El documento critica la creciente influencia de la psicología secular en la iglesia, argumentando que 1) la psicología moderna se centra demasiado en el yo en lugar de en Cristo, 2) se basa en la sabiduría humana en lugar de la Palabra de Dios, y 3) a menudo trata problemas causados por el pecado como enfermedades mentales en lugar de confrontarlos como pecado.