El canto gregoriano surgió en la Edad Media como forma de canto litúrgico en la iglesia católica, tiene características como ser monódico, a capella y en latín. Se usaba en diferentes momentos litúrgicos como la misa y las horas canónicas, y podía tener estilos como tracto, responsorial o antifonal. Con el tiempo surgieron manifestaciones como los tropos y secuencias, y se desarrolló una notación para transcribirlo.