El documento aborda la resiliencia como la capacidad de superar adversidades y mantener un desarrollo positivo, incluso tras experiencias traumáticas. Resalta la importancia de un entorno humano positivo y factores protectores como la autoestima y el establecimiento de relaciones significativas para fomentar la resiliencia, particularmente en contextos educativos. Además, se enfatiza que las escuelas deben centrarse en desarrollar las virtudes de los alumnos, en lugar de solo identificar sus problemas y déficits.