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 misiones y predicación
 celebraciones y oración
 diálogo y comunidad
 e s t u d i o s y r e f l e x i ó n
Jubileo solicitó a fray Ignace Berten un artículo a raíz de referéndum en el Reino Unido que con-
dujo al Brexit. Publicamos este artículo acerca de la Unión Europea que aparecerá en la revista
Éthique et Société de los dominicos de Buyumbura, Burundi. El grupo de trabajo Espaces en
Bruselas trata estos temas que conciernen al contexto del anuncio del Evangelio en nuestros días.
Un europeo perplejo y preocupado
por Ignace Berten OP
Centre Espaces, Bruxelles
¿Qué pasa con la Unión Europea? ¿Hacia dón-
de va? Nos hallamos envueltos en una bruma
espesa. Hace veinticinco años me comprometí a
promover el proyecto europeo, encarnado en la
Unión Europea. Sigo convencido de la impor-
tancia de una institución europea al servicio de
todos los ciudadanos, para garantizar la paz
interna, contribuir a la paz en nuestras fronteras
y en todo el mundo; en fin, para fortalecer la
justicia, la solidaridad, la democracia y el Estado
de derecho. Todo esto se hallaba incluido como
un proyecto político en la invitación de Robert
Schuman a la reconciliación de Francia y Ale-
mania en 1950, valiéndose de la economía (la
CECA: Comunidad Europea del Carbón y el
Acero, que eran las industrias básicas de la
guerra en ese momento). Se propuso clara-
mente un doble objetivo: garantizar la paz y
promover el crecimiento compartido. El Tra-
tado de Roma (1957) da forma al proyecto al
crear la Comunidad Europea a partir de seis
Estados (Francia, Alemania, Italia, Países Bajos,
Bélgica y Luxemburgo). Pero había otro objeti-
vo no declarado expresamente apoyado por los
Estados Unidos: constituir un bloque homogé-
neo Europa-Estados Unidos para contrarrestar
a la Unión Soviética. La paz, de hecho, se ha
conseguido, no como resultado de la vincula-
ción económica, cuanto por la alianza de la
OTAN garantizada por los Estados Unidos, de
modo que la unidad se da frente a un enemigo
común. Lo que la Comunidad Europea ha lo-
grado realmente es la reconciliación entre los
países de Europa occidental que habían padeci-
do tres guerras en el lapso de un siglo.
Robert Schuman y Konrad Adenauer tenían
como propósito final una Europa federada. El
primer paso era la economía. El segundo debió
haber sido crear una defensa común (CED:
Comunidad Europea de Defensa), pero Fran-
cia vetó el proyecto (1952). El tratado de la
CED preveía la siguiente etapa: crear una Co-
munidad Política Europea. El fracaso de la
CED canceló enteramente la idea de una co-
munidad europea de carácter político. La eco-
nomía tomó las riendas del proyecto. La inte-
gración de la Gran Bretaña confirmó esta
orientación: lo único que importa es tener un
gran mercado, excluyendo cualquier proyecto
europeo de carácter político. Así que no hubo
realmente ningún proyecto político, lo cual
deja ver lo que eso cuesta hoy en día en credi-
bilidad dentro de Europa y en el exterior.
Al ir ampliando el número de países de la
comunidad, se llegó a un momento de gran
apertura tras la caída de los países comunistas
bajo el dominio soviético, con lo cual se integró
a los países de Europa central. De un pequeño
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núcleo de seis países al comienzo, somos ahora
veintiocho. La ampliación se quiso hacer por
razones políticas, reunificar Europa, pero estu-
vo mal preparada y mal ejecutada, porque las
instituciones no se hallaban en condiciones de
integrar un número tan grande de Estados. Por
otra parte, los nuevos Estados tenían en mira
especialmente sus intereses económicos en una
perspectiva muy marcada del capitalismo neoli-
beral, soslayando el compromiso de compartir
los objetivos políticos de soberanía que abriga-
ban los países fundadores. Es más, para estos
países, pertenecer a la Unión Europea y a la
OTAN era algo estrechamente vinculado, a
saber, garantizar su seguridad. Los tímidos
avances hacia una Unión Europea de carácter
político que ofrecen los Tratados de Maastricht
(1992) y de Lisboa (2007), que es el último tra-
tado europeo, no han dado los resultados
deseados. De suerte que no sólo la economía ha
llevado las riendas, sino que hasta el mercado
mismo se halla hoy en día desestabilizado.
1. Los intereses nacionales en competencia
Europa como un proyecto común y solidario se
ha venido debilitando poco a poco. El ultralibe-
ralismo se ha convertido en la ideología domi-
nante. En todos los Estados, la derecha se ha
fortalecido y endurecido y los gobiernos de iz-
quierda, los partidos socialistas tradicionales, se
han acercado cada vez más a la derecha (clara-
mente, por ejemplo, el gobierno de Hollande en
Francia). De acuerdo con los primeros tratados,
la Comisión Europea es el principal actor y ga-
rante del proyecto comunitario: representa el
interés general europeo. Inicialmente, había
reuniones informales más o menos frecuentes de
los jefes de Estado y de gobierno. Las decisiones
legislativas y regulatorias se tomaban a partir de
las propuestas de la Comisión a través de los
diversos consejos de ministros responsables (por
mayoría cualificada en el campo económico, por
unanimidad en todas las demás áreas: impuestos,
políticas sociales, relaciones exteriores, etc.).
Desde el Tratado de Maastricht, el Consejo Eu-
ropeo, que reúne a los jefes de Estado y de go-
bierno, fue establecido formalmente como una
de las instituciones europeas. De hecho, tendrá
cada vez más poder: las orientaciones y decisio-
nes más importantes se toman en este nivel. Sin
embargo, este Consejo no se mueve en función
del interés general europeo: es, de hecho, un
espacio de negociación y en ocasiones de con-
frontación entre intereses nacionales divergentes
y a veces en franca competencia. Desde el Tra-
tado de Lisboa, la presidencia del Consejo recae
en un ex-jefe de Estado elegido por los miem-
bros de la junta (por un término de dos años y
medio, renovable una sola vez: el primer presi-
dente por dos mandatos fue Herman Van
Rompuy, de Bélgica, el presidente actual es Do-
nald Tusk, polaco). Este presidente cumple una
función de coordinación, pero no tiene propia-
mente poder, es un facilitador de decisiones lo
más común posible pero no toma decisiones, y
tiene poca autoridad sobre el ámbito exterior.
El Parlamento Europeo, que es la instancia
normal de representación de los ciudadanos
europeos, tanto en función de su tendencia
ideológico-política como de su nacionalidad,
ha adquirido en virtud de los tratados más
poder, pero en realidad el Consejo europeo
hace corto circuito con él en todas las decisio-
nes de carácter político.
La Unión Europea es incapaz actualmente
de definir una política exterior común, espe-
cialmente con respecto a Rusia, debido a intere-
ses demasiado divergentes (intereses comercia-
les de los Estados grandes, intereses de seguri-
dad de los Estados pequeños limítrofes con la
frontera rusa). La UE es incapaz de asumir una
defensa común e integrada, pues la mayoría de
los Estados son miembros de la OTAN y de-
penden directamente de Estados Unidos para la
logística del transporte, por ejemplo. Pero no
puede haber una política exterior autónoma sin
una defensa autónoma. En la actualidad, no hay
garantía de que Estados Unidos intervendría si
la Rusia de Putin amenazara a los pequeños
Estados del Báltico, como lo está haciendo aho-
ra en la parte oriental de Ucrania, después de
haberse adueñado de Crimea. Puede que no sea
de interés para Estados Unidos arriesgarse a
una confrontación militar con Rusia.
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Frente a la tragedia de los movimientos mi-
gratorios y de las solicitudes de asilo que pro-
vienen del Cercano Oriente (las guerras en Siria
e Irak) y del África Subsahariana (guerras, mise-
ria en zonas de guerra...), la UE es incapaz de
definir una política común de asilo y migración.
A pesar de los esfuerzos de la Comisión, que
pide un reparto equitativo de la responsabilidad
de acoger inmigrantes, muchos Estados se
oponen a cualquier medida de este tipo. En
Hungría, por ejemplo, hubo un referéndum que
se formuló en estos términos: «¿Permitirá usted
que la UE solicite un traslado de ciudadanos
que no son húngaros a Hungría sin la aproba-
ción de la Asamblea Nacional?». Era muy obvio
que la respuesta sería abrumadoramente negati-
va. Sólo el 45% de los votantes registrados vo-
taron y el 40% emitió un voto válido. De estos,
98.32% votaron no. Pero el referéndum fue
inválido, ya que tenía que representar al menos
el 50% del padrón de inscritos.
La UE no tiene autoridad directa sobre la
política fiscal (cualquier decisión sobre esto se
halla sujeta a la unanimidad). Desde hace varios
años en el mundo globalizado altamente compe-
titivo, los Estados europeos han emprendido
entre ellos una guerra fiscal: reducir impuestos a
las empresas y al costo de la mano de obra, se
han puesto a competir entre ellos. Las compa-
ñías multinacionales casi no pagan impuestos en
Europa. Parte del endeudamiento sumamente
gravoso de muchos Estados es resultado directo
de esta competencia: menor tributación significa
menos recursos, por lo cual hay que pedir pres-
tado para que el Estado siga funcionando.
La circulación libre de trabajadores conduce
también a una competencia desleal: en los secto-
res del transporte y la construcción principal-
mente, los trabajadores procedentes de Europa
central (Polonia, Rumania, Hungría...) vienen a
trabajar a Europa Occidental (Francia, Bélgica,
Alemania...) a tasas de salarios y cotizaciones
sociales de los países de origen, que son mucho
más bajas que las de los países a los que vienen a
trabajar: no es posible actualmente ningún
acuerdo para regular esta competencia desleal.
2. Un aparato burocrático distante de los ciudadanos
La Comisión Europea se ha convertido en una
maquinaria muy pesada, mucho más laberíntica
y burocrática. Se ha caracterizado por una ten-
dencia reglamentarlo todo, a ocuparse de la
estandarización de reglas y normas para facilitar
el mercado común.
Es más, la Comi-
sión es consciente
de una tensión en-
tre, por un lado, un
enfoque capitalista
muy liberal en todo
lo que concierne al
mercado, el comer-
cio, etc. y, por otro,
una visión positiva
de la solidaridad en asuntos de inmigración o de
exilio, que es un ámbito en el cual no tiene au-
toridad efectiva. El funcionamiento de la Comi-
sión y la orientación de sus posiciones se hallan
cada vez más marcadas por un desequilibrio
entre el poder de los grupos de cabildeo, que
representan a las empresas y los grandes secto-
res industriales y comerciales, en contraste con
las distintas ONGs que representan a los con-
sumidores, los intereses propiamente sociales o
culturales, etc.
En casi todos los países, hay una ruptura en la
comunicación y la confianza entre los ciudadanos
y las instituciones
europeas. Los ciu-
dadanos se sienten
frustrados porque
tienen la impresión
de que la maquina-
ria europea decide
por ellos sin tener-
los en cuenta, que
impone reglas y
normas que no
vienen al caso, y no perciben en qué aspectos su
pertenencia a la Unión podría ser una ventaja para
ellos. Por supuesto, ha habido una contribución a
la paz, pero esto es vieja historia (para muchos un
pasado remoto). Hay, por supuesto, circulación
libre de personas, pero se teme la amenaza que
viene con la apertura interna de fronteras (Schen-
gen). Por supuesto, la adopción del euro facilita
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muchas cosas, pero ha beneficiado principalmen-
te a los países más grandes, ante todo a Alemania,
y ha puesto en situación difícil a Grecia, España,
Italia... En todas partes el desempleo ha venido en
aumento y también la pobreza, para muchos el
poder de compra está cayendo. Si bien esto no es
necesariamente culpa de la Unión Europea, hay
que decir que esa UE no ha sido capaz de prote-
ger a los ciudadanos de estas realidades negativas
que afectan su bienestar.
Los partidos de derecha y los partidos popu-
listas surfean en esta ola de descontento (que es
también falta de información sobre el funciona-
miento real de la UE) para atizar sentimientos
antieuropeos, euroescépticos, nacionalistas, anti-
inmigrantes... En casi todos países, los partidos
de extrema derecha están avanzando y están
representados en el parlamento o el gobierno.
En este contexto, en los últimos años y en
todos los países europeos, excepto Bélgica,
«Bruselas» es sinónimo de «institución europea»
con una connotación siempre negativa. Los
propios gobiernos han contribuido a darle esta
connotación negativa, al incriminar de forma
sistemática a la Unión Europea por todas las
decisiones difíciles de aceptar por los ciudada-
nos, decisiones que la mayoría de las veces ellos
mismos han tomado colectivamente...
3. El mercado, víctima de su propio juego
Schuman y Adenauer apostaron a la economía
como factor de unión, y apostaron luego a un
resultado político de este proceso. Un gran
europeo, Jacques Delors, presidente de la
Comisión de 1985 a 1995, da un nuevo im-
pulso al proyecto europeo, pero él también
apuesta a que el mercado conduce a la políti-
ca. Con todo, tres elementos han impedido
cualquier avance serio en el plano de una ma-
yor integración política.
En primer lugar, un factor estrictamente
interno: la oposición decidida de la Gran Breta-
ña a todo proyecto político europeo. Para este
país, el único horizonte es el mercado en una
perspectiva lo más liberal posible.
Luego, está el hecho de la ampliación: los
países de Europa central y oriental han mostra-
do de forma consistente su desconfianza ante
cualquier delegación de poder a la institución
europea: conservan una memoria muy negativa
del estatismo comunista.
Finalmente, hay un factor externo: el gran
mercado ha sido diseñado a partir de un mode-
lo sobre todo interno a la UE y un tanto cerra-
do. Pero la globalización ha traspasado todas las
fronteras, y Europa se halla expuesta por todos
lados a los vientos de esta mundialización y la
intensa competencia que conlleva. Los Estados
se hallan cada vez más desposeídos de su poder
político sobre la economía y la sociedad. Si el
tratado sobre el comercio trasatlántico (TTIP o
TAFTA) fuera ratificado, los países europeos
serían aún menos autónomos en la definición
interna de políticas sociales, ambientales, de
salud, etc., y quedarían sometidos al poder de
las grandes empresas transnacionales.
4. Lo social sacrificado
Únicamente el orden comercial y todo lo rela-
cionado con él depende de decisiones mayori-
tarias (por mayoría cualificada de dos tercios
de los Estados y de los ciudadanos), en tanto
que el orden social y el dominio fiscal que lo
sostiene dependen de la unanimidad, por cual
todo lo social queda en una posición débil
frente al mercado. La competencia fiscal no
hace más que acentuar esta debilidad.
De los años 1950 hasta mediados de los 70,
en una época de fuerte crecimiento y en una
zona bien protegida, los beneficios del creci-
miento podían compartirse fácilmente, y con
mayor razón debido a unos sindicados pode-
rosos. Todo el mundo salió ganando: la pobre-
za fue reducida muy significativamente, las
condiciones salariales y de vida de los trabaja-
dores igual que las condiciones de vida de las
personas mayores mejoraron sustancialmente.
La desigualdad también se redujo. Pero el cre-
cimiento se ha desacelerado bruscamente y
vino luego la crisis financiera, lo cual ha
desembocado en una crisis económica. Ale-
mania ha impuesto en la zona del euro políti-
cas de austeridad. La desigualdad ha comenza-
do a aumentar de nuevo. El poder de compra
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de una fracción significativa de la población se
ha reducido. La pobreza ha aumentado.
En muchos países el trabajo industrial se ha
contraído o se colapsado: en este aspecto regiones
enteras ha sido devastadas. El desempleo ha creci-
do con fuerza. Y en casi todas partes, se han im-
puesto condiciones más estrictas o menos favora-
bles para obtener prestaciones por desempleo.
La UE no tiene los instrumentos necesarios
para hacer frente a los problemas sociales va-
liéndose de la política y la economía.
Y para el ciudadano medio, esta degradación-
social es culpa de la Unión Europea, soslayando
que esa «Unión Europea» es esencialmente el
resultado de las decisiones que han tomado los
diferentes gobiernos nacionales que la componen.
5. El desafío del Islam
En muchos países, si bien de formas muy dife-
rentes, hay actualmente una presencia significa-
tiva de población musulmana, o de origen mu-
sulmán, o que viene de países musulmanes.
Esta población, que emigró al comienzo por
razones de trabajo, se ha asentado y son ahora
emigrados de segunda, tercera, hasta cuarta
generación. Es una población que fue muy dis-
creta al principio, buscaba ante todo hallarse en
su sitio e integrarse. Pero las nuevas generacio-
nes, entre las cuales hay buen número de gente
que no encuentra oportunidades en el mercado
de trabajo, tienden a afirmar con vigor su iden-
tidad y hacer visible su presencia.
Esta visibilidad nueva está vinculada tam-
bién por doble motivo al contexto internacional
y geopolítico.
Por un lado, la enseñanza del Islam imparti-
da en las mezquitas está marcada en gran medi-
da por el salafismo wahabita, que preconiza el
desprecio del otro por ser no-creyente. Esta
enseñanza no es de por sí violenta, pero sí dis-
pone el terreno donde puede echar raíces y
crecer la violencia justamente por ese desprecio
de los demás. En tanto que las generaciones
anteriores cultivaron un islamismo piadoso,
flexible y tolerante, este wahabismo promueve
internamente una observancia más rigurosa: uso
del velo, alimentos lícitos (halal), ritmos de ora-
ción, etc., lo cual no propicia la convivialidad.
Por otro lado, tenemos el contexto geopolí-
tico: el conflicto en Israel, la guerra en Siria e
Irak, el fracaso total en Libia, etc. Se considera
que el mundo occidental es directamente res-
ponsable de este caos. Y en este ambiente, sur-
gió Al Qaeda y el luego el Estado Islámico.
En 2001, ocurrió el atentado terrorista de las
torres de Nueva York. Desde entonces, espe-
cialmente en los últimos años, ha habido múlti-
ples ataques terroristas en territorio europeo,
sobre todo en Francia y Bélgica.
En este ambiente, el sentimiento anti-islámico
(o islamófobo) crece en todas partes. Las tensio-
nes se alimentan recíprocamente. En Francia y
Bélgica, una corriente de pensamiento laico de
tradición racionalista y positivista llegó a creer
que la razón y la ciencia proporcionarían el fun-
damento para una sociedad pacífica y una ética
compartida, y que las religiones irían desapare-
ciendo gradualmente. Había que tolerar al cris-
tianismo, especialmente a la iglesia católica, pero
eran cosas obsoletas que terminarían por desapa-
recer. El hecho de que la Iglesia se haya retraído
y que la práctica religiosa estuviera decayendo
pareció darles la razón. Pero hete aquí que los
musulmanes se afirman ahora de manera visible
en la escena pública. Se entiende, entonces, por
qué esa crispación con las mujeres que usan velo,
y ese delirio con el episodio del burkini, de uso
por las mujeres musulmanas en las playas, este
verano en Francia... Los cristianos también se
crispan de formas nuevas rechazando al otro. Y
los musulmanes se sienten agredidos por la for-
ma como se les mira, en un contexto sobrecar-
gado por los ataques terroristas; tratan, por tan-
to, de afirmar su propia identidad.
Han circulado cuento y medio acerca de la
invasión de Europa por los musulmanes, so-
bre el fantasma de la imposición de la sharia
en las principales ciudades dentro de diez o
quince años... Todo esto no contribuye a una
convivencia pacífica.
6. El desafío de las migraciones
En el Oriente Medio y en África, muchos países
son devastado por la guerra y la descomposi-
ción política, a menudo por cause del islamismo
conquistador que se vale del terrorismo. En
consecuencia, tenemos un flujo enorme de gen-
te que solicita asilo y de migrantes en el conti-
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nente europeo; sin olvidar que Ucrania es otra
fuente de exilados. Estos migrantes huyen de su
país porque están amenazados. Vienen a sumar-
se a quienes salen de su tierra por causa del
hambre y la imposibilidad de tener una vida
digna. Los Estados europeos de la costa medi-
terránea están en el frente de una acogida que
no pueden satisfacer. El Mediterráneo se ha
convertido en un cementerio para miles de po-
sibles beneficiarios del exilio. Grecia (a partir de
Turquía) e Italia (desde Libia) son las principa-
les puertas de entrada a Europa. Sería justo que
la carga de la acogida humanitaria se distribuye-
ra entre los diferentes países de la UE: pero la
mayoría de estos se niegan a poner en práctica
esta solidaridad.
El acuerdo político firmado con Turquía
exporta de manera vergonzosa la responsabili-
dad del reconocimiento del derecho de asilo: los
valores fundamentales declarados en los trata-
dos europeos no se cumplen. El acuerdo se
hizo en estos términos: Turquía se compromete
a impedir que los migrantes se embarquen en su
territorio para ir a Grecia, y acepta que regresen
a su territorio aquellos que logran llegar a Eu-
ropa sin cumplir con los criterios de asilo; ade-
más, por cada sirio devuelto, la UE se com-
promete a aceptar a un sirio llegado de Turquía
que sí cumpla con los criterios, hasta un máxi-
mo de 72.000 personas. La UE, por su parte,
destinará un fondo para acogida de refugiados
en Turquía, y se compromete a eliminar la ne-
cesidad de visados para los turcos, si se cum-
plen todas estas condiciones.
Europa está profundamente dividida en esto.
Hay un rechazo a compartir entre países la res-
ponsabilidad de la acogida, y hay desacuerdos
en cada país acerca de las políticas que se debe
implementar. Algunos aceptan a los exilados
“buenos”, o sea, los cristianos, y descartan a los
musulmanes; otros quieren seleccionar inmi-
grantes “buenos”, es decir, útiles en el plano
económico, bien educados… Las fronteras se
cierran cada vez más. Esta situación es aprove-
chada por la extrema derecha para imponer
regímenes autoritarios y restricciones a los de-
rechos fundamentales de todos los ciudadanos:
la democracia se halla cada vez más amenazada.
7. La democracia y el Estado de derecho socavados
La preocupación por el terrorismo islámico
crece, se impone la necesidad de garantizar la
seguridad y de detectar a las personas radicali-
zadas dispuestas a la acción violenta. Hombres
y mujeres que han estado luchando en Siria e
Irak, fueron entrenados allí ideológica y prácti-
camente para llevar a cabo atentados lo más
mortífero posible. Este contexto conduce a
políticas de seguridad que restringen las liber-
tades, implementan medidas de vigilancia ge-
neralizada, ponen en cuestión el principio de
presunción de inocencia ante los tribunales.
Los musulmanes son víctima de controles po-
liciales muy arbitrarios.
En Hungría, la prensa fue sometida a censura,
cientos de jueces fueron obligados a retirarse, las
facultades de la Corte Constitucional han sido
modificadas por ley. En Polonia, las atribuciones
del Tribunal Constitucional fueron limitadas por
la autoridad, algunos jueces fueron despedidos y
remplazados por otros. En Rumania también,
los decretos de emergencia violan los derechos
de la Corte Constitucional y varios magistrados
supremos fueron destituidos de sus cargos. En
varios países de Europa central, los derechos de
los solicitantes de asilo, definidos por la Conven-
ción de Ginebra, no se respetan.
A pesar de las críticas de la Comisión Eu-
ropea y el Consejo de Europa, preocupados
por el debilitamiento de las instituciones de-
mocráticas, los gobiernos de estos países las
rechazan y persisten en lo suyo.
8. Geopolítica: un entorno desestabilizado
Hace setenta y cinco años, con la creación de la
CECA y el embrión de Comunidad Europea, se
creía haber logrado definitivamente la paz en
Europa Occidental. Pronto hará treinta años
que el imperio soviético se derrumbó. Pensá-
bamos que habíamos llegado a una era de paz
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mundial y de apertura a la democracia. Hace
apenas diez años se pensaba que una guerra en
territorio europeo era impensable...
Pero el horizonte geopolítico abriga borrascas
en estos últimos años. El conflicto entre Israel y
Palestina parece cada vez más insoluble, las rela-
ciones con el mundo
árabe-musulmán se
han envenenado. El
fracaso de las inter-
venciones en Irak y
Libia ha mostrado
las limitaciones de la
potencia occidental:
en vez de llevar
orden y democracia,
creó caos. En Siria,
hay de hecho una
confrontación entre
Rusia y Estados Unidos, cada una de las dos
potencias busca sus intereses. Para Rusia, se
trata del puerto de Tartús, su único acceso
naval en el Mediterráneo, pero también el
riesgo de que el fundamentalismo sunita re-
fuerce la inestabilidad en Chechenia y Da-
guestán. Tenemos esa ciudad, Alepo, donde la
seguridad de la población civil y los derechos
humanos no cuentan para nada: allí hay que
aplastar a la oposición interna, no a
Daesh/ISIS. Para los Estados Unidos, se trata
de una vía de suministro de energía del sudes-
te asiático sin pasar por Rusia, pero quieren
evitar una confrontación directa. Y Europa…
solo mira sin poder hacer nada.
La floración de “primaveras árabes” nos hizo
creer que la democratización estaba en marcha y
se consolidaría en Argelia, Túnez, Egipto. En
Túnez, se estableció un frágil equilibrio de fuer-
zas. En Egipto, una elección democrática llevó al
poder a los Hermanos Musulmanes, en tanto que
Mubarak fue obliga-
do a renunciar. Pero
los Hermanos con el
presidente Morsi
trataron de imponer
la islamización de la
sociedad. El ejército
intervino y se instaló
un régimen autorita-
rio dirigido por el
mariscal Al Sissi. En
Turquía, después del
fallido golpe de es-
tado que ha servido como pretexto, se ha impues-
to también un régimen muy autoritario y represi-
vo: la prensa está amordazada, muchos jueces
fueron removidos de sus puestos, la mitad de
oficiales han sido detenidos o despedidos, los
líderes empresariales son detenidos...
En la otra orilla de Europa, la Rusia de Putin
es de preocupar: la UE ha visto con impotencia
cómo se ha adueñado de Crimea que pertenece
a Ucrania, y cómo su intervención en el este,
Donbáss, condujo a un estado de separación de
la región y al control por parte de Rusia. ¿Y qué
sucedería si los rusos lanzan una operación en
los Países Bálticos (Letonia, Estonia, Lituania)
que eran parte del espacio soviético?
9. El Brexit y las tentaciones de desintegración
En el referéndum que se llevó a cabo en el
Reino Unido la mayoría votó por la salida de la
Unión Europea. Que los promotores de la sali-
da, Brexit, hayan manipulado datos para mos-
trar los beneficios de separarse para los ciuda-
danos, no afecta al hecho de que la mayoría
votó en ese sentido. El gobierno en acto renun-
ció y se instaló uno nuevo que se ha compro-
metido a poner en práctica esta decisión, es
decir, activar el artículo 50 del Tratado de la
Unión Europea, que es nuevo desde el último
tratado, en el cual se define los términos de la
salida de la UE. En este artículo será activado a
principios de 2017, y entonces empezarán las
negociaciones sobre las condiciones de retirada
y sobre las nuevas relaciones entre Gran Breta-
ña y la Unión Europea.
En el ámbito interno del Reino Unido, se
plantea un problema justamente acerca de esta
unidad. De hecho, en Escocia y en Irlanda del
Norte la mayoría votó en contra de la retirada.
Algunos apuntan a la posibilidad de un referén-
dum en Escocia sobre su separación del Reino
Unido y su adhesión a la Unión Europea como
Estado independiente; otros hablan de una
reunificación de toda la isla de Irlanda…
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En la mayoría de los países, los partidos
euroescépticos dieron la bienvenida al resultado
del referéndum británico. No hay duda de que
van a evaluar posibles beneficios o desventajas,
dependiendo de los resultados de las negocia-
ciones sobre la aplicación del Brexit. Sea lo que
fuere, este suceso ha puesto en peligro la cohe-
sión de la Unión Europea.
10. Una defensa europea
En 1952, el proyecto europeo de defensa fra-
casó. Desde entonces, la defensa está a cargo
de la OTAN en la que los Estados europeos
no son rival de Estados Unidos. Estados
Unidos, no los Estados europeos, quieren que
Turquía sea miembro de la OTAN; este país
es el que ha hecho todo lo posible, tras la
caída de la Unión Soviética, para ampliar la
OTAN hasta las fronteras con Rusia. Clara-
mente, los países de Europa central y oriental
dependen de la OTAN para su defensa, países
en los que todavía se percibe a Rusia como
una amenaza.
En materia de política exterior y de defensa,
Gran Bretaña siempre se alinea con los Estados
Unidos (apoyó la intervención de Estados Uni-
dos en Irak sin un mandato de la ONU, a dife-
rencia de Francia y Alemania). Para ella siempre
ha sido impensable una defensa europea distin-
ta de la OTAN. Por su parte, los Estados Uni-
dos ha pedido a los europeos que se hagan car-
go también del costo de defensa.
Por ahora no es cuestión de que los países
europeos se retiren de la OTAN. Pero sí se
presenta una duda: al menos algunos Estados
europeos, ¿no podrían poner en común sus
recursos de defensa en una perspectiva política
compartida? Inglaterra siempre se ha opuesto.
El Brexit, por una parte, y las oportunidades de
cooperación consolidadas entre algunos países
en virtud de los tratados, por otra, ¿no permiti-
rían acaso avanzar en esta dirección?
Hay, con todo, cuestiones más profundas. Si
la UE quiere tener autonomía política común
frente a los Estados Unidos que es un socio
necesario, tendría que constituir en el seno de la
OTAN una entidad unida (en este momento, la
OTAN es tan solo una alianza entre Estados,
en este nivel la UE no existe). Ahora bien, sin
contar con una defensa en común, la UE no
tiene prácticamente ningún peso en el ámbito
geopolítico. La gestión de las diferentes crisis de
los últimos años (Georgia, Ucrania, Irak, Siria...)
lo ha puesto claramente de manifiesto.
Conclusión
Hay que decir que en este momento no hay un
proyecto común en Europa: la Unión Europea
se vacía poco a poco de su sustancia. Sin unidad
y sin proyecto político, los distintos Estados
europeos quedan a merced de la globalización,
de la maquinaria envolvente del mercado no
regulado, de las finanzas internacionales y del
equilibrio de poder entre Estados Unidos, Rusia
y China. La sociedad entera lo padece. Los be-
neficios sociales se adelgazan cada vez más. La
seguridad y la paz a mediano y largo plazo ya no
están garantizadas. Los derechos humanos, la
democracia y el Estado de derecho se hallan
amenazados.
¿Es posible una recuperación de la dimen-
sión política? Por desgracia, cabe dudarlo. Pero
siempre es posible algo inesperado.
Pese a todo, hay que mantener viva la espe-
ranza. La tradición de fe, alimentada por las Es-
crituras, nos ofrece armas espirituales y morales
para hacer frente a la adversidad o la estrechez
del horizonte. Se habló mucho acerca de las raí-
ces cristianas de Europa cuando los debates so-
bre el proyecto de una Constitución Europea.
Este sería el momento de que los creyentes ven-
gan, no a proclamar las raíces cristianas de Eu-
ropa, sino a trabajar para que den fruto en el
presente. Hay que tener la valentía de hacer que
se escuche la voz de la solidaridad en el discurso
político, esa voz que se preocupa efectivamente
de los débiles. Hay que quitar al mercado y el
comercio su aura de absoluto en las negociacio-
nes internacionales. Hay que relativizar las fron-
teras del interés nacional en beneficio de toda la
gente de Europa. Los ciudadanos esperan que se
les proponga algo diferente que tenga sentido
para ellos. ¿Acaso el Evangelio no ofrece recur-
sos, si queremos realmente creer en él? Pero aquí
nuevamente una reacción de fe evangélica es, en
el plano humano, poco probable...

Jubileo 20

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    1  misiones ypredicación  celebraciones y oración  diálogo y comunidad  e s t u d i o s y r e f l e x i ó n Jubileo solicitó a fray Ignace Berten un artículo a raíz de referéndum en el Reino Unido que con- dujo al Brexit. Publicamos este artículo acerca de la Unión Europea que aparecerá en la revista Éthique et Société de los dominicos de Buyumbura, Burundi. El grupo de trabajo Espaces en Bruselas trata estos temas que conciernen al contexto del anuncio del Evangelio en nuestros días. Un europeo perplejo y preocupado por Ignace Berten OP Centre Espaces, Bruxelles ¿Qué pasa con la Unión Europea? ¿Hacia dón- de va? Nos hallamos envueltos en una bruma espesa. Hace veinticinco años me comprometí a promover el proyecto europeo, encarnado en la Unión Europea. Sigo convencido de la impor- tancia de una institución europea al servicio de todos los ciudadanos, para garantizar la paz interna, contribuir a la paz en nuestras fronteras y en todo el mundo; en fin, para fortalecer la justicia, la solidaridad, la democracia y el Estado de derecho. Todo esto se hallaba incluido como un proyecto político en la invitación de Robert Schuman a la reconciliación de Francia y Ale- mania en 1950, valiéndose de la economía (la CECA: Comunidad Europea del Carbón y el Acero, que eran las industrias básicas de la guerra en ese momento). Se propuso clara- mente un doble objetivo: garantizar la paz y promover el crecimiento compartido. El Tra- tado de Roma (1957) da forma al proyecto al crear la Comunidad Europea a partir de seis Estados (Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo). Pero había otro objeti- vo no declarado expresamente apoyado por los Estados Unidos: constituir un bloque homogé- neo Europa-Estados Unidos para contrarrestar a la Unión Soviética. La paz, de hecho, se ha conseguido, no como resultado de la vincula- ción económica, cuanto por la alianza de la OTAN garantizada por los Estados Unidos, de modo que la unidad se da frente a un enemigo común. Lo que la Comunidad Europea ha lo- grado realmente es la reconciliación entre los países de Europa occidental que habían padeci- do tres guerras en el lapso de un siglo. Robert Schuman y Konrad Adenauer tenían como propósito final una Europa federada. El primer paso era la economía. El segundo debió haber sido crear una defensa común (CED: Comunidad Europea de Defensa), pero Fran- cia vetó el proyecto (1952). El tratado de la CED preveía la siguiente etapa: crear una Co- munidad Política Europea. El fracaso de la CED canceló enteramente la idea de una co- munidad europea de carácter político. La eco- nomía tomó las riendas del proyecto. La inte- gración de la Gran Bretaña confirmó esta orientación: lo único que importa es tener un gran mercado, excluyendo cualquier proyecto europeo de carácter político. Así que no hubo realmente ningún proyecto político, lo cual deja ver lo que eso cuesta hoy en día en credi- bilidad dentro de Europa y en el exterior. Al ir ampliando el número de países de la comunidad, se llegó a un momento de gran apertura tras la caída de los países comunistas bajo el dominio soviético, con lo cual se integró a los países de Europa central. De un pequeño 20
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    2 núcleo de seispaíses al comienzo, somos ahora veintiocho. La ampliación se quiso hacer por razones políticas, reunificar Europa, pero estu- vo mal preparada y mal ejecutada, porque las instituciones no se hallaban en condiciones de integrar un número tan grande de Estados. Por otra parte, los nuevos Estados tenían en mira especialmente sus intereses económicos en una perspectiva muy marcada del capitalismo neoli- beral, soslayando el compromiso de compartir los objetivos políticos de soberanía que abriga- ban los países fundadores. Es más, para estos países, pertenecer a la Unión Europea y a la OTAN era algo estrechamente vinculado, a saber, garantizar su seguridad. Los tímidos avances hacia una Unión Europea de carácter político que ofrecen los Tratados de Maastricht (1992) y de Lisboa (2007), que es el último tra- tado europeo, no han dado los resultados deseados. De suerte que no sólo la economía ha llevado las riendas, sino que hasta el mercado mismo se halla hoy en día desestabilizado. 1. Los intereses nacionales en competencia Europa como un proyecto común y solidario se ha venido debilitando poco a poco. El ultralibe- ralismo se ha convertido en la ideología domi- nante. En todos los Estados, la derecha se ha fortalecido y endurecido y los gobiernos de iz- quierda, los partidos socialistas tradicionales, se han acercado cada vez más a la derecha (clara- mente, por ejemplo, el gobierno de Hollande en Francia). De acuerdo con los primeros tratados, la Comisión Europea es el principal actor y ga- rante del proyecto comunitario: representa el interés general europeo. Inicialmente, había reuniones informales más o menos frecuentes de los jefes de Estado y de gobierno. Las decisiones legislativas y regulatorias se tomaban a partir de las propuestas de la Comisión a través de los diversos consejos de ministros responsables (por mayoría cualificada en el campo económico, por unanimidad en todas las demás áreas: impuestos, políticas sociales, relaciones exteriores, etc.). Desde el Tratado de Maastricht, el Consejo Eu- ropeo, que reúne a los jefes de Estado y de go- bierno, fue establecido formalmente como una de las instituciones europeas. De hecho, tendrá cada vez más poder: las orientaciones y decisio- nes más importantes se toman en este nivel. Sin embargo, este Consejo no se mueve en función del interés general europeo: es, de hecho, un espacio de negociación y en ocasiones de con- frontación entre intereses nacionales divergentes y a veces en franca competencia. Desde el Tra- tado de Lisboa, la presidencia del Consejo recae en un ex-jefe de Estado elegido por los miem- bros de la junta (por un término de dos años y medio, renovable una sola vez: el primer presi- dente por dos mandatos fue Herman Van Rompuy, de Bélgica, el presidente actual es Do- nald Tusk, polaco). Este presidente cumple una función de coordinación, pero no tiene propia- mente poder, es un facilitador de decisiones lo más común posible pero no toma decisiones, y tiene poca autoridad sobre el ámbito exterior. El Parlamento Europeo, que es la instancia normal de representación de los ciudadanos europeos, tanto en función de su tendencia ideológico-política como de su nacionalidad, ha adquirido en virtud de los tratados más poder, pero en realidad el Consejo europeo hace corto circuito con él en todas las decisio- nes de carácter político. La Unión Europea es incapaz actualmente de definir una política exterior común, espe- cialmente con respecto a Rusia, debido a intere- ses demasiado divergentes (intereses comercia- les de los Estados grandes, intereses de seguri- dad de los Estados pequeños limítrofes con la frontera rusa). La UE es incapaz de asumir una defensa común e integrada, pues la mayoría de los Estados son miembros de la OTAN y de- penden directamente de Estados Unidos para la logística del transporte, por ejemplo. Pero no puede haber una política exterior autónoma sin una defensa autónoma. En la actualidad, no hay garantía de que Estados Unidos intervendría si la Rusia de Putin amenazara a los pequeños Estados del Báltico, como lo está haciendo aho- ra en la parte oriental de Ucrania, después de haberse adueñado de Crimea. Puede que no sea de interés para Estados Unidos arriesgarse a una confrontación militar con Rusia.
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    3 Frente a latragedia de los movimientos mi- gratorios y de las solicitudes de asilo que pro- vienen del Cercano Oriente (las guerras en Siria e Irak) y del África Subsahariana (guerras, mise- ria en zonas de guerra...), la UE es incapaz de definir una política común de asilo y migración. A pesar de los esfuerzos de la Comisión, que pide un reparto equitativo de la responsabilidad de acoger inmigrantes, muchos Estados se oponen a cualquier medida de este tipo. En Hungría, por ejemplo, hubo un referéndum que se formuló en estos términos: «¿Permitirá usted que la UE solicite un traslado de ciudadanos que no son húngaros a Hungría sin la aproba- ción de la Asamblea Nacional?». Era muy obvio que la respuesta sería abrumadoramente negati- va. Sólo el 45% de los votantes registrados vo- taron y el 40% emitió un voto válido. De estos, 98.32% votaron no. Pero el referéndum fue inválido, ya que tenía que representar al menos el 50% del padrón de inscritos. La UE no tiene autoridad directa sobre la política fiscal (cualquier decisión sobre esto se halla sujeta a la unanimidad). Desde hace varios años en el mundo globalizado altamente compe- titivo, los Estados europeos han emprendido entre ellos una guerra fiscal: reducir impuestos a las empresas y al costo de la mano de obra, se han puesto a competir entre ellos. Las compa- ñías multinacionales casi no pagan impuestos en Europa. Parte del endeudamiento sumamente gravoso de muchos Estados es resultado directo de esta competencia: menor tributación significa menos recursos, por lo cual hay que pedir pres- tado para que el Estado siga funcionando. La circulación libre de trabajadores conduce también a una competencia desleal: en los secto- res del transporte y la construcción principal- mente, los trabajadores procedentes de Europa central (Polonia, Rumania, Hungría...) vienen a trabajar a Europa Occidental (Francia, Bélgica, Alemania...) a tasas de salarios y cotizaciones sociales de los países de origen, que son mucho más bajas que las de los países a los que vienen a trabajar: no es posible actualmente ningún acuerdo para regular esta competencia desleal. 2. Un aparato burocrático distante de los ciudadanos La Comisión Europea se ha convertido en una maquinaria muy pesada, mucho más laberíntica y burocrática. Se ha caracterizado por una ten- dencia reglamentarlo todo, a ocuparse de la estandarización de reglas y normas para facilitar el mercado común. Es más, la Comi- sión es consciente de una tensión en- tre, por un lado, un enfoque capitalista muy liberal en todo lo que concierne al mercado, el comer- cio, etc. y, por otro, una visión positiva de la solidaridad en asuntos de inmigración o de exilio, que es un ámbito en el cual no tiene au- toridad efectiva. El funcionamiento de la Comi- sión y la orientación de sus posiciones se hallan cada vez más marcadas por un desequilibrio entre el poder de los grupos de cabildeo, que representan a las empresas y los grandes secto- res industriales y comerciales, en contraste con las distintas ONGs que representan a los con- sumidores, los intereses propiamente sociales o culturales, etc. En casi todos los países, hay una ruptura en la comunicación y la confianza entre los ciudadanos y las instituciones europeas. Los ciu- dadanos se sienten frustrados porque tienen la impresión de que la maquina- ria europea decide por ellos sin tener- los en cuenta, que impone reglas y normas que no vienen al caso, y no perciben en qué aspectos su pertenencia a la Unión podría ser una ventaja para ellos. Por supuesto, ha habido una contribución a la paz, pero esto es vieja historia (para muchos un pasado remoto). Hay, por supuesto, circulación libre de personas, pero se teme la amenaza que viene con la apertura interna de fronteras (Schen- gen). Por supuesto, la adopción del euro facilita
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    4 muchas cosas, peroha beneficiado principalmen- te a los países más grandes, ante todo a Alemania, y ha puesto en situación difícil a Grecia, España, Italia... En todas partes el desempleo ha venido en aumento y también la pobreza, para muchos el poder de compra está cayendo. Si bien esto no es necesariamente culpa de la Unión Europea, hay que decir que esa UE no ha sido capaz de prote- ger a los ciudadanos de estas realidades negativas que afectan su bienestar. Los partidos de derecha y los partidos popu- listas surfean en esta ola de descontento (que es también falta de información sobre el funciona- miento real de la UE) para atizar sentimientos antieuropeos, euroescépticos, nacionalistas, anti- inmigrantes... En casi todos países, los partidos de extrema derecha están avanzando y están representados en el parlamento o el gobierno. En este contexto, en los últimos años y en todos los países europeos, excepto Bélgica, «Bruselas» es sinónimo de «institución europea» con una connotación siempre negativa. Los propios gobiernos han contribuido a darle esta connotación negativa, al incriminar de forma sistemática a la Unión Europea por todas las decisiones difíciles de aceptar por los ciudada- nos, decisiones que la mayoría de las veces ellos mismos han tomado colectivamente... 3. El mercado, víctima de su propio juego Schuman y Adenauer apostaron a la economía como factor de unión, y apostaron luego a un resultado político de este proceso. Un gran europeo, Jacques Delors, presidente de la Comisión de 1985 a 1995, da un nuevo im- pulso al proyecto europeo, pero él también apuesta a que el mercado conduce a la políti- ca. Con todo, tres elementos han impedido cualquier avance serio en el plano de una ma- yor integración política. En primer lugar, un factor estrictamente interno: la oposición decidida de la Gran Breta- ña a todo proyecto político europeo. Para este país, el único horizonte es el mercado en una perspectiva lo más liberal posible. Luego, está el hecho de la ampliación: los países de Europa central y oriental han mostra- do de forma consistente su desconfianza ante cualquier delegación de poder a la institución europea: conservan una memoria muy negativa del estatismo comunista. Finalmente, hay un factor externo: el gran mercado ha sido diseñado a partir de un mode- lo sobre todo interno a la UE y un tanto cerra- do. Pero la globalización ha traspasado todas las fronteras, y Europa se halla expuesta por todos lados a los vientos de esta mundialización y la intensa competencia que conlleva. Los Estados se hallan cada vez más desposeídos de su poder político sobre la economía y la sociedad. Si el tratado sobre el comercio trasatlántico (TTIP o TAFTA) fuera ratificado, los países europeos serían aún menos autónomos en la definición interna de políticas sociales, ambientales, de salud, etc., y quedarían sometidos al poder de las grandes empresas transnacionales. 4. Lo social sacrificado Únicamente el orden comercial y todo lo rela- cionado con él depende de decisiones mayori- tarias (por mayoría cualificada de dos tercios de los Estados y de los ciudadanos), en tanto que el orden social y el dominio fiscal que lo sostiene dependen de la unanimidad, por cual todo lo social queda en una posición débil frente al mercado. La competencia fiscal no hace más que acentuar esta debilidad. De los años 1950 hasta mediados de los 70, en una época de fuerte crecimiento y en una zona bien protegida, los beneficios del creci- miento podían compartirse fácilmente, y con mayor razón debido a unos sindicados pode- rosos. Todo el mundo salió ganando: la pobre- za fue reducida muy significativamente, las condiciones salariales y de vida de los trabaja- dores igual que las condiciones de vida de las personas mayores mejoraron sustancialmente. La desigualdad también se redujo. Pero el cre- cimiento se ha desacelerado bruscamente y vino luego la crisis financiera, lo cual ha desembocado en una crisis económica. Ale- mania ha impuesto en la zona del euro políti- cas de austeridad. La desigualdad ha comenza- do a aumentar de nuevo. El poder de compra
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    5 de una fracciónsignificativa de la población se ha reducido. La pobreza ha aumentado. En muchos países el trabajo industrial se ha contraído o se colapsado: en este aspecto regiones enteras ha sido devastadas. El desempleo ha creci- do con fuerza. Y en casi todas partes, se han im- puesto condiciones más estrictas o menos favora- bles para obtener prestaciones por desempleo. La UE no tiene los instrumentos necesarios para hacer frente a los problemas sociales va- liéndose de la política y la economía. Y para el ciudadano medio, esta degradación- social es culpa de la Unión Europea, soslayando que esa «Unión Europea» es esencialmente el resultado de las decisiones que han tomado los diferentes gobiernos nacionales que la componen. 5. El desafío del Islam En muchos países, si bien de formas muy dife- rentes, hay actualmente una presencia significa- tiva de población musulmana, o de origen mu- sulmán, o que viene de países musulmanes. Esta población, que emigró al comienzo por razones de trabajo, se ha asentado y son ahora emigrados de segunda, tercera, hasta cuarta generación. Es una población que fue muy dis- creta al principio, buscaba ante todo hallarse en su sitio e integrarse. Pero las nuevas generacio- nes, entre las cuales hay buen número de gente que no encuentra oportunidades en el mercado de trabajo, tienden a afirmar con vigor su iden- tidad y hacer visible su presencia. Esta visibilidad nueva está vinculada tam- bién por doble motivo al contexto internacional y geopolítico. Por un lado, la enseñanza del Islam imparti- da en las mezquitas está marcada en gran medi- da por el salafismo wahabita, que preconiza el desprecio del otro por ser no-creyente. Esta enseñanza no es de por sí violenta, pero sí dis- pone el terreno donde puede echar raíces y crecer la violencia justamente por ese desprecio de los demás. En tanto que las generaciones anteriores cultivaron un islamismo piadoso, flexible y tolerante, este wahabismo promueve internamente una observancia más rigurosa: uso del velo, alimentos lícitos (halal), ritmos de ora- ción, etc., lo cual no propicia la convivialidad. Por otro lado, tenemos el contexto geopolí- tico: el conflicto en Israel, la guerra en Siria e Irak, el fracaso total en Libia, etc. Se considera que el mundo occidental es directamente res- ponsable de este caos. Y en este ambiente, sur- gió Al Qaeda y el luego el Estado Islámico. En 2001, ocurrió el atentado terrorista de las torres de Nueva York. Desde entonces, espe- cialmente en los últimos años, ha habido múlti- ples ataques terroristas en territorio europeo, sobre todo en Francia y Bélgica. En este ambiente, el sentimiento anti-islámico (o islamófobo) crece en todas partes. Las tensio- nes se alimentan recíprocamente. En Francia y Bélgica, una corriente de pensamiento laico de tradición racionalista y positivista llegó a creer que la razón y la ciencia proporcionarían el fun- damento para una sociedad pacífica y una ética compartida, y que las religiones irían desapare- ciendo gradualmente. Había que tolerar al cris- tianismo, especialmente a la iglesia católica, pero eran cosas obsoletas que terminarían por desapa- recer. El hecho de que la Iglesia se haya retraído y que la práctica religiosa estuviera decayendo pareció darles la razón. Pero hete aquí que los musulmanes se afirman ahora de manera visible en la escena pública. Se entiende, entonces, por qué esa crispación con las mujeres que usan velo, y ese delirio con el episodio del burkini, de uso por las mujeres musulmanas en las playas, este verano en Francia... Los cristianos también se crispan de formas nuevas rechazando al otro. Y los musulmanes se sienten agredidos por la for- ma como se les mira, en un contexto sobrecar- gado por los ataques terroristas; tratan, por tan- to, de afirmar su propia identidad. Han circulado cuento y medio acerca de la invasión de Europa por los musulmanes, so- bre el fantasma de la imposición de la sharia en las principales ciudades dentro de diez o quince años... Todo esto no contribuye a una convivencia pacífica. 6. El desafío de las migraciones En el Oriente Medio y en África, muchos países son devastado por la guerra y la descomposi- ción política, a menudo por cause del islamismo conquistador que se vale del terrorismo. En consecuencia, tenemos un flujo enorme de gen- te que solicita asilo y de migrantes en el conti-
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    6 nente europeo; sinolvidar que Ucrania es otra fuente de exilados. Estos migrantes huyen de su país porque están amenazados. Vienen a sumar- se a quienes salen de su tierra por causa del hambre y la imposibilidad de tener una vida digna. Los Estados europeos de la costa medi- terránea están en el frente de una acogida que no pueden satisfacer. El Mediterráneo se ha convertido en un cementerio para miles de po- sibles beneficiarios del exilio. Grecia (a partir de Turquía) e Italia (desde Libia) son las principa- les puertas de entrada a Europa. Sería justo que la carga de la acogida humanitaria se distribuye- ra entre los diferentes países de la UE: pero la mayoría de estos se niegan a poner en práctica esta solidaridad. El acuerdo político firmado con Turquía exporta de manera vergonzosa la responsabili- dad del reconocimiento del derecho de asilo: los valores fundamentales declarados en los trata- dos europeos no se cumplen. El acuerdo se hizo en estos términos: Turquía se compromete a impedir que los migrantes se embarquen en su territorio para ir a Grecia, y acepta que regresen a su territorio aquellos que logran llegar a Eu- ropa sin cumplir con los criterios de asilo; ade- más, por cada sirio devuelto, la UE se com- promete a aceptar a un sirio llegado de Turquía que sí cumpla con los criterios, hasta un máxi- mo de 72.000 personas. La UE, por su parte, destinará un fondo para acogida de refugiados en Turquía, y se compromete a eliminar la ne- cesidad de visados para los turcos, si se cum- plen todas estas condiciones. Europa está profundamente dividida en esto. Hay un rechazo a compartir entre países la res- ponsabilidad de la acogida, y hay desacuerdos en cada país acerca de las políticas que se debe implementar. Algunos aceptan a los exilados “buenos”, o sea, los cristianos, y descartan a los musulmanes; otros quieren seleccionar inmi- grantes “buenos”, es decir, útiles en el plano económico, bien educados… Las fronteras se cierran cada vez más. Esta situación es aprove- chada por la extrema derecha para imponer regímenes autoritarios y restricciones a los de- rechos fundamentales de todos los ciudadanos: la democracia se halla cada vez más amenazada. 7. La democracia y el Estado de derecho socavados La preocupación por el terrorismo islámico crece, se impone la necesidad de garantizar la seguridad y de detectar a las personas radicali- zadas dispuestas a la acción violenta. Hombres y mujeres que han estado luchando en Siria e Irak, fueron entrenados allí ideológica y prácti- camente para llevar a cabo atentados lo más mortífero posible. Este contexto conduce a políticas de seguridad que restringen las liber- tades, implementan medidas de vigilancia ge- neralizada, ponen en cuestión el principio de presunción de inocencia ante los tribunales. Los musulmanes son víctima de controles po- liciales muy arbitrarios. En Hungría, la prensa fue sometida a censura, cientos de jueces fueron obligados a retirarse, las facultades de la Corte Constitucional han sido modificadas por ley. En Polonia, las atribuciones del Tribunal Constitucional fueron limitadas por la autoridad, algunos jueces fueron despedidos y remplazados por otros. En Rumania también, los decretos de emergencia violan los derechos de la Corte Constitucional y varios magistrados supremos fueron destituidos de sus cargos. En varios países de Europa central, los derechos de los solicitantes de asilo, definidos por la Conven- ción de Ginebra, no se respetan. A pesar de las críticas de la Comisión Eu- ropea y el Consejo de Europa, preocupados por el debilitamiento de las instituciones de- mocráticas, los gobiernos de estos países las rechazan y persisten en lo suyo. 8. Geopolítica: un entorno desestabilizado Hace setenta y cinco años, con la creación de la CECA y el embrión de Comunidad Europea, se creía haber logrado definitivamente la paz en Europa Occidental. Pronto hará treinta años que el imperio soviético se derrumbó. Pensá- bamos que habíamos llegado a una era de paz
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    7 mundial y deapertura a la democracia. Hace apenas diez años se pensaba que una guerra en territorio europeo era impensable... Pero el horizonte geopolítico abriga borrascas en estos últimos años. El conflicto entre Israel y Palestina parece cada vez más insoluble, las rela- ciones con el mundo árabe-musulmán se han envenenado. El fracaso de las inter- venciones en Irak y Libia ha mostrado las limitaciones de la potencia occidental: en vez de llevar orden y democracia, creó caos. En Siria, hay de hecho una confrontación entre Rusia y Estados Unidos, cada una de las dos potencias busca sus intereses. Para Rusia, se trata del puerto de Tartús, su único acceso naval en el Mediterráneo, pero también el riesgo de que el fundamentalismo sunita re- fuerce la inestabilidad en Chechenia y Da- guestán. Tenemos esa ciudad, Alepo, donde la seguridad de la población civil y los derechos humanos no cuentan para nada: allí hay que aplastar a la oposición interna, no a Daesh/ISIS. Para los Estados Unidos, se trata de una vía de suministro de energía del sudes- te asiático sin pasar por Rusia, pero quieren evitar una confrontación directa. Y Europa… solo mira sin poder hacer nada. La floración de “primaveras árabes” nos hizo creer que la democratización estaba en marcha y se consolidaría en Argelia, Túnez, Egipto. En Túnez, se estableció un frágil equilibrio de fuer- zas. En Egipto, una elección democrática llevó al poder a los Hermanos Musulmanes, en tanto que Mubarak fue obliga- do a renunciar. Pero los Hermanos con el presidente Morsi trataron de imponer la islamización de la sociedad. El ejército intervino y se instaló un régimen autorita- rio dirigido por el mariscal Al Sissi. En Turquía, después del fallido golpe de es- tado que ha servido como pretexto, se ha impues- to también un régimen muy autoritario y represi- vo: la prensa está amordazada, muchos jueces fueron removidos de sus puestos, la mitad de oficiales han sido detenidos o despedidos, los líderes empresariales son detenidos... En la otra orilla de Europa, la Rusia de Putin es de preocupar: la UE ha visto con impotencia cómo se ha adueñado de Crimea que pertenece a Ucrania, y cómo su intervención en el este, Donbáss, condujo a un estado de separación de la región y al control por parte de Rusia. ¿Y qué sucedería si los rusos lanzan una operación en los Países Bálticos (Letonia, Estonia, Lituania) que eran parte del espacio soviético? 9. El Brexit y las tentaciones de desintegración En el referéndum que se llevó a cabo en el Reino Unido la mayoría votó por la salida de la Unión Europea. Que los promotores de la sali- da, Brexit, hayan manipulado datos para mos- trar los beneficios de separarse para los ciuda- danos, no afecta al hecho de que la mayoría votó en ese sentido. El gobierno en acto renun- ció y se instaló uno nuevo que se ha compro- metido a poner en práctica esta decisión, es decir, activar el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, que es nuevo desde el último tratado, en el cual se define los términos de la salida de la UE. En este artículo será activado a principios de 2017, y entonces empezarán las negociaciones sobre las condiciones de retirada y sobre las nuevas relaciones entre Gran Breta- ña y la Unión Europea. En el ámbito interno del Reino Unido, se plantea un problema justamente acerca de esta unidad. De hecho, en Escocia y en Irlanda del Norte la mayoría votó en contra de la retirada. Algunos apuntan a la posibilidad de un referén- dum en Escocia sobre su separación del Reino Unido y su adhesión a la Unión Europea como Estado independiente; otros hablan de una reunificación de toda la isla de Irlanda…
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    8 En la mayoríade los países, los partidos euroescépticos dieron la bienvenida al resultado del referéndum británico. No hay duda de que van a evaluar posibles beneficios o desventajas, dependiendo de los resultados de las negocia- ciones sobre la aplicación del Brexit. Sea lo que fuere, este suceso ha puesto en peligro la cohe- sión de la Unión Europea. 10. Una defensa europea En 1952, el proyecto europeo de defensa fra- casó. Desde entonces, la defensa está a cargo de la OTAN en la que los Estados europeos no son rival de Estados Unidos. Estados Unidos, no los Estados europeos, quieren que Turquía sea miembro de la OTAN; este país es el que ha hecho todo lo posible, tras la caída de la Unión Soviética, para ampliar la OTAN hasta las fronteras con Rusia. Clara- mente, los países de Europa central y oriental dependen de la OTAN para su defensa, países en los que todavía se percibe a Rusia como una amenaza. En materia de política exterior y de defensa, Gran Bretaña siempre se alinea con los Estados Unidos (apoyó la intervención de Estados Uni- dos en Irak sin un mandato de la ONU, a dife- rencia de Francia y Alemania). Para ella siempre ha sido impensable una defensa europea distin- ta de la OTAN. Por su parte, los Estados Uni- dos ha pedido a los europeos que se hagan car- go también del costo de defensa. Por ahora no es cuestión de que los países europeos se retiren de la OTAN. Pero sí se presenta una duda: al menos algunos Estados europeos, ¿no podrían poner en común sus recursos de defensa en una perspectiva política compartida? Inglaterra siempre se ha opuesto. El Brexit, por una parte, y las oportunidades de cooperación consolidadas entre algunos países en virtud de los tratados, por otra, ¿no permiti- rían acaso avanzar en esta dirección? Hay, con todo, cuestiones más profundas. Si la UE quiere tener autonomía política común frente a los Estados Unidos que es un socio necesario, tendría que constituir en el seno de la OTAN una entidad unida (en este momento, la OTAN es tan solo una alianza entre Estados, en este nivel la UE no existe). Ahora bien, sin contar con una defensa en común, la UE no tiene prácticamente ningún peso en el ámbito geopolítico. La gestión de las diferentes crisis de los últimos años (Georgia, Ucrania, Irak, Siria...) lo ha puesto claramente de manifiesto. Conclusión Hay que decir que en este momento no hay un proyecto común en Europa: la Unión Europea se vacía poco a poco de su sustancia. Sin unidad y sin proyecto político, los distintos Estados europeos quedan a merced de la globalización, de la maquinaria envolvente del mercado no regulado, de las finanzas internacionales y del equilibrio de poder entre Estados Unidos, Rusia y China. La sociedad entera lo padece. Los be- neficios sociales se adelgazan cada vez más. La seguridad y la paz a mediano y largo plazo ya no están garantizadas. Los derechos humanos, la democracia y el Estado de derecho se hallan amenazados. ¿Es posible una recuperación de la dimen- sión política? Por desgracia, cabe dudarlo. Pero siempre es posible algo inesperado. Pese a todo, hay que mantener viva la espe- ranza. La tradición de fe, alimentada por las Es- crituras, nos ofrece armas espirituales y morales para hacer frente a la adversidad o la estrechez del horizonte. Se habló mucho acerca de las raí- ces cristianas de Europa cuando los debates so- bre el proyecto de una Constitución Europea. Este sería el momento de que los creyentes ven- gan, no a proclamar las raíces cristianas de Eu- ropa, sino a trabajar para que den fruto en el presente. Hay que tener la valentía de hacer que se escuche la voz de la solidaridad en el discurso político, esa voz que se preocupa efectivamente de los débiles. Hay que quitar al mercado y el comercio su aura de absoluto en las negociacio- nes internacionales. Hay que relativizar las fron- teras del interés nacional en beneficio de toda la gente de Europa. Los ciudadanos esperan que se les proponga algo diferente que tenga sentido para ellos. ¿Acaso el Evangelio no ofrece recur- sos, si queremos realmente creer en él? Pero aquí nuevamente una reacción de fe evangélica es, en el plano humano, poco probable...