Ester era una huérfana judía que se convirtió en reina de Persia. A pesar de su posición de poder, permaneció fiel a su fe judía y oró por su pueblo cuando estaban en peligro de ser asesinados. Arriesgó su vida para pedirle al rey que salvara a los judíos. Al final, su valentía y fe en Dios salvaron a su pueblo de la destrucción.