Los Decretos de Nueva Planta, promulgados por Felipe V entre 1707 y 1714, abolieron el régimen foral y las instituciones de la Corona de Aragón, instaurando leyes y estructuras castellanas. Este proceso marcó el fin de la independencia política y jurisdiccional de regiones como Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca, consolidando el absolutismo en la monarquía hispánica. Las reformas incluyeron la supresión de cortes y virreyes, la creación de nuevas administraciones y el establecimiento de la justicia bajo una audiencia real encabezada por un capitán general.