Este documento resume las mejores prácticas para cursos de inteligencia emocional. Algunas de las prácticas clave incluyen: 1) evaluar a los planificadores del curso para asegurar habilidades analíticas y conciencia política, 2) utilizar múltiples fuentes de evaluación como informes propios y de colegas, 3) comunicar las evaluaciones de manera prudente dependiendo del tipo de personal, y 4) enfocarse en objetivos claros y manejables para evitar fracasos.