El socialismo del siglo XXI, ejemplificado por Venezuela, presenta un modelo inviable y fallido, sosteniéndose únicamente por el gasto gubernamental derivado de la renta petrolera. En contraste, experiencias en Ecuador y Bolivia han mostrado más estabilidad macroeconómica y mejores indicadores en crecimiento, inflación y empleo. A pesar de que Ecuador aplica una variante del socialismo del siglo XXI, su enfoque permite la participación del mercado, a diferencia de la estricta regulación en Venezuela.