En la antigua Roma, el concubinato se reconocía mediante un contrato como un matrimonio de menor jerarquía, generando efectos legales. Este concepto ha evolucionado en Venezuela, donde se define como una unión estable no matrimonial entre un hombre y una mujer sin impedimentos legales para casarse. La normativa venezolana regula la inscripción, condiciones y terminación de estas uniones, estableciendo prohibiciones en ciertos casos.