El documento resume la política interior y exterior de la monarquía hispánica de Felipe II entre 1556 y 1598. Destaca que heredó los territorios de su padre Carlos V y de su madre Isabel de Portugal, lo que consolidó la unidad ibérica. Su reinado se caracterizó por el absolutismo y la intolerancia religiosa. Tuvo que hacer frente a rebeliones como la de los moriscos en Granada y los Países Bajos, así como conflictos con Francia e Inglaterra.