El jabón se fabrica a través de un proceso de saponificación en el que grasas y aceites se combinan con una solución alcalina como el hidróxido de sodio, descomponiéndose en sales de sodio de ácidos grasos y glicerina. Los jabones funcionan como agentes tensoactivos que disminuyen la tensión superficial del agua y permiten que las partículas de suciedad se desprendan de las superficies. Su fabricación y uso tienen cierto impacto ambiental.