L I B R O S A G R A D O
ECLESIASTÉS
NOMBRE
Eclesiastés, título tomado de la Vulgata, es la
forma latinizada del griego ekklesiastes, y
supone un intento de los LXX de traducir el
hebreo qohelet, nombre del autor según 1,1.
Ekklesiastes es “quien se sienta o habla en la
asamblea (ekklesía)”, término en
consonancia con el título hebreo y el verbo
qahal (“reunir en asamblea”, “convocar”).
AUTOR
Tradicionalmente se ha pensado que el autor
del libro había sido Salomón. Tal opinión se
basa en parte en la tradición sobre la singular
sabiduría salomónica, pero se apoya sobre
todo en la propia afirmación del autor:
“Yo, Qohelet, fui rey de Israel en Jerusalén”
(1,12) y en el título del libro: “Palabras de
Qohelet, hijo de David, rey de Jerusalén”.
Ningún hijo de David, más que Salomón, fue
rey de Israel.
No hay duda, sin embargo, de que
la autoría salomónica es una
ficción. El hecho de que Salomón
sea sólo aludido, nunca
mencionado (comparar con Prov
1,1 y Cant 1,1), sugiere que
Qohelet nunca pretendió que sus
lectores lo tomaran en serio.
Además, las referencias a los reyes
que aparecen en el libro fueron
escritas desde el punto de vista de
un súbdito.
FECHA
La mayoría de los indicios (se trata
de un libro escrito en un hebreo
tardío próximo al hebreo de la
Misná, abundan en el
arameísmos, posible detectar en
él contactos con la cultura griega)
apuntan hacia el s. III a.C., más
cerca del final que del principio
El ambiente en que se mueve Qohélet y sus
destinatarios corresponde con bastante
probabilidad a la Jerusalén del s. III a.C.
y, más en concreto, a sus cales media y
alta, acosadas por preocupaciones y
contradicciones económicas, sociales y
religiosas, que sin renegar de sus antiguas
tradiciones, han aceptado las nuevas
aportaciones del helenismo, contrastando su
propia sabiduría con el acervo sapiencial del
antiguo Oriente.
LUGAR
No acaban de
convencer los
intentos de
demostrar que el
libro fue escrito en
una comunidad
judía fuera de
Palestina. Es muy
fuerte la evidencia
de una sede
palestina, en
particular
Jerusalén.
Las referencias a las condiciones climáticas
tales como el carácter impredecible del
tiempo, la dependencia de la lluvia y de la
dirección del viento (11,4) y la sucesión de las
tormentas (12,2) no se corresponden con las
condiciones climáticas de Egipto. Entre las
costumbres locales mencionadas, hay varias
características de Palestina (improbables en
Egipto) como la talla de madera (10,9) y el
uso de cisternas (12,6). Decisivas para una
localización palestina son las referencias al
templo (5,1-7).
ESTRUCTURA
I. Sabiduría, trabajo y riqueza (1,12 –
2,26)
II. Tiempos y moderación con Dios de
fondo (3,1 – 5,19)
III.Sabiduría y justicia (6,1 – 8,17)
IV.Recompensas y límites de la
sabiduría (9,1 – 11,10)
CLAVES TEOLÓGICAS
Qohélet parte de un interrogante casi
programático: ¿Qué provecho saca el hombre
de todos los afanes que persigue bajo el sol?
(Ecl 1,3), y a partir de ahí va trabajando sus
reflexiones sobre los valores y pretensiones del
hombre:
sabiduría, trabajo, riqueza, bienes, placeres, fa
ma, religiosidad, justicia, dominio de la obra de
Dios o descubrimiento de la ocasión
propicia, subrayando la cara negativa y los
límites de estas realidades tradicionalmente
valoradas como positivas.
Su diagnóstico, en abierta oposición a la
sabiduría clásica, no puede ser más
desalentador: el hombre no logra en ello
ningún provecho o felicidad, porque todo es
vanidad, vacío, absurdo. La doctrina de la
retribución queda en entredicho, como
sucedía, desde perspectivas distintas, en el
libro de Job.
Es verdad que Qohélet concede ciertas
ventajas a la sabiduría, al trabajo esforzado o
a la religiosidad moderada. Pero son sólo
débiles destellos en la noche de la
vanidad, pues no deja al individuo más salida
que aferrarse a su tabla de náufrago que no
es otra sino el repetido “único bien”.
Es verdad que Qohélet concede ciertas
ventajas a la sabiduría, al trabajo esforzado o
a la religiosidad moderada. Pero son sólo
débiles destellos en la noche de la
vanidad, pues no deja al individuo más salida
que aferrarse a su tabla de náufrago que no
es otra sino el repetido “único bien”.
¿Y Dios? ¿Qué lugar ocupa en el
complejo y sombrío panorama de
sus reflexiones? Hay que decir, de
entrada, que Qohélet es creyente y
que hace continuas referencias a
Dios (32 veces). No es el Dios de las
grandes tradiciones históricas y
proféticas del AT, ni el de Job o el
resto de los libros sapienciales. El
Dios de Qohélet es, ante
todo, creador y juez.
Desde esta clave, el autor nos habla de las
obras de Dios, inaccesibles a los hombres; de
su gobierno del tiempo y de la
eternidad, que el hombre no logra
comprender; y de los sencillos bienes que
otorga como recompensa, según su libre
voluntad. Por eso, la actitud adecuada del
hombre debe ser de sumisión y respeto.
Nos encontramos, pues, ante un universo
filosófico y teológico un tanto
desconcertante. Pero hay que verlo como un
momento más en la historia de la
salvación, a cuyo progreso contribuirá en
alguna medida. La crítica de Qohélet al
sistema sapiencial exigirá correcciones y
posibilitará nuevas soluciones (Eclesiástico y
Sabiduría). Al final, sólo desde
Jesucristo, muerto y resucitado, podremos
situar adecuadamente a este honesto
inconformista que es una voz más en esa
genial polifonía de la revelación bíblica.

Eclesiastés

  • 1.
    L I BR O S A G R A D O ECLESIASTÉS
  • 2.
    NOMBRE Eclesiastés, título tomadode la Vulgata, es la forma latinizada del griego ekklesiastes, y supone un intento de los LXX de traducir el hebreo qohelet, nombre del autor según 1,1. Ekklesiastes es “quien se sienta o habla en la asamblea (ekklesía)”, término en consonancia con el título hebreo y el verbo qahal (“reunir en asamblea”, “convocar”).
  • 3.
    AUTOR Tradicionalmente se hapensado que el autor del libro había sido Salomón. Tal opinión se basa en parte en la tradición sobre la singular sabiduría salomónica, pero se apoya sobre todo en la propia afirmación del autor: “Yo, Qohelet, fui rey de Israel en Jerusalén” (1,12) y en el título del libro: “Palabras de Qohelet, hijo de David, rey de Jerusalén”. Ningún hijo de David, más que Salomón, fue rey de Israel.
  • 4.
    No hay duda,sin embargo, de que la autoría salomónica es una ficción. El hecho de que Salomón sea sólo aludido, nunca mencionado (comparar con Prov 1,1 y Cant 1,1), sugiere que Qohelet nunca pretendió que sus lectores lo tomaran en serio. Además, las referencias a los reyes que aparecen en el libro fueron escritas desde el punto de vista de un súbdito.
  • 5.
    FECHA La mayoría delos indicios (se trata de un libro escrito en un hebreo tardío próximo al hebreo de la Misná, abundan en el arameísmos, posible detectar en él contactos con la cultura griega) apuntan hacia el s. III a.C., más cerca del final que del principio
  • 6.
    El ambiente enque se mueve Qohélet y sus destinatarios corresponde con bastante probabilidad a la Jerusalén del s. III a.C. y, más en concreto, a sus cales media y alta, acosadas por preocupaciones y contradicciones económicas, sociales y religiosas, que sin renegar de sus antiguas tradiciones, han aceptado las nuevas aportaciones del helenismo, contrastando su propia sabiduría con el acervo sapiencial del antiguo Oriente.
  • 7.
    LUGAR No acaban de convencerlos intentos de demostrar que el libro fue escrito en una comunidad judía fuera de Palestina. Es muy fuerte la evidencia de una sede palestina, en particular Jerusalén.
  • 8.
    Las referencias alas condiciones climáticas tales como el carácter impredecible del tiempo, la dependencia de la lluvia y de la dirección del viento (11,4) y la sucesión de las tormentas (12,2) no se corresponden con las condiciones climáticas de Egipto. Entre las costumbres locales mencionadas, hay varias características de Palestina (improbables en Egipto) como la talla de madera (10,9) y el uso de cisternas (12,6). Decisivas para una localización palestina son las referencias al templo (5,1-7).
  • 9.
    ESTRUCTURA I. Sabiduría, trabajoy riqueza (1,12 – 2,26) II. Tiempos y moderación con Dios de fondo (3,1 – 5,19) III.Sabiduría y justicia (6,1 – 8,17) IV.Recompensas y límites de la sabiduría (9,1 – 11,10)
  • 10.
    CLAVES TEOLÓGICAS Qohélet partede un interrogante casi programático: ¿Qué provecho saca el hombre de todos los afanes que persigue bajo el sol? (Ecl 1,3), y a partir de ahí va trabajando sus reflexiones sobre los valores y pretensiones del hombre: sabiduría, trabajo, riqueza, bienes, placeres, fa ma, religiosidad, justicia, dominio de la obra de Dios o descubrimiento de la ocasión propicia, subrayando la cara negativa y los límites de estas realidades tradicionalmente valoradas como positivas.
  • 11.
    Su diagnóstico, enabierta oposición a la sabiduría clásica, no puede ser más desalentador: el hombre no logra en ello ningún provecho o felicidad, porque todo es vanidad, vacío, absurdo. La doctrina de la retribución queda en entredicho, como sucedía, desde perspectivas distintas, en el libro de Job.
  • 12.
    Es verdad queQohélet concede ciertas ventajas a la sabiduría, al trabajo esforzado o a la religiosidad moderada. Pero son sólo débiles destellos en la noche de la vanidad, pues no deja al individuo más salida que aferrarse a su tabla de náufrago que no es otra sino el repetido “único bien”. Es verdad que Qohélet concede ciertas ventajas a la sabiduría, al trabajo esforzado o a la religiosidad moderada. Pero son sólo débiles destellos en la noche de la vanidad, pues no deja al individuo más salida que aferrarse a su tabla de náufrago que no es otra sino el repetido “único bien”.
  • 13.
    ¿Y Dios? ¿Quélugar ocupa en el complejo y sombrío panorama de sus reflexiones? Hay que decir, de entrada, que Qohélet es creyente y que hace continuas referencias a Dios (32 veces). No es el Dios de las grandes tradiciones históricas y proféticas del AT, ni el de Job o el resto de los libros sapienciales. El Dios de Qohélet es, ante todo, creador y juez.
  • 14.
    Desde esta clave,el autor nos habla de las obras de Dios, inaccesibles a los hombres; de su gobierno del tiempo y de la eternidad, que el hombre no logra comprender; y de los sencillos bienes que otorga como recompensa, según su libre voluntad. Por eso, la actitud adecuada del hombre debe ser de sumisión y respeto.
  • 15.
    Nos encontramos, pues,ante un universo filosófico y teológico un tanto desconcertante. Pero hay que verlo como un momento más en la historia de la salvación, a cuyo progreso contribuirá en alguna medida. La crítica de Qohélet al sistema sapiencial exigirá correcciones y posibilitará nuevas soluciones (Eclesiástico y Sabiduría). Al final, sólo desde Jesucristo, muerto y resucitado, podremos situar adecuadamente a este honesto inconformista que es una voz más en esa genial polifonía de la revelación bíblica.