La globalización impacta negativamente a los países en desarrollo, erosionando su soberanía y generando desigualdades económicas y sociales, aumentando la pobreza y la explotación laboral. A través de tratados como el TLC y políticas neoliberales, se favorece a las multinacionales en detrimento de los servicios sociales y la dependencia económica. Esto ha llevado a la creación de guetos y problemas de integración, exacerbando la feminización de la pobreza y la discriminación étnica.