Este capítulo presenta las interrogantes de Salomón sobre la vida bajo el sol y su conclusión de que todo es vanidad. Salomón observa que las generaciones vienen y van, pero la tierra permanece, y que el sol, viento y ríos siguen ciclos constantes. Concluye que todo se vuelve fatigoso para el hombre y que el ojo nunca se sacia de ver ni el oído de oír, insinuando que la vida bajo el sol no tiene propósito.