El documento argumenta que la Iglesia se desvió del mensaje original de Jesús sobre el Reino de Dios al organizarse de manera jerárquica y aliarse con el poder político y temporal. Afirma que el Estado Vaticano y la figura del Papa como jefe de Estado son herejías del cristianismo y encarnan el poder absoluto, en contradicción con las enseñanzas de Jesús. Finalmente, sugiere que la reforma de la Iglesia debería comenzar con la supresión del Vaticano como Estado y del Papa como jefe de Estado