeñó un papel activo en la compleja vida
política de Italia; Le sedujo el espíritu del Renacimiento clásico, con su ímpetu de
liberalidad y su actitud pagana en los problemas éticos y religiosos.
Las ideas políticas de Maquiavelo se encuentran, principalmente, en El Principe
(1513) y en los Discursos sobre Tito Livio. Para Maquiavelo, el único método aceptable,
en materias políticas, es el histórico, o sea la manera de enfocar los problemas del
presente, y aun del porvenir, a la luz de los hechos del pasado. Y buscaba en los
recuerdos de la historia una comprobación de las tesis y conclusiones que había
formulado con anterioridad. Le seducía en más alto grado la práctica de la política que
las cuestiones filosóficas; la maquinaria del gobierno, las fuerzas directivas que
informaban su actuación, le interesaban más que la naturaleza del Estado. Maquiavelo
fue el primer pensador realista en cuestiones políticas. Consideraba al Estado como
un fin en sí mismo. La existencia y conservación del Estado están por encima de las
acciones privadas de los individuos. Separa la política de la ética, llegando incluso a la
paradoja y al escándalo. Estableció, francamente, la subordinación de los principios
éticos al bienestar público y a las necesidades del Estado. El Estado es una institución
humana y la Iglesia uno de los factores que tiene que pesar el gobernante para señalar
el camino de su política. La seguridad y la preponderancia del Estado son los fines
supremos y permanentes; todas las demás consideraciones tienen que subordinarse al
cumplimiento de estos postulados. En sus aspiraciones hacia la unidad de Italia, se
opone, naturalmente, al Papado por parecerle uno de los mayores obstáculos para
conseguir la unificación. Justifica todos los medios que sirvan para libertar a Italia de
todos sus invasores. En vez de formular una teoría del Estado, Maquiavelo establece
una doctrina que conduce a la defensa y conservación del Estado.
Savonarola había intentado gobernar a Florencia a través de su influencia moral y
fracasó en su experimento. Maquiavelo vió en esta desilusión de Savonarola como la
quiebra del idealismo abstracto, inadecuado para resistir las pasiones del mundo; y
dedujo entonces la conclusión de que la fortaleza del Estado reside en la fuerza y la
habilidad de los gobernantes. El arte de la política se funda en razones de egoísmo,
según atestiguan la historia y la experiencia de los tiempos. Hallaba la explicación del
amor a la independencia y del principio del self-government en un individualismo
materialista y juzgaba que la prosperidad material era el factor más importante y
decisivo de toda acción política. No hizo una aprobación terminante del dolo y la
traición, pero llegó a justificar, en la conservación del poder, procedimientos
semejantes a los medios y formas con que se había adquirido. Maquiavelo encomia y
admira la fuerza y la eficacia como atributos del gobernante, y desprecia y critica, por
el contrario, a cualquier política vacilante o escrupulosa en sus procedimientos que
ponga en peligro la independencia del Estado o la posición suprema de sus
instituciones preponderantes. La diversidad en las condiciones sociales requiere
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también una diversidad en las formas de la organización política. Cuando la igualdad
económica prevalece entre los hombres, es respetable y beneficiosa la existencia de una
forma democrática de gobierno; y Maquiavelo atestigua una fervorosa apreciación de
las instituciones populares de gobierno, cuando se producen en condiciones
adecuadas e idóneas. Admira las repúblicas del tipo de Esparta, Roma y Venecia, pero
a base de un inteligente y agudo espíritu público en la comunidad de ciudadanos.
Rechaza a la aristocracia, especialmente si se funda en la propiedad territorial, por
considerarla semillero de luchas entre las distintas fracciones políticas. Exterioriza sus
simpatías por el gobierno mixto y se declara a favor de LA MONARQUÍA ELECTIVA,
de acuerdo con las circunstancias de su tiempo.
En El Príncipe expone una serie de reglas prácticas para que el gobernante
pueda conservar su posición privilegiada, triunfe, aun mediante el engaño, de sus
rivales, y detenga, en todo instante, los amagos de revolución. Presta una atención
considerable al problema de la expansión territorial del Estado y el dominio de los
monarcas. El Estado, según Maquiavelo, tiene esta disyuntiva: perecer o extender sus
dominios; y en este sentido consideraba digno de imitación el ejemplo de Roma. La
fuerza física, la astucia, la habilidad, especialmente estas últimas, constituyen las bases
esenciales para el engrandecimiento político.
Maquiavelo se opuso a la idea del derecho natural, admitida generalmente, y
puso, en su lugar, la concepción de la ley como una norma positiva, creada por el
soberano y amparada por la fuerza física. Formuló, con claridad, la distinción entre
moral privada y moral pública, separación que perdura en las prácticas políticas y en
las relaciones internacionales. Sus argumentos en favor de la conquista y de la
expansión territorial han ejercido una profunda influencia en las contiendas coloniales
e internacionales de los Estados europeos; y sus máximas de política práctica fueron
aprovechadas por los monarcas y los diplomáticos.
LA REFORMA: LUTERO
Es natural que la Reforma comenzara en Germanía, donde el orgullo teutónico de
la independencia personal y la actitud mística y contemplativa del espíritu fueron más
pronunciados, como una rebelión frente a los abusos y usurpaciones de la jerarquía
eclesiástica.
Mientras la mayor parte de Europa concentraba todo su interés en los nuevos
descubrimientos geográficos, en busca de la riqueza y de la conquista de un imperio,
un monje alemán emplea en las discusiones teológicas la lógica dé los Humanistas, los
métodos de Wyclif y Huss, y divide, por último, a Europa en dos campos religiosos,
enconados y rivales, produciendo enormes consecuencias en las relaciones políticas e
internacionales. Las ideas políticas de Lutero se encierran, sobre todo, en su Libertad
de hombre cristiano.
Lutero coloca el poder civil sobre el sistema eclesiástico y encuentra la fuente
suprema de la autoridad eclesiástica, no en el Papa, sino en el concilio general. Ataca
a la jerarquía de la Iglesia y al cuerpo legal del derecho canónico, como instrumentos y
artificios de que se ha valido aquélla, fuera de las Escrituras, para adquirir riquezas y
alcanzar una preeminencia temporal.
Lutero no simpatizó con la idea de igualdad. Sostenía, por el contrario, la
necesidad de la desigualdad jerárquica en el estado civil. Por otra parte, los
excesos de algunas sectas fanáticas que nacieron a la sombra del movimiento
protestante, incitan a Lutero a la modificación de su tesis primitiva de la abstención del
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Estado en materias de fe, hasta el punto de permitir que la autoridad política fijara los
límites de la tolerancia y llegara a emplear, incluso la fuerza, en la destrucción de las
herejías. La aversión que sintió Lutero por el ideal monástico le lleva al menosprecio de
la pobreza y al encomio del bienestar material. Rechaza que, fuera del Estado, pueda
existir algún grupo social. La doctrina feudal de la comunidad de comunidades se
reemplaza por la concepción moderna de los Estados centralizados y soberanos.
Con todo esto contribuyó a consolidar el despotismo, a pesar de sus entusiasmos por la
libertad individual. Consideró al Estado como una institución sagrada. El
gobernante es responsable, únicamente, ante Dios. La Reforma sustituye, en la
conciencia pública, la autoridad de la Iglesia por la autoridad del Estado. La
supremacía del derecho territorial sobre todos los individuos, incluso los clérigos,
dentro de sus límites, se afirma, ahora, con caracteres universales. Con su doctrina
sobre la interpretación literal de las Sagradas Escrituras, señala los textos relativos a la
negación del derecho de resistencia frente a los gobiernos y ofrece un apoyo a los
escritores monárquicos durante varios siglos. Y al considerar sagrado al Estado,
prepara el camino para la exaltación del mismo, en las teorías posteriores de Hegel y
de los recientes tratadistas alemanes.
La doctrina de Lutero sobre el predominio de la conciencia individual
encerraba en el fondo un principio de desintegración social.
Calvino intentó poner en práctica sus ideas gubernamentales, teocráticas y
aristocráticas, en Ginebra, donde vivió después de su expulsión de Francia y en donde
tuvo, virtualmente, poderes de dictador. El fundamento de la ley descansaba en un
rígido código de moral; se presentó a la vida bajo una forma ascética, con severas
penalidades. Llegándose, incluso, a extender a la herejía, la pena de muerte. Las
doctrinas de Calvino gozaron de mayor difusión que las ideas de los demás
reformadores. En Francia, Holanda, Escocia e Inglaterra se siguieron las tendencias de
Calvino.
Y aunque las doctrinas de Lutéro encerraran un verdadero amor por la libertad,
condujeron, en la práctica, al fomento del despotismo. Calvino fundó sus doctrinas en
el orden y la autoridad, fuera de toda concepción de la libertad individual; pero, a
través de sus prosélitos, llegan a relacionarse con la democracia y la libertad de los
tiempos modernos. La autoridad monárquica está sujeta a determinadas restricciones,
y tanto los gobernantes como los súbditos están sujetos a la ley como suprema.
ASOCIACIONES RELIGIOSAS COMUNISTAS
Desde sus orígenes se relaciona el Cristianismo con las ideas socialistas. Mantiene
la igualdad de todos los hombres y concede un alto valor espiritual a los votos de
pobreza. Diferentes sectas heréticas incluyen, entre sus creencias, la propiedad en
común. Es el caso de los Waldenses en el siglo XII, y los Apostólicos en el XIII. Las
rebeliones de los campesinos en Inglaterra y Bohemia, en el siglo XIV, son
básicamente democráticos y socialistas. Desde el siglo XII en adelante, las sectas
comunistas se componen, principalmente, de tejedores. El movimiento comunista se
extiende de Bohemia a Germania, donde se explotaba a los campesinos con tributos y
exacciones feudales y eclesiásticas, y a los obreros de las ciudades por las poderosas
organizaciones de las guildas y de las corporaciones capitalistas. Las ideas comunistas,
con una fuerte base religiosa, perduran en los dogmas de la secta conocida por los
Anabaptistas. En los Paises Bajos abundaron los adheridos a esta secta. Hacia 1526
emigran los Anabaptistas, en grandes masas, a Moravia, donde sostienen una
organización comunista durante una centuria. Desprecian la ciencia y conservan en
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estimación al trabajo manual. Disfrutan, en común, la propiedad, y proscriben la vida
de familia. Organizan la sociedad en grandes agrupaciones domésticas, integradas por
varios cientos de personas. Los jefes de estas comunidades conciertan los matrimonios
entre sus miembros y se priva a los niños, desde bien pequeños, de la potestad de sus
padres, para ponerlos bajo un régimen severo de educación colectiva. El gobierno de
la comunidad es eminentemente democrático; actúa una junta de ancianos, en nombre
de la misma. Desde el punto de vista económico constituye esta experiencia un
verdadero éxito y se advirtió en la comunidad cierta prosperidad, hasta que fue
destruida por el imperio de las armas. Los Anabaptistas consideran al Estado como un
mal necesario; la obediencia es firme, en tanto no surja un conflicto entre las leyes y los
dictados de la conciencia. Rehusan prestar un juramento en los tribunales o des-
empeñar un cargo público, por creer que la participación en la vida pública se opone a
la igualdad cristiana y a la fraternidad de los hombres. Se oponen a la guerra y se
niegan, con frecuencia, a empuñar las armas. En distintos puntos de Europa
sobrevivieron a la persecución grupos de Anabaptistas que abandonaron, gradual-
mente, algunos de los principios más peligrosos de su ideario. Algunos emigran de
Holanda a la parte oriental de Inglaterra, y resucitan sus doctrinas, en el siglo XVI, los
Quákeros ingleses y los Independientes.
Las ideas de la Reforma penetran difícilmente en España; la Inquisición aplasta,
implacablemente, a los herejes.
Las luchas religiosas del siglo XVI preparan el camino a las revoluciones de los
siglos XVII y XVIII y comienzan a aparecer las doctrinas antimonárquicas del contrato
social y de los derechos naturales.
La revolución industrial del siglo XVIII tiene su origen en la revolución mercantil
del siglo XVI. El descubrimiento de América inspira a Tomás Moro su Utopía.
LOS POLÍTICOS Y LOS ANTIMONÁRQUICOS
Así se llamaba un partido de Francia y pensaron que la unidad religiosa tenía que
subordinarse ante la unidad del Estado, hasta llegar a considerar como un deber del
Estado proteger al culto nacional y destruir las herejías. La unidad religiosa debe tener
tras de sí la fuerza del Estado, el bienestar público.
Sin embargo Erasmo escribe con desprecio sobre la monarquía hereditaria y el
valor de las instituciones representativas.
Juan Altusio (1557-1638), opina que la autoridad procede del pueblo y el Estado
tiene por objeto el bienestar de la comunidad, mediante el consentimiento de todos los
ciudadanos. Analiza la teoría del contrato como punto de partida de la organización
política y social, con la formación inmediata de un nuevo contrato entre las distintas
unidades que integran el Estado, estableciendo, de este modo, la concepción del
sistema federal. La soberanía es la autoridad suprema del Estado, que nace del
concurso voluntario de todos sus miembros. El poder del Estado arranca precisamente
del consentimiento de los súbditos; y en caso de fallar por tiranía de los gobernantes
exime al pueblo del deber de la obediencia y justifica la resistencia frente a los abusos
o la separación del gobernante de sus funciones públicas. El Estado debe vigilar y
tutelar los intereses religiosos dentro de una Iglesia nacional.
Las ideas de este tipo de pensadores (estado natural, primitivo, entre los hombres
; existencia de un derecho natural y de derechos naturales; origen contractual del
Estado, y el gobierno ; soberanía suprema del pueblo) dominan en su mayor parte las
tendencias del pensamiento político hasta el siglo XIX.
El partido antimonárquico aspiraba a destruir el absolutismo del rey y concentrar
su poder en una asamblea de nobles. En ambos casos, como se ve, se sostenía un punto
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de vista aristocrático, puesto que se ejercía la soberanía del pueblo por medio de las
clases elevadas de la comunidad política. Y éste fue el motivo del fracaso de las
tentativas para debilitar la monarquía absoluta de la época, pues si el pueblo temía la
omnipotencia del monarca, no sentía menos recelo ante la ascensión de la aristocracia.
Por otra parte, en torno del rey se concentró el símbolo del nuevo espíritu nacional,
recibiendo decididamente el apoyo de la voluntad popular. La teoría de la soberanía
popular llega a tener trascendencia y efectividad en la práctica, cuando se funda en un
amplio sistema democrático.
San Ignacio de Loyola funda la Compañía de Jesús, factor importantísimo en el
movimiento de la Contra-reforma y también, llevan la actividad misional de la Iglesia a
nuevos países. El catolicismo se convierte de nuevo en una doctrina agresiva y
militante. Los jesuitas toman parte activa en los negocios de la política y contribuyen
poderosamente al desarrollo de las ideas políticas, desde el punto de vista católico,
destacándose entre ellos un grupo de escritores españoles.
El ideal político de Francisco Suárez (1548-1617) descansa en la monarquía
absoluta de España.
Tomás Campanella (1568-1639) piensa que los fenómenos de la historia y de la
naturaleza se explican por los tres principios que son el poder, la inteligencia y el
amor; y que la autocracia del Papa es la forma ideal de organización política con un
colegio de magistrados en funciones a la vez políticas y religiosas. Badados en las
virtudes de la Potentia, que tiene a su cuidado la guerra y la diplomacia; la Prudentia,
qué dirige lo referente a las artes, educación y trabajos públicos; y el Amor, que se
encarga de la perpetuación y mejoramiento físico del pueblo. Se reúnen dos
asambleas: una, compuesta de los sacerdotes-magistrados, y otra que incluye a todo el
pueblo. Los ciudadanos se dividen en tres clases, tienen su vida en común, no
reconocen la propiedad privada ni la vida de familia, y están sometidos
constantemente a la vigilancia rigurosa del Estado. Se supone que la obra de
Campanella inspiró a los jesuitas en sus experiencias comunistas del Paraguay.
BODIN Y GROCIO
Juan Bodin (1530-1596) trata de la relación del Estado con sus súbditos; Hugo
Grocio el aspecto externo de la soberanía, o sea la relación de un Estado con los
demás Estados.
La justicia y el derecho, en concordancia con las normas éticas, son postulados
esenciales de la ciencia política. Bodin admite sin reparo la existencia de una ley
natural que condiciona todas las relaciones humanas, ley natural que identifica con las
normas éticas. Aun los mismos soberanos están sujetos a esos principios y la actividad
de los gobiernos tiene que dirigirse al logro de un fin moral. La prosperidad del
Estado, lo mismo que la felicidad de los individuos, tienen que correr parejas con los
fines éticos y racionales.
Bodin encuentra el origen del Estado en la familia, por esto concede escasa
importancia a la libertad de los individuos o a la teoría del pacto social.
El Estado es el resultado de las luchas entre los grupos ; los vencidos se
convierten en esclavos y los jefes militares victoriosos se erigen en gobernantes. La
unión de las organizaciones de grado inferior supone la constitución del Estado, que es
la forma suprema y final del proceso político. Para Bodin la comunidad política de
ciudadanos se forma con los cabezas de familia. Pero a diferencia de los griegos, Bodin
no admite, como condición esencial de la ciudadanía, la participación activa en la vida
pública. Hay distintas clases de ciudadanos, con diversos privilegios y derechos. En un
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respecto, no obstante, son iguales: en la subordinación común al poder político que
rige la vida del Estado. Se puede definir, por consiguiente, al ciudadano como el
individuo libre que está sometido a un poder soberano. La característica de la
ciudadanía reside en la subordinación al Estado.
Bodin estudia, como Aristóteles, el ciclo histórico y doctrinal de las revoluciones o
cambios con que aparecen las diversas formas de Estado, la monarquía es más estable,
políticamente; la democracia predispone a la revolución. Al examinar las causas y
orígenes de las revoluciones, cae Bodin en predicciones astrológicas y observaciones
profundas sobre la naturaleza del desarrollo político.
Piensa que cada pueblo tiene que adaptar sus instituciones a las características de
su vida. Entre estos factores concede verdadera importancia a la influencia del clima y
los accidentes geográficos distinguiendo entre los pueblos septentrionales y los
pueblos del Sur, y entre habitantes de las montañas y de las llanuras. Admite también
que la forma de gobierno y la naturaleza del derecho influyen en el carácter nacional.
Hugo Grocio (1583-1645) sostiene la realidad de normas jurídicas y preceptos
morales esenciales para la vida. Distingue entre derecho natural y derecho positivo o
voluntario. El derecho natural es un producto de la razón recta y justa, de acuerdo con
la naturaleza y, por consiguiente, con la ley de Dios. Es un derecho permanente e
invariable. El principio de la sociabilidad humana es una de las fuentes del derecho
natural. Todo lo que se conforma y corresponde con las necesidades naturales de la
vida social puede calificarse de moral y justo. El derecho positivo nace de la voluntad
de los hombres o de los preceptos de Dios. Este derecho incluye, en primer término,
las normas civiles, que proceden de la autoridad soberana del Estado; en una extensión
más restringida los mandatos de los padres y señores que dependen del derecho civil;
y en una mayor amplitud el jus gentium o derecho referente a las naciones.
Define al Estado como una sociedad perfecta de hombres libres que tiene por
objeto la regulación del derecho y el bienestar común. No obstante, reconoce la
prioridad del individuo sobre el Estado en la jerarquía política, admitiendo la
existencia de los derechos del hombre en el derecho natural. Sus ideas tuvieron una
fuerte influencia en la Paz de Westfalia, el primer congreso internacional de verdadera
importancia.
Monarquía absoluta, soberanía territorial, igualdad entre los Estados; he aquí los
puntos cardinales de su doctrina. Sin embargo, fue, al mismo tiempo, un defensor de la
libertad individual; y en este sentido coincide su doctrina implícita del origen del
Estado, mediante la conclusión de un pacto, y de las relaciones contractuales de los
soberanos entre sí, bajo el derecho natural, con los argumentos de quienes sostienen la
soberanía popular.
SIMILITUDES DE POLÍTICA PRÁCTICA ENTRE ROMA E INGLATERRA
Se ha señalado, con frecuencia, la analogía sorprendente que existe entre el
desarrollo político de Roma y el de Inglaterra. En ambos casos se llega, gradualmente,
al sistema constitucional como un resultado de las experiencias de la práctica, también,
las instituciones alcanzan un grado avanzado en su desarrollo. En la Edad Media; la
vida política de Inglaterra es vigorosa y activa, pero se acude, con frecuencia, a las
normas jurídicas y consuetudinarias, pero no se invocan los principios generales. De la
misma manera, la controversia entre el Papa y los reyes ingleses apenas si ofrece
teorías políticas. Para fundamentar la resistencia, basta, tan sólo, con las prácticas de la
política, las costumbres y el derecho escrito del país.
En varios aspectos se distingue el desarrollo político de Inglaterra del resto del
Continente. La unidad de Inglaterra se debe, en principio, a la invasión de los
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normandos, que establecen un fuerte y centralizado gobierno nacional. El feudalismo
no arraiga firmemente desde el punto de vista político. Desde el siglo XIII, existe un
Parlamento nacional, como representación de los Estados, agrupando al clero y a los
barones en una sola cámara, mientras desaparecen las asambleas del Continente bajo
las monarquías absolutas: Merced a las relaciones que se mantienen entre la nobleza y
el pueblo (más estrechas en Inglaterra que en ningún país), se establecen ciertas
limitaciones a la actividad del poder real. Los derechos de los súbditos, frente al
monarca, se garantizan con la existencia del juramento de la coronación, documentos y
compromisos. Además, la independencia del poder judicial y la organización del
jurado constituyen otras tantas restricciones al poder del rey. Hasta la revolución
puritana del siglo XVII no existe en Inglaterra una doctrina política de verdadera
importancia.
Sir Tomás Moro (1478-1535) y Francisco Bacon (1561-1626) son considerados
precursores en la política inglesa, cuando el espíritu humanista del Renacimiento.
influye, profundamente, en ambos, en unión de los descubrimientos geográficos, que
los inspiran a trazar la imagen de comunidades ideales.
Moro con respecto al gobierno, su utopía se desarrolla en el sentido de un Estado
nacional, organizado democráticamente, con una autonomía amplia a las entidades
locales.
Bacon en cambio, parte de la base de los descubrimientos científicos y de la
prosperidad material, sin dejarse llevar por un comunismo ético.
Aparecen otras filosofías políticas como la de Jacobo I (1566-1625) quien supone
el establecimiento del absolutismo burocrático que constituía el remedia corriente y
usual a los efectos anárquicos y disolventes de la Reforma.
El sistema de gobierno más sugestivo y sistemático que se presenta para
reemplazar a la destruida monarquía inglesa, se encierra en una ficción política de
Jaime Harrington (1611-1677). Harrington sostiene, como ideal político, la estabilidad
en el gobierno. Dice que el poder se deriva de la inteligencia o de la riqueza. Por lo
tanto, esta bien diferir el poder soberano a quienes retienen la mayor suma de
propiedad. De este modo, serán naturales únicamente la monarquía y la aristocracia,
cuando la tierra (que es el principal instrumento de riqueza, excepto en las
Ciudades-Estados mercantiles) esté en poder de uno solo o de una minoría de
individuos. Pero como las grandes propiedades de la nobleza y de los monasterios
desaparecen en Inglaterra en tiempo de los Tudores; la mejor forma de gobierno en
este caso es una comunidad republicana. Propone una organización constitucional en
consonancia con lo que él estima naturaleza racional del hombre. La estructura política
se compone de los organismos siguientes : un senado, integrado por la <aristocracia
natural >, cuya función esencial es proponer las leyes y dirigir la política ; un consejo,
formado por el pueblo, o sus representantes, que tiene por objeto decidir, por el voto,
los proyectos del senado ; y una magistratura que tiene a su cargo las funciones
administrativas del gobierno. Completan y refuerzan este sistema algunas
disposiciones subsidiarias, como la elección mediante el voto secreto y la alternativa
en los cargos públicos. Existe en esta comunidad la libertad religiosa; el Estado ejerce
funciones universales y obligatorias en materias de educación.
Aunque la obra de Harrington está escrita en forma de utopía, y el mismo
Cromwell permitiera su circulación por juzgarla demasiado irrealizable para ser
peligrosa.
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La. idea de una constitución escrita hace progresos considerables entre las
colonias americanas. Las cartas de las compañías comerciales y coloniales, con sus
concesiones de tierras, sus monopolios mercantiles y sus facultades gubernamentales,
representan como una constitución escrita, una garantía de privilegios locales. Las
experiencias fracasan, sin embargo, pero perdura la concepción de la libertad civil y
religiosa, la creencia en los requisitos legales de la propiedad y la idea de una
constitución escrita. Se manifiestan las tendencias democráticas del período colonial
americano en las contiendas entre las asambleas y los gobernadores reales. Estas
luchas adiestran a los colonos en las prácticas de la política y les sirve para cobrar
nuevos bríos en las luchas por la independencia y en la implantación de un gobierno
popular.
HOBBES Y LUCKE
Hobbes establece un principio terminante; no hay más derecho natural que las
normas qué se derivan de la razón, a través de la naturaleza humana.
El estado natural supone una sociedad venturosa e idílica que desaparece con la
entronización de la autoridad. Por otra parte se presenta al estado natural como una
condición constante de luchas y violencias, a las cuales pone remedio la creación del
Estado, con el peligro de volver a aquellos días de desgracia si los hombres no son
sabios y enérgicos. No es menos nueva, tampoco, la concepción que supone el origen
del Estado en un acuerdo o contrato humano. Muchos se interesaron por esta teoría
porque realza la intervención conciente de la voluntad humana en la evolución de la
sociedad ; y considera al individuo, con sus derechos naturales, como una unidad
primaria de decisiva importancia.
El. primer tratado sistemático de filosofía política hecho en Inglaterra se debe a
Tomás Hobbes (15881679). Él pretendió justificar la existencia de un Estado fuerte y
del gobierno absoluto sobre un fundamento raciona. La soberanía del Estado se funda
en la obediencia ciega de los súbditos. El Estado es el gran Leviathan, gigante formado
por todos los hombres, que encierra la unidad absoluta y el poder soberano. Las
asociaciones, dentro del Estado, son como < gusanos en las entrañas del Leviatán>. Su
concepción es determinista y mecánica respecto a la naturaleza humana. Niega la
libertad de opción y no cree en la concepción medieval de la caída del hombre desde
un estado primitivo de inocencia y felicidad. Según él, los hombres son,
aproximadamente, iguales por su naturaleza; ninguno es tan fuerte que no pueda temer
nada de los demás, y ninguno tan débil que no pueda ser peligroso. Sostiene la
creencia de que dada la lucha que se entable entre los hombres, resultaría el estado
natural una época de anarquía y violencia, en que cada uno seria enemigo de su
vecino. El hombre viviría entonces una existencia «solitaria, pobre, sórdida, brutal y
limitada y no se conocían en aquella edad el derecho ni la justicia. Para asegurarla
protección y el orden social se crea la sociedad política, de una manera artificial,
mediante el contrato. El egoísmo es el motivo determinante de la autoridad y la ley. La
ley obedece a un deseo instintivo de conservación social. La moral es una consecuencia
de la ley. Hobbes sostiene un punto de vista utilitario. Lo que es útil y conveniente es
también moral. El principio de conservación obliga a los hombres a reunirse y a
someter su voluntad a determinadas leyes o normas de conducta. Las leyes suponen un
sistema de principios morales.
La libertad que tienen los hombres de hacer cuanto sea necesario para la
conservación de su existencia es un derecho natural. Las normas que descubre e
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interpreta la razón, en cuanto limitaciones o prohibiciones de todo lo que se oponga a
la conservación del orden social, constituyen el contenido de la ley natural.
La voluntad del soberano es la única fuente legal.
Cree, no obstante, en la bondad intrínseca de la monarquía, como forma de
gobierno más exenta de apasionamientos y menos propicia a la anarquía de la guerra
civil. Hobbes insiste en el carácter absoluto e indivisible de la soberanía, y en que debe
descansar en un solo órgano. Rechaza la idea de una monarquía limitada.
Hobbes rechaza el sistema de resistencia de los súbditos en caso de tiranía. Sólo
Dios puede castigar a los gobernantes injustos y despóticos. Cuando la revolución triunfa
sobre el soberano, es que ha fracasado en su misión y no puede cumplir el compromiso
del contrato social.
El soberano tiene la obligación y el derecho de hacer las leyes, en detalle, pero
debe permitir después todo lo que no se oponga a la existencia de la paz social. Las
leyes deben ser pocas en número, y sencillas de expresión. Hobbes no cree en la
capacidad del Estado para promover el bienestar social. El Estado es, simplemente, un
mal necesario, que evita la anarquía de los instintos perversos del hombre.
La ley, según Hobbes, es el mandato formal y expreso del soberano, dirigido a los
súbditos, distinta de la política y la moral. El soberano tiene la facultad de hacer y
derogar las leyes, y está por encima del mismo derecho. Hobbes, rechaza la
concepción corriente del derecho natural, porque, si se admitiera en sus términos
tradicionales, cada hombre podría interpretarlo con arreglo a su voluntad.
Pero, aunque la teoría de Hobbes termine en el absolutismo, parte, al fin y al cabo
de la doctrina de la igualdad natural de los hombres y de la creencia en el desarrollo
de un amplio grado de libertad individual.
LOCKE
Para Juan Locke (1632-1704) el derecho natural, basado en la razón, es el
antecedente del derecho positivo. Los hombres son iguales y poseen las mismas
facultades jurídicas, bajo el derecho natural. Entre aquellas atribuciones se encuentran,
según Locke (tomando la dirección de los Independientes), el derecho a la vida, la
libertad y la propiedad. Pero, al igual de Hobbes, considera como fundamental el
derecho de propia conservación. La libertad supone la autonomía de la voluntad frente
a todas las normas; excepto los preceptos naturales. La propiedad privada procede del
comunismo primitivo, cuando el hombre incorpora su trabajo a un objeto determinado.
Pero la ausencia de un pacto fundamental, de un poder judicial que dirima los
litigios y la incapacidad de los individuos, para defender sus derechos contra toda
injusticia, conducen a las vaguedades e incertidumbres de una situación insostenible.
Para salir de este paso, forman los hombres la sociedad política, por medio del pacto
social, cediendo su prerrogativa personal en la interpretación y ejecución de la ley
natural a cambio de la garantía de que ha de respetarse su derecho a la vida, libertad y
propiedad.
La existencia del contrato implica la necesidad del gobierno de mayoría y la
minoría queda sometida, incluso por la fuerza, a la voluntad de la mayoría. Los efectos
del contrato se extienden a los descendientes de sus fundadores.
Locke continúa la tradición aristotélica al dividir los gobiernos en monarquías,
aristocracias y democracias, atendiendo a la base de las funciones legislativas.
La democracia es la mejor forma de gobierno, representada por delegados del
pueblo que se deben a la elección. La monarquía le parece respetable siempre que
se prive al rey del poder de hacer las leyes, y se reconozca la voluntad del pueblo. La
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separación de poderes que sugiere Locke constituye, después, el eje de la teoría de
Montesquieu. Las ideas de Locke se reflejan también en la Declaración de la
Independencia y en las constituciones de América.
La mayoría del pueblo puede ejercer el derecho de resistencia frente a una
autoridad tiránica. La base del gobierno radica en el consentimiento.
Se muestra opuesto al carácter político del gobierno teocrático. El Estado debe
limitar su actuación a la conservación del orden social sin inmiscuirse en la salvación de
las almas. La Iglesia es una sociedad voluntaria sin poder coactivo. Defiende la
tolerancia en materias religiosas; el Estado debe prohibir tan sólo aquellas doctrinas
que pueden alterar la paz pública.
Considera, como Hobbes, de positiva importancia el punto de vista utilitario de la
felicidad individual.
Justifica el capitalismo. La propiedad es el derecho fundamental; y el derecho del
hombre a la integridad y posesión de su persona constituye la base del derecho a la
vida y la libertad.
ESCRITORES POLÍTICOS EN EL SIGLO XVII Y XVIII
Durante la primera mitad del siglo XVII, el interés político del Continente se
concentra en la guerra de los Treinta Años. Comienza esta guerra, en Alemania, por
motivos religiosos, arrastrando tras de sí a varias potencias europeas, hasta convertirse
en una contienda política. A la terminación de esta lucha, la Paz de Westfalia (1648),
obra del primer Congreso internacional, señala la aparición, en Europa de una nueva
etapa política. El territorio germánico se divide en varias organizaciones
independientes; el emperador queda reducido a los dominios de los Habsburgo. Las
Provincias Unidas de Holanda constituían una república aristocrática y floreciente, que
se aproximaba más a Inglaterra que al resto del Continente. En la última etapa de esa
época, por temor al peligro de Francia y a las ambiciones de la Casa de Orange,
decide cambiar su gobierno por una forma monárquica.
Para Benito Spinoza (1632 a 1677) la federación de los Estados es un ideal
apetecible para disminuir las posibilidades bélicas. Y concibe la soberanía como la
encarnación de la razón común, del espíritu universal de todos sus miembros. Estas
ideas constituyen, más tarde, el eje de la voluntad general de Rousseau.
Se inclina por la república aristocrática. Procura asegurar la libertad de los
individuos. El fin principal del Estado, según él, es la defensa de la libertad individual,
para que los hombres puedan llevar una existencia racional. El poder del Estado está
limitado por los derechos naturales de sus miembros, para obrar en consonancia con el
bienestar general. Se debe juzgar al soberano a través de sus acciones.
Todos los derechos obedecen a un origen idéntico: la conciencia de los intereses
comunes de los miembros del Estado; cada derecho implica, por tanto, un
reconocimiento por parte de la voluntad general.
Los escritos de carácter político de Spinoza permanecen desconocidos y
olvidados en Europa durante una centuria. Se le consideró ateo por la generalidad de
la gente. Muchas de las teorías de Spinoza pasan después a formar parte de la obra de
Rousseau, quien, de este modo, las pone en contacto con los movimientos
revolucionarios de Europa.
Samuel Pufendorf (1632 a 1694) constituye en Alemania el primer representante
de las tendencias racionalistas y de la cultura moderna. Las teorías de Pufendorf, con
ligeras variaciones en la obra de sus continuadores, constituyen la concepción
dominante en Alemania hasta el tiempo de Kant.
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Sustentando posiciones contrarias a su pensamiento, se encuentran Godofredo
Leibnitz, que se opone a la tendencia racionalista de separar la teologia del derecho
natural ; y Juan Horn que sostiene la teoría del derecho divino.
El cardenal Richelieu, famoso ministro de Luis XIII de Francia, influye,
especialmente, en la difusión de la doctrina que sostiene la autoridad ilimitada del
poder monárquico. El obispo Jacques Bossuet (1627-1704), teólogo y orador notable, a
quien elige Luis XIV como preceptor de su hijo. Escribe su tratado de política para que
sirva de enseñanza al heredero.
En el siglo XVIII el interés político del Continente se vincula en la serie de luchas
dinásticas que despiertan las ambiciones de Luis XIV, en las que se ven envueltos, por
último, los principales Estados de Europa. Francia e Inglaterra sostienen en Occidente
una dura rivalidad, motivada por el imperio colonial en la India y América, por la
supremacía en el mar y la preeminencia diplomática en Europa. En el centro, Prusia y
Austria comienzan sus disputas por el predominio en Alemania. Se concluyen
numerosos tratados y alianzas para ganar nuevas ventajas y posiciones las grandes
potencias, para defender su independencia las pequeñas naciones o para sostener el
equilibrio político. Se entablan varias guerras, no en interés del pueblo, sino,
simplemente, para provecho de las dinastías gobernantes (Habsburgo, Borbón o
Hohenzollern), que ejercen sus poderes en términos absolutos y despóticos, y
consideran a los Estados como posesiones de sus titulares. Dentro de los Estados, la
agricultura, la industria y el comercio aparecen como otras tantas fuentes de riqueza en
beneficio de los que gobiernan. En este sentido, se regula y reglamenta la actividad
comercial y colonial de los Estados, y florecen las ideas mercantilistas.
No obstante, aparecen en Francia en esta época los primeros fundamentos de las
doctrinas revolucionarias de la segunda etapa de este siglo. A la muerte de Luis XIV
(1715), el espíritu liberal hace rápidos progresos. Al conocimiento de la revolución
inglesa y del sistema constitucional como resultado de aquélla, se debió, en su mayor
parte, el interés político que renace en Francia, en el campo de la teoría, y el
establecimiento de la base filosófica de la Revolución en los escritos de Rousseau.
El período que sigue en Inglaterra a la revolución de 1688, está determinado por
el establecimiento del gobierno parlamentario.
En 1740 sube al trono de Prusia Federico el Grande, quien se pone del lado de las
ideas liberales. Se prepara el camino, de este modo, para un brillante período de
actividad intelectual durante el resto de la centuria.
Juan Bautista Vico (1668-1744), jurista y filósofo italiano, es el fundador del
método histórico-psicológico. Según Vico, primero pasan los hombres por un estado
teocrático, en cuya etapa la autoridad política tiene su fundamento en la voluntad de
Dios, expresada mediante oráculos. A este período sigue el gobierno de la
aristocracia ; los miembros de las familias más influyentes poseen el poder supremo.
Por último, aparece la organización democrática, en la cual todo el pueblo forma parte
integrante del Estado. Dentro de este tipo puede existir una monarquía o una
república; en el primer caso, el pueblo delega en el rey la autoridad política. Las
formas de gobierno mixto representan, sencillamente, estados de transición entre los
distintos tipos.
Vico creía que su ciclo de las formas divinas, heroicas y humanas se corresponden
con la naturaleza de los individuos y con los principios generales de la filosofía. En este
proceso, el derecho positivo tiende a identificarse, mediante una aproximación,
con los principios del derecho universal o natural. Europa había pasado ya por las
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formas teocráticas y aristocráticas e iba a entrar en el período de las monarquías y
repúblicas bajo el control popular.
Bolingbroke (1678-1715) alaba a la forma de gobierno mixto, con su equilibrio de
poderes y ataca al sistema de corrupción política, amparado por Walpole. Las
doctrinas de Bolingbroke, sobre todo su concepción de un rey patriota, como cabeza o
remate de un partido nacional, para evitar las contiendas entre las distintas banderías y
fracciones, ejercieron profunda influencia en Jorge III, y en Chatham y Disraeli. David
Hume (1711-1776) por su parte, rechaza la concepción teologica del Estado y la teoría
del pacto social. Y sostiene que todo lo que es útil y conveniente, según la opinión
general, es también moral, y que el mundo de la moralidad no puede separarse del
derecho positivo. Se opone a los racionalistas, con su teoría de la ley natural. Según él la
idea del contrato voluntario es incompatible con la inteligencia del hombre primitivo y
que en muchas partes del mundo parece totalmente absurda la idea de pretender
fundar la autoridad política sobre la base del consentimiento. Frecuentemente, se
encuentra el origen de los Estados en la usurpación o en la conquista; resulta la
obediencia de la costumbre o da un simple hábito; y los hombres nacen en un estado,
sin preocuparse, en lo más mínimo, de la causa de su origen. Según Hume, se llevan a
cabo muchas revoluciones por un número limitado de personas, ante la pasividad
general de la mayoría, durante este proceso. Así que la autoridad se funda en la
psicología humana. La existencia del Estado se funda en su propia utilidad. Las
acciones humanas se determinan, más que por la razón, por las creencias y opiniones de
los hombres; las ideas que se aceptan por la generalidad, son aquellas que conducen al
bienestar de los individuos. El hombre es un ser egoísta por naturaleza, por lo que hay
necesidad de leyes y magistrados que eviten los abusos e injusticias de los poderosos.
La justificación del Estado se encuentra en su misma necesidad; los hombres
obedecen a las autoridades, no porque se hayan comprometido a cumplir este deber,
sino porque no podría existir, de otro modo, la sociedad humana.
La autoridad gubernamental va unida estrechamente al régimen de la propiedad.
Se opone a las doctrinas mercantilistas, con su estricta regulación del comercio, y
porque consideran a la moneda, en sí misma, como el índice de la prosperidad
nacional; y aboga, en cambio, por la libertad en el tráfico y las comunicaciones, por la
armonía del comercio y la agricultura y por el sostenimiento de los salarios altos, como
ideal económico apetecible. En otro sentido, sostiene Hume el punto de vista especial
de la situación de Inglaterra con respecto a Europa, en el sentido de lanzar a unos
poderes contra otros, con objeto de afianzar su propia seguridad.
Con estos escritores en Inglaterra, la teoría de los derechos naturales toma un
carácter individualista, sobre una base utilitaria, y se prepara el camino a los
trabajos de Bentham, Mill y Adam Smith.
MONTESQUIEU Y ROUSSEAU
Después de la muerte de Luis XIV, se inicia una reacción frente a la política
represiva de la Monarquía francesa. Aparecen pensadores como Fénelon (1699), el
abate de Saint Pierre (1718), El marqués d'Argenson presenta un proyecto de reforma
para transformar el despotismo de los Borbones, en una monarquía limitada. Pero el
crítico más implacable de esta época es Voltaire (1694-1778) quien reside tres años en
Inglaterra, intima con Bolingbroke, conoce los trabajos de Bacon, Newton y Locke y
contribuye, en gran parte, a popularizar las doctrinas inglesas en Francia. Voltaire
ataca la dominación eclesiástica, la opresión de todas clases y lucha por la libertad
intelectual, religiosa y política; aboga por la libertad de prensa, de elecciones y parla-
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mentos, y solicita derechos políticos para la clase media, que ha ido prosperando en el
comercio y la industria. A pesar de todo, no tiene fe en la capacidad política de las
clases bajas de la sociedad e inclina sus preferencias por una monarquía ilustrada y
tolerante; pero como no se puede tener plena confianza en la rectitud del gobierno de
los reyes, sostiene que la república es la forma de gobierno más tolerable. Voltaire
proclama la igualdad de los hombres con respecto a los derechos naturales de libertad,
propiedad y protección legal; se opone a las exacciones feudales y a las leyes suntuarias
de la monarquía patrimonial. Por otro lado, no piensa en una preparación progresiva
de los ciudadanos hasta.llegar a la revolución; piensa que se deben conseguir las
reformas por la acción de los mismos gobernantes.
Los Enciclopedistas, y entre ellos, principalmente Diderot (1713-1784) y
D'Alembert (1717-1783), contribuyen, en gran parte, al progreso cultural. Se condensa
su obra en una extensa compilación de veintiocho volúmenes, con objeto de sistematizar
los hechos de la ciencia y de la historia para crear una filosofía de la vida y del mundo
que reemplace a los viejos sistemas de creencias y pensamientos. Se define en la
Enciclopedia la libertad natural, de acuerdo con la doctrina de Locke, como el
derecho que tienen todos los hombres para disponer de su persona y bienes en el
sentido que tengan por conveniente, salvo el respeto a los principios del derecho
natural. Por naturaleza, todos los hombres son iguales, y participan de la libertad civil al
formarse la sociedad política.
El primer tratado ordenado y sistemático de política en ésta época es el libro del
barón de Montesquieu, publicado bajo el título de 1'esprií des lois (1748). Montesquieu
conocía admirablemente la historia y la literatura. Ya en 1721, en sus Letfres Persanes,
satiriza las instituciones políticas, religiosas y sociales de Francia. Después de este
ensayo se dedica a viajar y a conocer las instituciones de otros países. Recorre los
Estados del Continente, y pasa, por último, dos años en Inglaterra. Le interesa también,
de manera especial, la historia y tendencias políticas de Roma, de cuyas aficiones y
estudios nace Las Considérations sur les causes de la grandeur des Romaines et de leur
decadence (1734), en donde traza un análisis filosófico de la grandeza y decadencia del
Estado romano. Funda su filosofía política en la historia de Roma y en las instituciones
británicas. Tras una extensa preparación, aparece en 1748 su obra notable, El espíritu
de las leyes.
Según Montesquieu no hay que partir de deducciones basadas en la razón,
sino de los hechos de la historia y de la observación de las circunstancias de la
vida política. No cree Montesquieu en la justicia abstracta ni en el establecimiento de
un sistema acabado de leyes.
Le interesan más las reformas que las críticas y ataques al régimen existente; y
trata, sobre todo, de las cuestiones prácticas del gobierno o la justicia. Desea la
conservación de la monarquía y la persistencia del espíritu tradicional de Francia, pero
busca, a la vez, una garantía de la libertad en la separación de los poderes
ejecutivo y legislativo. El fin primordial de sus investigaciones es exponer la
NATURALEZA Y FUNCIONAMIENTO DE LAS INSTITUCIONES POLÍTICAS, en
general, no sólo las de Francia. Trata de todas las existencias de la vida social, y señala
un parangón o correspondencia entre la libertad civil y política, de una parte, y los
factores del mudo físico, los caracteres de raza, y las costumbres económicas,
sociales y religiosas. Montesquieu se propone trazar un cuadro comparativo del
derecho y la política, a base del estudio de los distintos sistemas, en diversos pueblos y
edades; y, del mismo modo, una teoría comparativa de la legislación, con arreglo a las
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