La carta a los Hebreos señala que Jesucristo es reconocido como el sumo y eterno Sacerdote por su cercanía y compasión hacia la humanidad, así como por su oblación total de sí mismo en la cruz. Jesús logró acercar a Dios y a los hombres mediante su ministerio de amor, misericordia y solidaridad. Como Hijo de Dios, su único y eterno sacerdocio ofrece la gracia de la Nueva Alianza.