La Inglaterra victoriana se convirtió en una potencia económica y territorial durante el reinado de la reina Victoria desde 1837 hasta 1901. Experimentó un gran desarrollo industrial y expansión colonial, aunque sufrió una crisis económica en 1873. También hubo importantes reformas políticas como la ampliación del derecho al voto y la separación de la iglesia y el estado, además de un creciente nacionalismo irlandés que llevó a conflictos sobre el autogobierno de Irlanda.