La composición de la población mexicana en la frontera con Estados Unidos ha cambiado, pasando de grupos rurales de escasos recursos a personas más jóvenes y educadas que buscan oportunidades laborales tanto en los EE.UU. como en las ciudades fronterizas de México. Ciudades como Tijuana han visto un aumento en la población en edad reproductiva, mientras que San Diego y El Paso presentan patrones de emigración que afectan su estructura demográfica. La interacción constante entre las dos naciones modifica la calidad de vida de los habitantes fronterizos y podría influir en su adaptación cultural y social a la vida en EE.UU.