El documento discute cómo la presión en las escuelas y familias para que los niños logren objetivos académicos rápidamente limita su capacidad para jugar y aprender a su propio ritmo. Esto va en contra de lo que sugieren teorías como el naturalismo pedagógico y las perspectivas de desarrollo de Piaget y Vigotsky, que enfatizan la importancia de adaptarse a los ritmos individuales de aprendizaje de los niños y dejar que sean niños.