La gastronomía poblana, resultado del mestizaje entre cocinas prehispánicas y europeas, ha ganado reconocimiento internacional por su variedad de sabores, texturas y platillos representativos como mole, chiles en nogada y pozole. La tradición culinaria poblana se desarrolló en conventos y hogares mestizos, fusionando ingredientes locales con influencias europeas, lo que ha contribuido a su potencial turístico. En 2012, fue reconocida como patrimonio cultural intangible de la humanidad, destacando también sus dulces típicos que atraen a visitantes por su sabor único.