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Universidad Nacional de Tucumán
Facultad de Filosofía y Letras
Departamento de Ciencias de la Educación
Cátedra de Historia de la Educación y la Pedagogía (Curso General)
Ciclo Lectivo 2011
Textos Curriculares para Lectura y Reflexión de los Alumnos
La Escolástica (I)
Primer Concepto y Significado
Ficha de Contenidos
Elaborada en base a los siguientes autores:
Luis P. Conde
Antonio del Todo
Carlos G. Extremeño
Luis Eduardo Cantero
Monjes medievales copistas Maestro enseñando retórica Santo Tomás de Aquino
Sinónimo de artificio verbal, de sutileza lingüística o de gran tecnicismo dialéctico, la escolástica asimiló la
filosofía pagana al cristianismo y preparó el camino para la autonomía que la filosofía y la ciencia
conquistarían a partir del Renacimiento.
Primer Concepto
Aunque se suele identificar a la escolástica con la filosofía medieval, ésta no abarca todas las
corrientes y movimientos teológicos y filosóficos que se desarrollaron en este período, como
por ejemplo la filosofía árabe y judía o las corrientes místicas.
El término escolástica proviene de la palabra latina "scholasticus" y se aplicaba a los que se
ejercitaban en la enseñanza en las escuelas monacales. Cronológicamente se desarrolló en el
periodo que abarca los siglos XI al XIV, aunque como sistema perduró hasta el Renacimiento y
el siglo XVII, aunque ya sin vigencia. En el siglo XIX se produce un resurgimiento de la
escolástica denominado "neo-escolástica" y en el XX surgirá un "neotomismo", cuyas figuras
más representativas fueron J. Maritain y E. Gilson.
Los antecedentes inmediatos de la escolástica los encontramos en el final de la patrística,
momento en el que se estableció definitivamente una conciliación entre la filosofía griega,
fundamentalmente el platonismo y el neoplatonismo, y el pensamiento cristiano. La diferencia
fundamental entre ambos estriba en que si la síntesis entre filosofía y cristianismo en los últimos
padres de la Iglesia se llevó a cabo a través del platonismo, los escolásticos se apoyarán en
Aristóteles, filósofo que presentaba muchas más dificultades para armonizarse con los dogmas
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de la Iglesia y que produjo una seria discusión en torno a la relación que debía establecerse entre
la fe (creencias cristianas) y la razón (filosofía) al cabo de la cual, al final del siglo XIV, ambos
ámbitos del conocimiento terminaron por independizarse definitivamente.
En la síntesis entre aristotelismo y cristianismo se halla la causa de que para muchos
historiadores la escolástica no sea concebida como una filosofía propiamente dicha, sino como
una teología desarrollada filosóficamente, es decir, una "sierva de la teología". Sea como fuere,
la escolástica se convirtió en el movimiento teológico-filosófico más importante de la Edad
Media, pudiendo distinguirse tres fases en su desarrollo:
La Escolástica (II)
Las Etapas de su desarrollo
Luis Eduardo Cantero
1. La Alta Escolástica
Tuvo lugar durante los siglos XI y XII, período caracterizado por las grandes cruzadas, el
resurgimiento de las ciudades y por un centralismo del poder papal que desembocó en una lucha
por las investiduras.
La figura más descollante de esta época fue Anselmo de Canterbury (1033-1109). Considerado
el primer escolástico, sus obras Monologion y Proslogion tendrán una gran repercusión
posterior. En ellas se lleva a cabo una demostración de la existencia de Dios a partir de las ideas
que tenemos sobre Él. Esta prueba, denominada por Kant "argumento ontológico", será
duramente criticada por Tomás de Aquino y reelaborada por Descartes en sus Meditaciones
metafísicas.
La figura de Pedro Abelardo (1079-1142) destacará por la renovación de la lógica y la dialéctica
y por crear el método escolástico de la quaestio, un "problema dialecticum" a partir del cual se
podría construir un sistema coherente sobre el mundo y la vida. Su obra Sic et Non, desarrolla
las quaestiones disputatae, en las cuales se abordaba un tema determinado al que se añadía una
presentación sistemática de argumentos contrarios y su solución.
En el siglo XII, la escuela de Chartres se renueva con las figuras de San Bernardo (muerto en
1124), Thierry de Chartres, Bernardo Silvestre y Juan de Salisbury. Influenciados por el
platonismo, el estoicismo y la ciencia árabe y judía, su interés se centró fundamentalmente en el
estudio de la naturaleza y en el desarrollo de un humanismo que entrará en conflicto con las
tendencias místicas de la época representadas por Berrnardo de Claraval (1091-1153). Hugo de
San Víctor, sin embargo, llevará a cabo una conciliación entre misticismo y escolasticismo,
siendo además el primero que escribió una Summa Teológica en la Edad Media.
2. La Gran Escolástica
El apogeo de la escolástica coincide con el siglo XIII, momento de auge de la Europa medieval
en la que se empiezan a configurar sus Estados, siendo Francia el país hegemónico. En este
siglo se fundan las universidades y surgen las órdenes mendicantes (dominicos y franciscanos),
de donde procederán la mayoría de los teólogos y filósofos de la época. Fueron precisamente los
dominicos los que asimilaron la filosofía de Aristóteles a partir de las traducciones e
interpretaciones árabes de Avicena y Averroes. Los franciscanos seguirán la línea abierta por la
patrística, y asimilarán el platonismo, que era mucho más armonizable con los dogmas
cristianos. Entre los franciscanos destacan Alejandro de Hales, San Buenaventura (1221-1274) y
Roberto Grosseteste, aunque este último perteneció también a la Escuela de Oxford, mucho más
centrada en investigaciones científicas y en el estudio de la naturaleza y una de cuyas
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principales figuras fue Rogerio Bacon (1210-1292), defensor de la ciencia experimental y de la
matemática.
El autor más importante de este período y de toda la escolástica en general, fue Tomás de
Aquino (1225-1274). Fraile dominico, discípulo de Alberto Magno, llevó a cabo la más
sistemática síntesis entre pensamiento cristiano y aristotelismo, aunque integró también muchos
aspectos del platonismo. Sus dos mayores obras, la Summa Theologica y la Summa contra
gentiles, delimitaron el campo de la filosofía y la teología a partir de la diferenciación entre los
preámbulos de la fe y los artículos de fe. Tomás de Aquino aceptó el empirismo aristotélico, su
teoría hilemórfica y la distinción entre dos clases de intelectos. De la filosofía árabe tomó la
distinción ajena a los griegos entre la esencia y la existencia, a partir de la cual elaboró sus
argumentos cosmológicos para demostrar la existencia de Dios: las cinco vías tomistas.
La demarcación entre filosofía y creencia religiosa llevada a cabo por Tomás de Aquino será el
inicio de un proceso de independización de la razón que empezará en el siglo siguiente y que
representará el fin de la filosofía medieval y el comienzo de la filosofía moderna.
3. Decadencia de la Escolástica
El Siglo XIV es una época de profunda crisis económica, política y social. Las hambrunas, la
peste y una crisis económica agravada por la guerra de los Cien Años anunciarán el final de la
Edad media, donde se produce la definitiva separación entre Iglesia y Estado. Coincidente con
este período, la escolástica comenzará su decadencia, rompiéndose definitivamente el acuerdo
entre la razón y la fe o la teología y la filosofía: ambas han de ir por caminos separados. Los
máximos representantes de esta etapa son J. Duns Escoto (1266-1308) y Guillermo de
Ockham (1290-1349). Para Duns Escoto, franciscano de origen escocés, autor de dos
comentarios a las Sentencias de Pedro Lombardo, el tema central de la filosofía ya no es Dios,
sino el ser en cuanto ente (ens). Se produce una ruptura entre la fe y la razón necesaria para
permitir la independización de la filosofía y la ciencia.
Sin embargo, será Guillermo de Ockham el que lleve a cabo la mayor crítica del
escolasticismo y a sus conceptos metafísicos fundamentales. Su famoso principio de economía,
denominado "la navaja de Ockham", postulaba que era necesario eliminar todo aquello que no
fuera evidente y dado en la intuición sensible: "el número de entes no debe ser multiplicado sin
necesidad". En el acto de conocer hemos de dar prioridad a la experiencia o "conocimiento
intuitivo", que es un conocimiento inmediato de la realidad (particular).
Si todo lo que existe es singular y concreto, no existen entidades abstractas (formas, esencias)
separadas de las cosas o inherentes a ellas. Los universales son únicamente nombres (nomen) y
existen sólo en el alma (in ánima). Esta postura, conocida como nominalismo, se opone a la
tradición aristotélico-escolástica, que era fundamentalmente realista. Los conceptos universales,
para Ockham, no son más que procesos mentales mediante los cuales el entendimiento aúna una
multiplicidad de individuos semejantes mediante un término. El nominalismo conduce a afirmar
el primado de la voluntad sobre la inteligencia. La voluntad de Dios no está limitada por nada
(voluntarismo), ni siquiera las ideas divinas pueden interferir la omnipotencia de Dios. El
mundo es absolutamente contingente y no ha de adecuarse a orden racional alguno. El único
conocimiento posible ha de basarse en la experiencia (intuición sensible). La teología no es una
ciencia, ya que sobrepasa los límites de la razón: la experiencia. Después de Ockham, la
filosofía se liberará de la teología y la ciencia comenzará su andadura autónoma.
4. Representantes y Momentos de la Escolástica
La filosofía escolástica que se extiende desde el siglo V hasta el siglo XV puede dividirse en
cuatro periodos resumidos en el siguiente esquema (BERMEDO, 1987: 43 – 44).
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a) Período de Transición (Siglos V a VIII)
Boecio (480-524)
Casiodoro (480-575)
Isidoro de Sevilla (570-636)
Beda, el Venerable (672-735
b) Período de Formación (Siglos IX a XII)
Corriente cristiana: 1) Escuela de Carlomagno, 2) Escuela de Chartres y 3) San Víctor
1) Juan Escoto, San Anselmo y Abelardo (810-1142)
2) Gilberto de Porree y Juan de Salisbury (1076-1180)
3) Escuela de San Víctor (1096-1141)
Corriente Oriental : 1) Filosofía Árabe 2) Filosofía Judía
1) Avicena y Averroes (1193)
2) Maimónides (1135-1204)
c) Período de Apogeo (Siglo XIII)
Agustinismo Neoplatónico: Alejandro de Hales y Buenaventura (1175-1274)
Aristotelismo Averroista: Guillermo de Auvernia (1180-1249)
Aristotelismo Cristiano: Alberto Magno y Tomás de Aquino (1206-1274)
d) Período de Decadencia (Siglo XIV)
Reacción contra el tomismo: Duns de Scotto (1266-1308)
Nominalismo: Guillermo de Occam (1288-1349)
Occamismo filosófico: Nicolás de Autrecourt (1300-1350)
Occamismo científico: Juan Buridán y Nicolás de Oresme (1360-1382)
Escolástica (III)
Características Generales e Historia
Introducción
Luis P. Conde
Con la expresión escolástica suele designarse el pensamiento filosófico y teológico cristiano de
la Edad Media, en particular el que se desarrolla a partir del Siglo IX, y también, a veces, la
labor que, en el mundo moderno, mantiene y prolonga las grandes líneas del pensamiento
medieval. Propiamente la E. surge como movimiento que busca una profundización en el
conocimiento de las Sagradas Escrituras y de Dios. Movimiento determinado por dos factores:
por una parte la herencia de los Padres y de la llamada Patrística, en especial S. Agustín, y por
otra la herencia filosófica recibida de la antigüedad: Platón, cuyas ideas, a través de S. Agustín,
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influyeron de modo notable en una de las más fecundas escuelas medievales y de modo especial
Aristóteles, traducido e introducido por Boecio. El contenido filosófico de este movimiento fue
de tal importancia que hoy en día, para muchos, el nombre de Escolástica tiene resonancias
exclusivamente filosóficas.
El contenido filosófico de la E. se debe fundamentalmente al deseo de los pensadores
medievales de tener un instrumento que le permita un mayor perfeccionamiento de la ciencia
referente a Dios. Este instrumento les es proporcionado por la filosofía aristotélica y platónica.
La entrada de Aristóteles en el mundo medieval se produce en una triple fase: la primera
entrada, hacia el Siglo X, se produce con la traducción e introducción de la Logica vetus; las
Categorías proporcionan al pensador medieval un análisis y una clasificación de las nociones, y
la Perihermeneia, un análisis de las proposiciones; así el trabajo teológico estará bajo el
régimen de la gramática. La segunda entrada, hacia el Siglo XII, consiste en la traducción de los
otros libros de Organon: Primero y segundo analítico, que es un estudio científico del silogismo
y de las diferentes especies de demostración, los Tópicos y los Problemas sofísticos, gire es un
estudio del razonamiento probable, y de sus diferentes lugares; es decir, una teoría del saber y
de la demostración; a lo que responderá en las escuelas urbanas una teología que se formulará
en problemas, en cuestiones; que se detendrá más en los problemas especulativos, sin depender
tanto del texto. Se puede hablar así de una teología bajo el régimen de la dialéctica entendiendo
esta palabra en su sentido general de tratamiento por el razonamiento lógico.
La tercera entrada de Aristóteles a principios del s. XIII trae a la ciencia sagrada un fermento
filosófico que ya no es puramente formal, sino que tiene que ver con el orden de los mismos
objetos, y el contenido del pensamiento. Aristóteles, y la filosofía, se introdujeron en el
pensamiento cristiano no como maestro del razonar, sino como un maestro en el conocimiento
del hombre y del mundo; aporta una metafísica, una psicología, una ética. La teología se
constituye entonces, al menos con S. Alberto Magno y S. Tomás, bajo el régimen de la filosofía.
Este saber filosófico y teológico se inicia especialmente en las escuelas, tanto catedralicias,
como más tarde en urbanas y monásticas, y en las universidades que como evolución de ellas
comienzan a aparecer en la época. De aquí la denominación de escolástica palabra derivada del
término latino schola, íntimamente relacionado a su vez con el vocablo griego scole, que
significa ocio; schola equivaldrá luego a clases, escuela, grupo intelectual. En Cicerón aparece
ya schola con los significados de lección, de aula y de grupo filosófico. Scholasticus en
Quintiliano equivale a retórico, profesor de elocuencia; más tarde, significará sencillamente
profesor. La mayor parte de los autores ven en la filosofía un instrumento de la teología, pero ya
en el Siglo XIII en la Universidad de Artes de París se encuentra un conjunto de profesores que
piden enseñar la lógica, la física y la moral de Aristóteles, sin preocuparse de otras disciplinas,
ni de los intereses superiores de la Teología.
En el primer artículo se estudiarán las características generales, fundamentalmente filosóficas,
de lo que suele denominarse Escolástica (que no es en realidad una escuela o línea de
pensamiento uniforme y cerrada, sino de una enorme variedad; es más una época de la Filosofía
que una escuela en el sentido estricto del término). Y en el artículo siguiente se analizarán los
autores y escuelas principales a lo largo de la historia, con especial atención a sus implicaciones
teológicas. Más datos sobre autores y corrientes de la E. se tratan en los artículos MEDIA,
EDAD III; MODERNA, EDAD III; NEOESCOLÁSTICOS.
I. Características Generales
Antonio del Toro.
El giro esencial, en la perspectiva y en el método, que se produjo en el pensamiento filosófico a
partir de Descartes, contribuyó, entre otras cosas, a difuminar las diferencias existentes entre los
grandes pensadores medievales y a presentar como un conjunto unitario enfoques y soluciones
de innegable variedad. Sucedió además, que la llamada filosofía moderna surgió y se mantuvo,
durante más de un siglo, al margen de las universidades, en las que se seguía impartiendo, por lo
común, la «filosofía de la escuela». La contraposición esencial de filosofía medieval y filosofía
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moderna, sin embargo, junto al hecho demostrado del poderoso influjo del pensamiento
musulmán en el judío y en el cristiano, ha originado una ampliación del significado de filosofía
escolástica, que, para algunos, equivale, casi sin más, a filosofía medieval. En esa línea se habla
de Escolástica musulmana, cristiana, judía. Por otra parte, algunos pensadores e historiadores
llegaron a confundir filosofía escolástica con filosofía cristiana, debido a la peculiar vinculación
entre razón y fe que caracteriza la obra de los grandes pensadores del Medievo. Y en esa línea
ha podido hablarse de escolástica bizantina, nestoriana, etc.
Finalmente, el enfrentamiento de la filosofía moderna con la filosofía escolástica, a la que se
consideraba, injustamente, manifestación del oscurantismo y dogmatismo medievales, condujo
al descrédito de la palabra «escolástica». De ahí que haya podido hablarse «de escolástica en
cada uno de aquellos momentos de la historia de la filosofía, en los cuales el trabajo filosófico
consistiera predominantemente (o hasta exclusivamente) en la elaboración de detalles, sin poner
jamás en tela de juicio los principios» (J. Ferrater Mora, Escolástica, en Diccionario de
Filosofía, 1,550). V. T. NEOESCOLÁSTICOS I.
Estas ampliaciones en el significado, incluso en el sentido, de filosofía escolástica son, sin duda,
un dato histórico. Pero también lo es que la Escolástica (nombre propio) es el pensamiento
cristiano medieval y su continuación, en lo que tiene de más peculiar, hasta nuestros días. La
filosofía escolástica abarca, pues, tres periodos fundamentales: 1) desde el siglo IX hasta el XV;
2) los siglos XVI y XVII, para los que se habla de segunda escolástica o Renacimiento
escolástico; 3) los siglos XIX y XX, a los que se alude como Neo-escolástica o Restauración
escolástica. Casi todos los grandes maestros o cabeceras de escuelas pertenecen al primer
periodo; en el segundo, sin embargo, está Suárez. Es de destacar, además, el predominio del
tomismo en la segunda etapa, y sobre todo en la tercera. La escolástica está constituida por un
conjunto de escuelas filosóficas y teológicas de bastante mayor variedad que la que da a
entender la unidad de rúbrica que le aplicamos, lo que no es obstáculo para que podamos
encontrar en ella algunos rasgos comunes. Escoto Eriúgena, S. Anselmo, Abelardo, S. Tomás,
Duns Escoto, Ockham y Suárez, p. e., constituyen una panoplia de enfoques acusadamente
heterogéneos. A pesar de ello, podemos caracterizar la filosofía escolástica, a grandes rasgos,
por los siguientes aspectos:
1. La filosofía, «ancilla theologiae». Es éste el aspecto más sometido a polémica del
pensamiento medieval, como consecuencia de muy diversos factores. Han jugado en su
enjuiciamiento la diferencia de sensibilidad entre el mundo medieval y el moderno, la carencia
de sentido histórico de la Ilustración, la peculiar problemática de las relaciones entre el Trono y
el Altar en los siglos XVIII y XIX, el enfrentamiento dialéctico entre catolicismo y
protestantismo sobre todo en la vertiente liberal de este último, los problemas surgidos con la
aparición de la ciencia moderna, etc. Para comprender adecuadamente la expresión es preciso
tener en cuenta que los autores medievales eran creyentes, y creyentes preocupados por expresar
su fe en una comprensión del mundo que fuera reflejo de sus creencias. Eran, por tanto, teólogos
y fue, por tanto, como teólogos que se sintieron animados a ocuparse de la filosofía, ya que -y
éste es un rasgo que debe ser subrayado- consideraron que el saber natural podía contribuir, si se
lo asumía desde la fe, a profundizar en la fe misma. La vinculación entre la problemática
religiosa y la filosófica es, por lo demás, común a todas las culturas. La peculiaridad de la E. no
está ahí, sino en rasgos que derivan en parte del cristianismo y en parte de su coyuntura cultural.
En cuanto a lo primero, digamos que el cristianismo, por su afirmación de la Revelación divina
como fuente de conocimiento cierto, lleva espontáneamente a asumir desde la fe el saber
racional; y en este sentido el intento escolástico está en relación con la Patrística y con el de
otros cristianos posteriores. En cuanto a lo segundo, digamos que esa labor fue realizada en la
Edad Media en un contexto escolar, es decir en centros de enseñanza, por religiosos y clérigos y
con un método, corriente que luego se detalla. Añadamos que la consideración de la filosofía
como ancilla ilicologiae no implica en modo alguno una depreciación o manipulación de la
misma, sino una forma de usar de ella. Como decía Péguy, para que algo pueda realizar una
función ele servicio necesita primero ser potenciado y cultivado.
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2. Armonía de fe y razón. El problema de la relación entre el dato revelado y las conquistas de
la razón humana ofrece en la e. un ramillete de soluciones muy variadas, pero en el trasfondo de
todas ellas está la convicción esencial del acuerdo absoluto de ambas. La corriente agustiniana
mantendrá las suspicacias frente a las meras capacidades humanas, pero con clara referencia al
hombre caído. «Desde los orígenes patrísticos hasta fines del Siglo XIV, la historia del
pensamiento cristiano es la de un esfuerzo incesantemente renovado para manifestar la
conformidad entre la razón natural y la fe, cuando esa conformidad existe, y para lograrla,
cuando no existe». Por otra parte, el fides quaerens intellectum, que, explícito ya en San
Anselmo, preside toda la labor teológica medieval, es una manifestación innegable de la radical
confianza en la capacidad racional del hombre para penetrar, explicitar y exponer el contenido
de la fe (v. RAZÓN II).
3. Sentido de la autoridad. La teología es una ciencia que parte del dato revelado. La palabra
de Dios es la última ratio en cualquiera de sus cuestiones. Y esa palabra de Dios es la que da
autoridad a la Escritura y a los Padres, en cuanto que aquélla y éstos, aunque en distinto grado,
son testigos de la fe de la Iglesia. Sin duda, este peculiar sentido de la autoridad, hondamente
vivido por los teólogos medievales, está también presente en su labor filosófica. La autoridad de
los Santos Padres, aun en el plano filosófico, es comúnmente reconocida. Pero no conviene
exagerar este dato. Los grandes pensadores medievales no reconocieron plena autoridad a
filósofo alguno. «Amicus rneus Plato, sed magis veritas» es, en esa forma, un adagio
escolástico. La variedad de interpretaciones de los textos escriturísticos y patrísticos tampoco es
una muestra de excesiva sumisión a la autoridad.
4. El método. El método escolástico aparece ya sustancialmente constituido en Abelardo.
Consiste, esquemáticamente, en la contraposición, ante cualquier problema, de las diferentes
soluciones dadas al mismo, en especial de las ofrecidas por las «autoridades». El profesor
defiende luego su solución, y, finalmente, aclara el sentido de las soluciones expuestas al
principio, para, sin contradecir a las autoridades reconocidas, hacer congruentes sus palabras
con la solución defendida. El método pone de manifiesto con toda claridad el respeto a las
autoridades, pero también la capacidad de maniobra reconocida y aceptada en las escuelas, y
luego en las universidades, a sus maestros para utilizar pro domo sua los textos de aquellas
autoridades.
5. Las técnicas expositivas. La E. es, como queda dicho, el pensamiento enseñado en los
centros docentes medievales. La función escolar imprimió carácter a las técnicas expositivas. La
lecho era el comentario hecho en clase de un texto teológico, filosófico o jurídico. La quaestio
era una especie de certamen dialéctico sobre un problema determinado, bajo la presidencia de
uno o varios maestros. De las lectiones proceden los innumerables comentarios de todo orden
que nos ha legado la escolástica. Las Summas son exposiciones sistemáticas y completas de los
problemas teológicos, destinadas por lo común a los escolares. Tanto el método, pues, como la
estructura de las obras escolásticas ponen de manifiesto la profunda influencia que la función
docente ejerció en el desarrollo de la filosofía medieval (v. II).
6. El logicismo. Se ha subrayado con frecuencia la importancia que el problema de los
universales (v.) tiene en la escolástica. El descubrimiento de la lógica aristotélica en el s. XI
produjo un peculiar deslumbramiento y dio origen a conocidas polémicas. Quizá ello marcó
para siempre a la e., cuyo formalismo es innegable. En los momentos de decadencia, las
preocupaciones formalistas se acentúan, pero nunca están del todo ausentes. Son los «nombres»
el punto de partida de la mayoría de los problemas. No debemos dejarnos engañar por los
planteamientos, sin embargo. A través del problema del «nombre» se busca la realidad
nombrada. Y así, p. ej., tras la analogía de la palabra «ser» está la analogía del ser mismo,
aunque en el término «analogía» haya quedado impresa la forma como se ha planteado el
problema.
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7. Otros rasgos. Maurice de Wulff consideraba el pluralismo metafísico como lo más esencial y
característico de la escolástica. Sin duda, es un aspecto bastante común del pensamiento
medieval, pero ni se da en todos los escolásticos ni sólo en ellos. Tampoco el aristotelismo es un
dato particularmente expresivo de la filosofía escolástica medieval, aunque sí lo sea, en mayor
parte, de su continuación en el mundo moderno. Hasta el s. XIII no hay, en verdad, aristotélicos,
y, a partir de entonces, durante el Medievo, los aristotélicos tampoco son mayoría. Los rasgos
que aquí hemos subrayado como característicos de la E. no deben tomarse aisladamente, ya que
varios de ellos no son exclusivos de este amplísimo movimiento. Es el conjunto de tales rasgos
el que delimita, según creemos, la filosofía escolástica, en particular la medieval.
Bibliografía
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J. FERRATER MORA, Escolástica, en Diccionario de Filosofía, 5 ed. Buenos Aires 1965, 548-552;
G. FRAILE, Historia de la Filosofía, II, Madrid 1960;
G. FRITZ y A. MICHEL, Scolastique, en DTC 14,1711 ss.;
É. GILSON, El espíritu de la filosofía medieval, Buenos Aires 1952; ÍD, La filosofía en la Edad Media,
2 ed. Madrid 1965,
M. GRABMANN, Die Geschichte der scholastischen Methode, Friburgo de Brisgovia 1909-11; A.
MASNOVO, Una polemica intorno al carattere fondamentale della filosofía scolastica, «Rivista di
Filosofia Neo-Scolastica» 20 (1928) 123-127;
H. D. SIMONIN, Qu'est-ce que la scolastique?, «La Vie Intellectuelle» 10 (1931) 234242;
F. VAN STEENBERGHEN, L'organisation des études au moyen âge et ses répercussions sur le
mouvement philosophique, «Rev. Philosophique de Louvain» 52 (1954) 572-592;
S. VANNI ROVIGHI, Scolastica, en Enciclopedia Filosófica, V, 2 ed. Florencia 1967,
1171-1176; J. ZARAGUETA, Escolástica y filosofía cristiana, «Revista de Filosofía» 6, Madrid 1947,
583-646.
II. Historia
C. García Extremeño
1. Escolástica Incipiente
La escolástica se caracteriza por la introducción en Teología del método dialéctico y de la
Filosofía, especialmente la aristotélica, y por el tratamiento sistemático de los problemas
teológicos. Florece en la Edad Media merced a las escuelas catedralicias y conventuales,
pujantes en Alemania, Inglaterra y Francia. Su comienzo se sitúa a finales del s. XI, con S.
Anselmo de Canterbury considerado padre de la escolástica. El uso radicalizado de la dialéctica
y de la filosofía en Teología, entraña el peligro de racionalización de la verdad revelada. De ahí
que grandes maestros, como Bernardo de Claraval, que descubre y ataca los errores de Abelardo
y Gilberto Porreta, denuncien el peligro y aboguen por la vuelta a las fuentes, y al uso comedido
de la lógica aristotélica. El movimiento doctrinal que arranca de estos maestros se continúa,
sobre todo en las escuelas de París. Desde mediados del s. XII florecen allí las escuelas de San
Víctor, Santa Genoveva, Nuestra Señora, etc.
a. Las escuelas. Se llaman así no sólo los centros donde se impartía la enseñanza teológica
conforme a una línea doctrinal determinada, sino también la concordancia de los doctores en esa
tendencia doctrinal, nervio del sistema, aunque se encontrasen separados en el tiempo y en el
espacio. S. Anselmo de Canterbury tuvo discípulos preclaros, pero no puede decirse que
formara escuela, pues sólo sus doctrinas sobre la libertad y el pecado influyeron en la teología
posterior.
La escuela de Anselmo de Laón y de Guillermo de Champeaux. El de Laón ejerció enorme
influencia en la exégesis bíblica, así como en las Quaestiones y Sententiae. El segundo
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CHAMPEAUX, GUILLERMO DE) es considerado como el fundador de la escuela de San
Víctor, cuna de verdaderas lumbreras teológicas y emporio del saber de aquel tiempo.
La escuela de Abelardo contribuyó poderosamente a perfilar el método escolástico, pero llevado
al exceso en el uso de la dialéctica y de la filosofía. Ejerció enorme influencia en Gilberto
Porreta, perteneciente a la escuela de Chartres de tendencia platónica, y que tuvo sus mejores
representantes en Bernardo y Teodorico de Chartres y Juan Salisbury. La escuela de Pedro
Lombardo. Tiene ya en esta época Pedro Lombardo seguidores que glosan su obra clásica de las
Sentencias. Merecen citarse Pedro Comestor (m. 1178) y Pedro de Poitiers (Pictaviense, ca.
1130-1205), quien influyó notablemente en la Teología, tanto por su largo magisterio como por
su obra maestra Sententiarum libri V. Las Sumas de Martín de Cremona, Pedro de Capua (m.
1242), Simón de Tournai, etc., llevan el sello de este ilustre maestro. La escuela de Prepositino
de Cremona. El Prepositino es, después de Lombardo, el autor más citado por los escolásticos.
Escribió dos Sumas, una de índole apologético, diversas Quaestiones y un tratado De Officio
(liturgia), notables por su carácter científico y por la profundidad de pensamiento. En la segunda
mitad del s. XII algunos autores usan la Teología para una mejor comprensión de la S. E. y
como fundamento de la conducta moral y sacramentarla. Predomina la practicidad sobre la
especulación. Nombremos entre otros a Pedro Comestor, Pedro Cantor (m. 1197) y Roberto de
Courcon (ca. 1155-1218). No se debe olvidar a Esteban Langton, cardenal arzobispo de
Canterbury, por sus comentarios escriturísticos.
b. Métodos de enseñanza y géneros literarios. En estas escuelas encontramos los primeros
cursos de dogmática especulativa fundamentados en las enseñanzas de los Padres: Sententiae
Patrum. La verdad revelada se expone lógica y ordenadamente con ayuda de la dialéctica y de
las auctoritates Patrum. Nace así el género sentenciarlo, punto de partida para la especulación
más racional y sistemática de la alta escolástica. Las Sentencias son compilaciones de tesis,
cuestiones y soluciones basadas en los textos de los PP. y de los maestros anteriores. Hechas de
modo sistemático. Vemos esbozos de este género en Isidoro de Sevilla, Jonás de Orleáns y
Rabano Mauro. Pero las más famosas son las de Pedro Lombardo que sirvieron de texto hasta
comienzos del s. XVI, y fueron comentadas por parte de los grandes maestros de la Edad de
Oro. De este periodo son también las Sentencias de Roberto de Melun y del Pietaviense.
Las Sumas. Aparecen a principios del s. XII. Más originales que las Sentencias, se independizan
de las auctoritates de los PP. y de los maestros. Abordan las cuestiones teológicas ordenándolas
sistemáticamente de un modo más original y personal respecto a las Sentencias, encontrándose
ya esbozado el método escolástico posterior de cuestiones y disputas. En la e. incipiente son
dignas de mención las de Hugo de San Víctor, Odón de Lucca, Guillermo de Auxerre y otros ya
citados. Tienen como fuente principal de inspiración a S. Agustín, si bien emplean cada vez más
la lógica aristotélica.
Comentarios a la S. E., en base a textos patrísticos compilados ordenadamente, la E. incipiente
nos ha legado comentarios a la Biblia, de modo especial a S. Pablo. El Antiguo Testamento,
exceptuados los salmos, es totalmente olvidado, e incluso los Evangelios son menos estudiados.
Señalemos el Comentario paulino impreso bajo el nombre de Bruno el Cartujano, que formó
escuela, la Glosa ordinaria e interlineal de Anselmo de Laón y las Epístolas paulinas,
comentadas por Gilberto Porreta y Pedro Lombardo.
Las Cuestiones se encuentran ya esbozadas en este tiempo con Bruno el Cartujano y
perfeccionadas en la escuela de Anselmo de Laón. La quaestio tuvo su origen con la lectio al
encontrarse con dos sentencias opuestas, si bien no se llega entonces a la verdadera disputa de la
quaestio posterior. Son raras las Cuestiones con razones en pro y en contra. Merece excepción
la obra de Odón de Ourscamps y su escuela, siendo ejemplo de este género la de Simón de
Tournai (m. 1113). Las Distinciones son explicaciones de un texto de la Escritura o de otro
libro, bajo su significación histórica, alegórica, tropológica y anagógica. Las más importantes
son las de Pedro Cantor, Pedro de Poitiers, el Prepositino y Alano de Lila (1128-1203). Estudios
monográficos no faltan tampoco en este periodo siendo de notar los de Anselmo de Canterbury,
Juan de Cornualles, y los redactados en forma de diálogo por Abelardo y Hugo de San Víctor.
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2. La Edad de Oro de la Escolástica (Siglo XIII)
Varios factores contribuyeron al esplendor de la Escolástica en el s. XIII: la fundación de la
Universidad de París circa 1200, congregándose en ella las diversas escuelas parisinas; la
aparición de las órdenes mendicantes y el conocimiento de las obras de Aristóteles y de la
filosofía árabe-judía.
a. Los mendicantes. Comenzaron pronto a desempeñar cátedras en la Universidad de París.
Esto acontece porque algunos profesores abrazan el estado religioso sin abandonar su enseñanza
universitaria. A su muerte otro miembro de la Orden les sucedía en la cátedra. Así los
dominicos entran mediante Rolando de Cremona y los franciscanos por medio de Alejandro de
Hales. Esto no se logra sin viva oposición de los seculares. Guillermo de S. Amour, corifeo de
la oposición, encontró cumplida réplica en S. Buenaventura y en S. Tomás de Aquino,
quedando zanjada la cuestión por intervención de Alejandro IV en favor de los mendicantes.
Éstos contribuyeron además al florecimiento de la Teología en este tiempo, por medio de sus
Estudios Generales ubicados en sus provincias religiosas. También los carmelitas y agustinos
comenzaron a ejercer al magisterio en la U. de París.
b. El aristotelismo es lo más peculiar de la Teología Escolástica. Anteriormente se empezó a
usar la Lógica aristotélica, pero ahora son la Física, la Metafísica, la Ética de Aristóteles las que
entran en juego para iluminar las cuestiones teológicas. Los teólogos del s. XIII conocen
también las obras de Avicena, Algazel, Averroes, Avicebrón, Maimónides. El empleo de estos
autores no se hizo sin peligro, pues muchas de sus doctrinas no encajaban con las enseñadas por
la tradición anterior, y algunas eran abiertamente opuestas al dogma. Los recelos suscitados
contra ellas no eran infundados, y pronto el averroísmo penetró en la Universidad de París,
continuando allí por mucho tiempo y extendiéndose especialmente en Italia, a pesar de las
condenas de la Iglesia. En el uso de Aristóteles y de la filosofía árabe-judía hay varias
tendencias. Unos, permaneciendo fieles al método y al agustinismo anteriores, lo emplean como
mera ilustración y algo accesorio. Se manifiesta este proceder en la escuela franciscana, en la
primitiva escuela dominicana y en casi todos los representantes del clero secular. Mas la
influencia de esas filosofías va penetrando cada vez más en esas escuelas, de modo que su
agustinismo no es ya el mismo que el de los victorinos.
Otros acogen esas filosofías con sus errores y oposiciones al dogma, sin intentar un contraste de
las mismas. Son los iniciadores del averroísmo cristiano: Siger de Bravante, Boecio de Dacia y
otros. Finalmente, hay quienes tratan de armonizar las nuevas doctrinas con las de la fe,
rechazando las opuestas a ella, contrastándolas con el acervo doctrinal agustiniano recibido. De
este modo los grandes principios del Estagirita sobre el ser, el acto y la potencia, la materia y la
forma, etc., servirán para la especulación teológica de los grandes maestros Alberto Magno y
Tomás de Aquino. Con ellos S. Agustín y Aristóteles se daban la mano. Se creaba el
aristotelismo cristiano. El neoplatonismo que llega a través de S. Agustín, del pseudo-Dionisio,
de los filósofos árabes y de las nuevas versiones de escritos neoplatónicos, influye asimismo en
la Teología de este tiempo, especialmente en la escuela de Alberto Magno marcando con sello
propio la mística dominicana alemana. Los PP. griegos son mejor conocidos por la alta E. y de
ahí que algunas cuestiones se solventen conforme a su doctrina con preferencia a la agustiniana.
c. Las escuelas. En la época de transición continúan las escuelas de la e. incipiente y sobresalen
las figuras de Guillermo de Auxerre, Felipe el Canciller, Godofredo de Poitiers y Guillermo de
Auvernia.
La escuela dominicana primitiva tiene su inicio con Rolando de Cremona siguiendo en el
método y en la doctrina al agustinismo de la época. Con Alberto Magno y Tomás de Aquino
comenzará el tomismo, distintivo de la escuela dominicana posterior.
La escuela franciscana tiene como inspirador e iniciador a Alejandro de Hales y su mejor
representante en S. Buenaventura. Sigue más estrechamente al agustinismo y usa menos los
argumentos filosóficos que el tomismo. Posteriormente muchos reconocerán a Duns Escoto
como maestro, creándose la escuela escotista, rica en distinciones y sutilezas y enormemente
11
crítica con S. Tomás. Con luz propia brilla en este tiempo Egidio Romano, agustino, discípulo y
seguidor de S. Tomás, aunque a veces muestre preferencias por la escuela franciscana. Entre los
teólogos pertenecientes al clero secular merecen nombrarse Gerardo de Abbatisvilla y Enrique
de Gante, pensador profundo y de enorme fuerza dialéctica. Sus 15 Quodlibetos son
considerados como los mejores del género. Tuvo seguidores, destacando Godofredo de
Fontaines, e impugnadores acérrimos entre los tomistas, sobresaliendo Herbeo Natalis y
Bernardo de Auvernia.
d. Método de enseñanza y géneros literarios. Comentarios a las Sagradas Escrituras tienen su
origen en la lectio. Esta, a diferencia de la lectio de la Teología monástica IV) se adentra en la
captación del sentido y en la doctrina del texto bíblico para extraer las verdades de la fe. Se
hacen verdaderos comentarios a la Biblia, precursores de las teologías bíblicas actuales. Son
notables los debidos a S. Buenaventura, S. Tomás, Pedro de Tarantasia, Mateo de Aquasparta,
Duns Escoto, Egidio Romano. Prueba ésta, de que los grandes maestros no se olvidaron de
beber su teología en las fuentes. Comentarios a las Sentencias encontramos en todos los
maestros de este tiempo. Al principio lo hicieron en forma de glosa o de simple aclaración del
texto, pero después introducen cuestiones originales, si bien guardan el orden y división de las
Sentencias. En época más tardía encontramos verdaderas yuxtaposiciones de tratados amplios y
propios con los textos del Lombardo.
Las Cuestiones Disputadas y Quodlibetales. El tecnicismo y artificio de la Cuestión (quaestio)
es lo más peculiar del método escolástico. Surge, al principio, con motivo de la lectio, al tener
que decidirse entre dos o más sentencias diversas o «auctoritates» opuestas. Pero después la
quaestio se introduce en la dilucidación de doctrinas ciertas, con el fin de suscitar interés y
llegar más al fondo en su comprensión. De ahí que se pregunten incluso: Utrum Deus sit?
(¿existe Dios?). Es la duda metódica escolar como medio pedagógico. Se dan razones en pro y
en contra, y el maestro ofrece, finalmente, la solución. Esto da origen a la disputa. Una vez que
todo se pone en «cuestión» es lógico que surgiera la disputa. Ésta se oficializa. Varias veces al
año el maestro sometía a discusión pública un problema. Los demás maestros y alumnos,
incluso de otras facultades, presentaban sus dificultades, discutían entre sí, y el maestro que
dirigía este interesante torneo escolar, ofrecía al fin su solución (determinatio).
Reunido el material de la disputa, ordenado y criticado por el maestro, da origen a las
Quaestiones Disputatae, arsenal de la Teología medieval. Cuando la materia a discutir se deja a
la elección de los asistentes, tenemos las disputas de Quodlibet, es decir, cualquier problema
podía ser planteado. De ahí la inmensa variedad de temas que se encuentra en las quaestiones
quodlibetales. Este género es menos extenso que el anterior, pues suponía un riesgo evidente el
encarar una disputa sin saber de antemano ni siquiera el tema. Por eso no todos los maestros lo
practicaron y algunos muy rara vez. Los Opúsculos son monografías sobre determinados
problemas. En ellos brillan el orden, la profundidad de pensamiento y la argumentación
contundente. Los de Alberto Magno, San Buenaventura, Tomás de Aquino, Egidio Romano,
etc., son piezas maestras del saber teológico.
Las Sumas teológicas ofrecen la síntesis del sistema original de sus autores, pues las escribieron
sin las limitaciones que lleva consigo el comentario a un texto determinado. Fueron escritas al
final de la carrera literaria, la mayor parte quedaron sin terminar. Abarcan todas las cuestiones
teológicas, ordenadas según la concepción que cada maestro tiene de la Teología. En la
disposición y técnica literaria siguen a las Quaestiones Disputatae.
3. Decadencia de la Teología
La decadencia de la Teología en los s. XIV y XV tiene sus raíces en las luchas entre el poder
civil y religioso, en la incapacidad de los teólogos para guardar la armonía entre la razón y la fe,
en el averroísmo latino, en el olvido cada vez más acentuado de la Biblia y de los PP., en el
gusto desmesurado por la disputa y las cuestiones bizantinas, en el nominalismo (v.) de
Guillermo de Ockham, defendido en París por Pedro de Ailly y Juan Gerson.
No obstante, encontramos en estos siglos ilustres representantes de la Teología en el tomismo,
en la escuela franciscana o escotismo, en el agustinismo, etc. La escuela carmelitana, de carácter
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ecléctico, ofrece las figuras de Roberto Walsingham, Gerardo de Bolonia y Guido Terreni.
Fuertemente influenciados por el averroísmo o el nominalismo tenemos a Osberto Anglico,
Francisco Bacon y sobre todo a Miguel de Anignani. Es célebre por la refutación que hace de
los errores de Wiclef y Hus, Netter Waldensis. Entre los teólogos independientes descuellan en
esta época Tomás de Bradwardine, el catalán Raimundo Sabunde y especialmente Nicolás de
Cusa. En España sobresale Alonso de Madrigal el Tostado, verdadera enciclopedia del saber. En
sus comentarios a la S. E. se encuentran tratados teológicos perfectos sobre la Gracia, Cristo, la
Virgen, etc.
4. Renacimiento de la Teología escolástica
Tienen lugar en este periodo (siglos XVI y XVII) hechos tan importantes y decisivos como la
Reforma protestante y el Concilio de Trento. De ahí que el género controversista se cultive más
que antes. No faltan escritos monográficos sobre cuestiones actuales, y abundan los comentarios
a la Summa de S. Tomás. La controversia se realiza a base de Teología positiva, tratando en
particular las cuestiones negadas o puestas en duda por los reformadores: Escritura y Tradición,
la Gracia, la justificación, los Sacramentos especialmente la Eucaristía, etc. Se enfrentan a la
doctrina de los reformadores en Alemania: Juan Eck, Alberto Pighio, Arnoldo de Usinga, Pedro
Canisio; en Lovaina, Ruardo Tapper, Juan Driedo, Teodoro Pelten; en Francia, Claudio de
Espence, Jacobo Merlín; en Inglaterra, S. Juan Fisher, S. Tomás Moro, Reginaldo Pole; en
Italia, Silvestre Prierias, Ambrosio Catarino, jerónimo Seripando; en España, Alfonso de Castro,
Andrés Vega, Martín Pérez de Ayala, etc.
a. La escuela de Salamanca. La Teología especulativa floreció de modo particular en España
durante los s. XVI y XVII, siendo su origen y centro de irradiación el convento de S. Esteban de
Salamanca, de donde pasó a la Universidad de dicha ciudad y a la de Alcalá. El padre de esta
nueva Edad de Oro de la E. fue Francisco de Vitoria, quien supo unir admirablemente la
Teología especulativa y la positiva, introdujo como libro escolar la Suma, escribió numerosas
obras especialmente Comentarios a la Suma y las Relecciones, etc. Más podemos decir que su
mayor mérito consistió en haber formado escuela, comunicando a sus discípulos su espíritu
investigador e inquietud por los problemas de la Teología. Entre ellos destaquemos a Domingo
de Soto, Pedro de Soto, e indirectos a Melchor Cano, Bartolomé de Carranza todos ellos
teólogos del Concilio de Trento, Mancio del Corpus Christi, Pedro de Sotomayor. En la escuela
salmantina se formaron por este tiempo también el jesuita Gregorio de Valencia y el agustino
fray Luis de León.
También en Italia renace la Teología Escolástica, sobresaliendo el cardenal Tomás de Vio y
Francisco Silvestre de Ferrara, el Ferrariense. En Alemania destaca el también dominico
Conrado Koellin. A este renacer de la Teología dio nuevo impulso el Concilio de Trento. A raíz
de éste abunda la producción teológica extendiéndose a todos los dominios de la ciencia de
Dios: Escritura, Apologética, Teología especulativa, positiva, mística. Los más ilustres
pensadores de este tiempo hermanan admirablemente la especulación con el uso de las fuentes y
mantienen viva la tradición escrituraria y patrística de la Edad de Oro y de la e. incipiente, si
bien predomina la argumentación racional. Sus escritos, especialmente los Comentarios a la
Suma, son perfectas sistematizaciones especulativas, extensas y originales sobre los más
variados temas. Muchos de ellos, en ciertos aspectos, superan incluso a los del s. XIII. La nota
dominante es el querer mantenerse fieles a la doctrina de S. Tomás. Sin embargo, el
eclealicismo predominó en algunos, llegando a ser esto er listintivo de la escuela jesuítica,
pretendiendo expresar en sus teorías originales el pensamiento auténtico tomista. Esto motivó la
fuerte reacción de los tomistas enzarzándose en disputas, especialmente acerca de la
Predestinación y de la Gracia, que consumieron demasiado tiempo y energías, y paralizaron, en
cierto modo, el progreso teológico. No obstante, estas disputas entre las escuelas nos dan idea
de la intensidad con que se vivían las cuestiones teológicas, pues no quedaban reducidas a las
aulas o a los escritos, sino que trascendían a la calle. En la Teología controversista posterior al
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tridentino, realizada con más perfección que la anterior, destacan S. Roberto Belarmino,
Gregorio de Valencia, Tomás Stapleton y David Perron.
b. Escuela tomista. Siguiendo la tradición comenzada en Salamanca por Vitoria, en el siglo
XVI y subsiguientes, encontramos entre los dominicos teólogos de la talla de Domingo Báñez,
Bartolomé Medina, Diego Álvarez, Tomás de Lemos, quienes tomaron parte muy activa en las
controversias «de auxiliis», dejando valiosos tratados sobre el particular en sus comentarios a la
Suma o en monografías. Pedro Ledesma, Massoulié, Antonio Reginal también destacados en las
cuestiones sobre la Gracia, si bien no siguen tan fielmente a Báñez. De especial importancia es
la obra teológica de Juan de Santo Tomás. Gonet, Antonio Goudin, Xantes Mariales, Francisco
Araujo, etc., con notables comentarios a la Suma. Junto a los dominicos siguen el tomismo los
teólogos carmelitas, autores del Curso Salmanticense y Felipe de la S. Trinidad, así como el
secular Juan Alfonso Curiel y el mercedario Francisco Zumel.
c. Escuela franciscana. Prevaleció en ella el escotismo teniendo sus mejores representantes en
Lucas Waddingo, Francisco de Herrera, Bartolomé Mastrio. Pero algunos, en particular los
reformados capuchinos, volvieron a la escuela franciscana primitiva, siguiendo a S. Tomás y
especialmente a S. Buenaventura. Entre éstos citemos a Pedro Trigoso, José Zamora, Gaudencio
Bontempo Brixinense.
d. Escuela jesuítica. Son numerosos los representantes de la Teología que nos ofrece la
Compañía de Jesús en este periodo. Los principales son: Francisco de Toledo, Laínez,
Salmerón, Gregorio de Valencia, Francisco Suárez, Ruiz de Montoya, Luis Molina, José
Martínez de Ripalda, Claudio Tiphanio, Leonardo Lessio, Martín Beccano, luan de Lugo, etc.
5. Decadencia de la Teología escolástica. A finales del siglo XVII comienza la decadencia de
la Teología, que se manifiesta de modo particular en los tratados de Moral, que derivan a la
casuística. Lo vemos en Martín de Azpilcueta, Tomás Sánchez, Juan de Caramuel, Martín
Bonacina, Vicente Baron, Daniel Concina. La decadencia se nota también en otros campos,
pues los cultivadores de la Teología son generalmente repetidores, compiladores y manualistas.
Brillan algunos por la exactitud, claridad y practicidad, siendo sus obras óptimos instrumentos
para el aprendizaje teológico. Citemos entre los tomistas a Contenson, C. R. Billuart, Vicente
Luis Gotti, etc.; en la escuela franciscana a Claudio Frassen, jerónimo Montefortino, Crescencio
Krisper; entre los jesuitas a Edmundo Simonnet, Alvarez Cienfuegos y P. Kilber quien con otros
profesores de Wurzburgo nos legaron la Theologia Wirceburgensis.
Grandes esperanzas hicieron concebir a la Teología la congregación del Oratorio, el Seminario
de S. Sulpicio y la Sorbona. Pero pronto sus teólogos padecieron la influencia del jansenismo y
del galicanismo. Sin embargo, son dignas de recordarse las figuras de Gaspar Juenin, Luis
Abelly y Honorato Tournely entre otras. Tras los periodos de postración de la Teología (s.
XVIII y parte del XIX), debido a la Ilustración, al influjo de filosofías ajenas y contrarias al
pensamiento cristiano, al avance de las ciencias cuyo progreso y descubrimientos no supieron
asimilar los teólogos, a los conflictos sociales, políticos y religiosos, a la tendencia
excesivamente racionalista que penetra en teología, nos encontramos con un nuevo despertar de
la Teología merced a los neo-escolásticos. V. Tomo: MEDIA, EDAD III; MODERNA, EDAD
III; TEOLOGÍA.
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24.
San Miguel de Tucumán, 20 de Mayo de 2011.-
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Lectura2 laescolastica copia

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    1 Universidad Nacional deTucumán Facultad de Filosofía y Letras Departamento de Ciencias de la Educación Cátedra de Historia de la Educación y la Pedagogía (Curso General) Ciclo Lectivo 2011 Textos Curriculares para Lectura y Reflexión de los Alumnos La Escolástica (I) Primer Concepto y Significado Ficha de Contenidos Elaborada en base a los siguientes autores: Luis P. Conde Antonio del Todo Carlos G. Extremeño Luis Eduardo Cantero Monjes medievales copistas Maestro enseñando retórica Santo Tomás de Aquino Sinónimo de artificio verbal, de sutileza lingüística o de gran tecnicismo dialéctico, la escolástica asimiló la filosofía pagana al cristianismo y preparó el camino para la autonomía que la filosofía y la ciencia conquistarían a partir del Renacimiento. Primer Concepto Aunque se suele identificar a la escolástica con la filosofía medieval, ésta no abarca todas las corrientes y movimientos teológicos y filosóficos que se desarrollaron en este período, como por ejemplo la filosofía árabe y judía o las corrientes místicas. El término escolástica proviene de la palabra latina "scholasticus" y se aplicaba a los que se ejercitaban en la enseñanza en las escuelas monacales. Cronológicamente se desarrolló en el periodo que abarca los siglos XI al XIV, aunque como sistema perduró hasta el Renacimiento y el siglo XVII, aunque ya sin vigencia. En el siglo XIX se produce un resurgimiento de la escolástica denominado "neo-escolástica" y en el XX surgirá un "neotomismo", cuyas figuras más representativas fueron J. Maritain y E. Gilson. Los antecedentes inmediatos de la escolástica los encontramos en el final de la patrística, momento en el que se estableció definitivamente una conciliación entre la filosofía griega, fundamentalmente el platonismo y el neoplatonismo, y el pensamiento cristiano. La diferencia fundamental entre ambos estriba en que si la síntesis entre filosofía y cristianismo en los últimos padres de la Iglesia se llevó a cabo a través del platonismo, los escolásticos se apoyarán en Aristóteles, filósofo que presentaba muchas más dificultades para armonizarse con los dogmas
  • 2.
    2 de la Iglesiay que produjo una seria discusión en torno a la relación que debía establecerse entre la fe (creencias cristianas) y la razón (filosofía) al cabo de la cual, al final del siglo XIV, ambos ámbitos del conocimiento terminaron por independizarse definitivamente. En la síntesis entre aristotelismo y cristianismo se halla la causa de que para muchos historiadores la escolástica no sea concebida como una filosofía propiamente dicha, sino como una teología desarrollada filosóficamente, es decir, una "sierva de la teología". Sea como fuere, la escolástica se convirtió en el movimiento teológico-filosófico más importante de la Edad Media, pudiendo distinguirse tres fases en su desarrollo: La Escolástica (II) Las Etapas de su desarrollo Luis Eduardo Cantero 1. La Alta Escolástica Tuvo lugar durante los siglos XI y XII, período caracterizado por las grandes cruzadas, el resurgimiento de las ciudades y por un centralismo del poder papal que desembocó en una lucha por las investiduras. La figura más descollante de esta época fue Anselmo de Canterbury (1033-1109). Considerado el primer escolástico, sus obras Monologion y Proslogion tendrán una gran repercusión posterior. En ellas se lleva a cabo una demostración de la existencia de Dios a partir de las ideas que tenemos sobre Él. Esta prueba, denominada por Kant "argumento ontológico", será duramente criticada por Tomás de Aquino y reelaborada por Descartes en sus Meditaciones metafísicas. La figura de Pedro Abelardo (1079-1142) destacará por la renovación de la lógica y la dialéctica y por crear el método escolástico de la quaestio, un "problema dialecticum" a partir del cual se podría construir un sistema coherente sobre el mundo y la vida. Su obra Sic et Non, desarrolla las quaestiones disputatae, en las cuales se abordaba un tema determinado al que se añadía una presentación sistemática de argumentos contrarios y su solución. En el siglo XII, la escuela de Chartres se renueva con las figuras de San Bernardo (muerto en 1124), Thierry de Chartres, Bernardo Silvestre y Juan de Salisbury. Influenciados por el platonismo, el estoicismo y la ciencia árabe y judía, su interés se centró fundamentalmente en el estudio de la naturaleza y en el desarrollo de un humanismo que entrará en conflicto con las tendencias místicas de la época representadas por Berrnardo de Claraval (1091-1153). Hugo de San Víctor, sin embargo, llevará a cabo una conciliación entre misticismo y escolasticismo, siendo además el primero que escribió una Summa Teológica en la Edad Media. 2. La Gran Escolástica El apogeo de la escolástica coincide con el siglo XIII, momento de auge de la Europa medieval en la que se empiezan a configurar sus Estados, siendo Francia el país hegemónico. En este siglo se fundan las universidades y surgen las órdenes mendicantes (dominicos y franciscanos), de donde procederán la mayoría de los teólogos y filósofos de la época. Fueron precisamente los dominicos los que asimilaron la filosofía de Aristóteles a partir de las traducciones e interpretaciones árabes de Avicena y Averroes. Los franciscanos seguirán la línea abierta por la patrística, y asimilarán el platonismo, que era mucho más armonizable con los dogmas cristianos. Entre los franciscanos destacan Alejandro de Hales, San Buenaventura (1221-1274) y Roberto Grosseteste, aunque este último perteneció también a la Escuela de Oxford, mucho más centrada en investigaciones científicas y en el estudio de la naturaleza y una de cuyas
  • 3.
    3 principales figuras fueRogerio Bacon (1210-1292), defensor de la ciencia experimental y de la matemática. El autor más importante de este período y de toda la escolástica en general, fue Tomás de Aquino (1225-1274). Fraile dominico, discípulo de Alberto Magno, llevó a cabo la más sistemática síntesis entre pensamiento cristiano y aristotelismo, aunque integró también muchos aspectos del platonismo. Sus dos mayores obras, la Summa Theologica y la Summa contra gentiles, delimitaron el campo de la filosofía y la teología a partir de la diferenciación entre los preámbulos de la fe y los artículos de fe. Tomás de Aquino aceptó el empirismo aristotélico, su teoría hilemórfica y la distinción entre dos clases de intelectos. De la filosofía árabe tomó la distinción ajena a los griegos entre la esencia y la existencia, a partir de la cual elaboró sus argumentos cosmológicos para demostrar la existencia de Dios: las cinco vías tomistas. La demarcación entre filosofía y creencia religiosa llevada a cabo por Tomás de Aquino será el inicio de un proceso de independización de la razón que empezará en el siglo siguiente y que representará el fin de la filosofía medieval y el comienzo de la filosofía moderna. 3. Decadencia de la Escolástica El Siglo XIV es una época de profunda crisis económica, política y social. Las hambrunas, la peste y una crisis económica agravada por la guerra de los Cien Años anunciarán el final de la Edad media, donde se produce la definitiva separación entre Iglesia y Estado. Coincidente con este período, la escolástica comenzará su decadencia, rompiéndose definitivamente el acuerdo entre la razón y la fe o la teología y la filosofía: ambas han de ir por caminos separados. Los máximos representantes de esta etapa son J. Duns Escoto (1266-1308) y Guillermo de Ockham (1290-1349). Para Duns Escoto, franciscano de origen escocés, autor de dos comentarios a las Sentencias de Pedro Lombardo, el tema central de la filosofía ya no es Dios, sino el ser en cuanto ente (ens). Se produce una ruptura entre la fe y la razón necesaria para permitir la independización de la filosofía y la ciencia. Sin embargo, será Guillermo de Ockham el que lleve a cabo la mayor crítica del escolasticismo y a sus conceptos metafísicos fundamentales. Su famoso principio de economía, denominado "la navaja de Ockham", postulaba que era necesario eliminar todo aquello que no fuera evidente y dado en la intuición sensible: "el número de entes no debe ser multiplicado sin necesidad". En el acto de conocer hemos de dar prioridad a la experiencia o "conocimiento intuitivo", que es un conocimiento inmediato de la realidad (particular). Si todo lo que existe es singular y concreto, no existen entidades abstractas (formas, esencias) separadas de las cosas o inherentes a ellas. Los universales son únicamente nombres (nomen) y existen sólo en el alma (in ánima). Esta postura, conocida como nominalismo, se opone a la tradición aristotélico-escolástica, que era fundamentalmente realista. Los conceptos universales, para Ockham, no son más que procesos mentales mediante los cuales el entendimiento aúna una multiplicidad de individuos semejantes mediante un término. El nominalismo conduce a afirmar el primado de la voluntad sobre la inteligencia. La voluntad de Dios no está limitada por nada (voluntarismo), ni siquiera las ideas divinas pueden interferir la omnipotencia de Dios. El mundo es absolutamente contingente y no ha de adecuarse a orden racional alguno. El único conocimiento posible ha de basarse en la experiencia (intuición sensible). La teología no es una ciencia, ya que sobrepasa los límites de la razón: la experiencia. Después de Ockham, la filosofía se liberará de la teología y la ciencia comenzará su andadura autónoma. 4. Representantes y Momentos de la Escolástica La filosofía escolástica que se extiende desde el siglo V hasta el siglo XV puede dividirse en cuatro periodos resumidos en el siguiente esquema (BERMEDO, 1987: 43 – 44).
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    4 a) Período deTransición (Siglos V a VIII) Boecio (480-524) Casiodoro (480-575) Isidoro de Sevilla (570-636) Beda, el Venerable (672-735 b) Período de Formación (Siglos IX a XII) Corriente cristiana: 1) Escuela de Carlomagno, 2) Escuela de Chartres y 3) San Víctor 1) Juan Escoto, San Anselmo y Abelardo (810-1142) 2) Gilberto de Porree y Juan de Salisbury (1076-1180) 3) Escuela de San Víctor (1096-1141) Corriente Oriental : 1) Filosofía Árabe 2) Filosofía Judía 1) Avicena y Averroes (1193) 2) Maimónides (1135-1204) c) Período de Apogeo (Siglo XIII) Agustinismo Neoplatónico: Alejandro de Hales y Buenaventura (1175-1274) Aristotelismo Averroista: Guillermo de Auvernia (1180-1249) Aristotelismo Cristiano: Alberto Magno y Tomás de Aquino (1206-1274) d) Período de Decadencia (Siglo XIV) Reacción contra el tomismo: Duns de Scotto (1266-1308) Nominalismo: Guillermo de Occam (1288-1349) Occamismo filosófico: Nicolás de Autrecourt (1300-1350) Occamismo científico: Juan Buridán y Nicolás de Oresme (1360-1382) Escolástica (III) Características Generales e Historia Introducción Luis P. Conde Con la expresión escolástica suele designarse el pensamiento filosófico y teológico cristiano de la Edad Media, en particular el que se desarrolla a partir del Siglo IX, y también, a veces, la labor que, en el mundo moderno, mantiene y prolonga las grandes líneas del pensamiento medieval. Propiamente la E. surge como movimiento que busca una profundización en el conocimiento de las Sagradas Escrituras y de Dios. Movimiento determinado por dos factores: por una parte la herencia de los Padres y de la llamada Patrística, en especial S. Agustín, y por otra la herencia filosófica recibida de la antigüedad: Platón, cuyas ideas, a través de S. Agustín,
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    5 influyeron de modonotable en una de las más fecundas escuelas medievales y de modo especial Aristóteles, traducido e introducido por Boecio. El contenido filosófico de este movimiento fue de tal importancia que hoy en día, para muchos, el nombre de Escolástica tiene resonancias exclusivamente filosóficas. El contenido filosófico de la E. se debe fundamentalmente al deseo de los pensadores medievales de tener un instrumento que le permita un mayor perfeccionamiento de la ciencia referente a Dios. Este instrumento les es proporcionado por la filosofía aristotélica y platónica. La entrada de Aristóteles en el mundo medieval se produce en una triple fase: la primera entrada, hacia el Siglo X, se produce con la traducción e introducción de la Logica vetus; las Categorías proporcionan al pensador medieval un análisis y una clasificación de las nociones, y la Perihermeneia, un análisis de las proposiciones; así el trabajo teológico estará bajo el régimen de la gramática. La segunda entrada, hacia el Siglo XII, consiste en la traducción de los otros libros de Organon: Primero y segundo analítico, que es un estudio científico del silogismo y de las diferentes especies de demostración, los Tópicos y los Problemas sofísticos, gire es un estudio del razonamiento probable, y de sus diferentes lugares; es decir, una teoría del saber y de la demostración; a lo que responderá en las escuelas urbanas una teología que se formulará en problemas, en cuestiones; que se detendrá más en los problemas especulativos, sin depender tanto del texto. Se puede hablar así de una teología bajo el régimen de la dialéctica entendiendo esta palabra en su sentido general de tratamiento por el razonamiento lógico. La tercera entrada de Aristóteles a principios del s. XIII trae a la ciencia sagrada un fermento filosófico que ya no es puramente formal, sino que tiene que ver con el orden de los mismos objetos, y el contenido del pensamiento. Aristóteles, y la filosofía, se introdujeron en el pensamiento cristiano no como maestro del razonar, sino como un maestro en el conocimiento del hombre y del mundo; aporta una metafísica, una psicología, una ética. La teología se constituye entonces, al menos con S. Alberto Magno y S. Tomás, bajo el régimen de la filosofía. Este saber filosófico y teológico se inicia especialmente en las escuelas, tanto catedralicias, como más tarde en urbanas y monásticas, y en las universidades que como evolución de ellas comienzan a aparecer en la época. De aquí la denominación de escolástica palabra derivada del término latino schola, íntimamente relacionado a su vez con el vocablo griego scole, que significa ocio; schola equivaldrá luego a clases, escuela, grupo intelectual. En Cicerón aparece ya schola con los significados de lección, de aula y de grupo filosófico. Scholasticus en Quintiliano equivale a retórico, profesor de elocuencia; más tarde, significará sencillamente profesor. La mayor parte de los autores ven en la filosofía un instrumento de la teología, pero ya en el Siglo XIII en la Universidad de Artes de París se encuentra un conjunto de profesores que piden enseñar la lógica, la física y la moral de Aristóteles, sin preocuparse de otras disciplinas, ni de los intereses superiores de la Teología. En el primer artículo se estudiarán las características generales, fundamentalmente filosóficas, de lo que suele denominarse Escolástica (que no es en realidad una escuela o línea de pensamiento uniforme y cerrada, sino de una enorme variedad; es más una época de la Filosofía que una escuela en el sentido estricto del término). Y en el artículo siguiente se analizarán los autores y escuelas principales a lo largo de la historia, con especial atención a sus implicaciones teológicas. Más datos sobre autores y corrientes de la E. se tratan en los artículos MEDIA, EDAD III; MODERNA, EDAD III; NEOESCOLÁSTICOS. I. Características Generales Antonio del Toro. El giro esencial, en la perspectiva y en el método, que se produjo en el pensamiento filosófico a partir de Descartes, contribuyó, entre otras cosas, a difuminar las diferencias existentes entre los grandes pensadores medievales y a presentar como un conjunto unitario enfoques y soluciones de innegable variedad. Sucedió además, que la llamada filosofía moderna surgió y se mantuvo, durante más de un siglo, al margen de las universidades, en las que se seguía impartiendo, por lo común, la «filosofía de la escuela». La contraposición esencial de filosofía medieval y filosofía
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    6 moderna, sin embargo,junto al hecho demostrado del poderoso influjo del pensamiento musulmán en el judío y en el cristiano, ha originado una ampliación del significado de filosofía escolástica, que, para algunos, equivale, casi sin más, a filosofía medieval. En esa línea se habla de Escolástica musulmana, cristiana, judía. Por otra parte, algunos pensadores e historiadores llegaron a confundir filosofía escolástica con filosofía cristiana, debido a la peculiar vinculación entre razón y fe que caracteriza la obra de los grandes pensadores del Medievo. Y en esa línea ha podido hablarse de escolástica bizantina, nestoriana, etc. Finalmente, el enfrentamiento de la filosofía moderna con la filosofía escolástica, a la que se consideraba, injustamente, manifestación del oscurantismo y dogmatismo medievales, condujo al descrédito de la palabra «escolástica». De ahí que haya podido hablarse «de escolástica en cada uno de aquellos momentos de la historia de la filosofía, en los cuales el trabajo filosófico consistiera predominantemente (o hasta exclusivamente) en la elaboración de detalles, sin poner jamás en tela de juicio los principios» (J. Ferrater Mora, Escolástica, en Diccionario de Filosofía, 1,550). V. T. NEOESCOLÁSTICOS I. Estas ampliaciones en el significado, incluso en el sentido, de filosofía escolástica son, sin duda, un dato histórico. Pero también lo es que la Escolástica (nombre propio) es el pensamiento cristiano medieval y su continuación, en lo que tiene de más peculiar, hasta nuestros días. La filosofía escolástica abarca, pues, tres periodos fundamentales: 1) desde el siglo IX hasta el XV; 2) los siglos XVI y XVII, para los que se habla de segunda escolástica o Renacimiento escolástico; 3) los siglos XIX y XX, a los que se alude como Neo-escolástica o Restauración escolástica. Casi todos los grandes maestros o cabeceras de escuelas pertenecen al primer periodo; en el segundo, sin embargo, está Suárez. Es de destacar, además, el predominio del tomismo en la segunda etapa, y sobre todo en la tercera. La escolástica está constituida por un conjunto de escuelas filosóficas y teológicas de bastante mayor variedad que la que da a entender la unidad de rúbrica que le aplicamos, lo que no es obstáculo para que podamos encontrar en ella algunos rasgos comunes. Escoto Eriúgena, S. Anselmo, Abelardo, S. Tomás, Duns Escoto, Ockham y Suárez, p. e., constituyen una panoplia de enfoques acusadamente heterogéneos. A pesar de ello, podemos caracterizar la filosofía escolástica, a grandes rasgos, por los siguientes aspectos: 1. La filosofía, «ancilla theologiae». Es éste el aspecto más sometido a polémica del pensamiento medieval, como consecuencia de muy diversos factores. Han jugado en su enjuiciamiento la diferencia de sensibilidad entre el mundo medieval y el moderno, la carencia de sentido histórico de la Ilustración, la peculiar problemática de las relaciones entre el Trono y el Altar en los siglos XVIII y XIX, el enfrentamiento dialéctico entre catolicismo y protestantismo sobre todo en la vertiente liberal de este último, los problemas surgidos con la aparición de la ciencia moderna, etc. Para comprender adecuadamente la expresión es preciso tener en cuenta que los autores medievales eran creyentes, y creyentes preocupados por expresar su fe en una comprensión del mundo que fuera reflejo de sus creencias. Eran, por tanto, teólogos y fue, por tanto, como teólogos que se sintieron animados a ocuparse de la filosofía, ya que -y éste es un rasgo que debe ser subrayado- consideraron que el saber natural podía contribuir, si se lo asumía desde la fe, a profundizar en la fe misma. La vinculación entre la problemática religiosa y la filosófica es, por lo demás, común a todas las culturas. La peculiaridad de la E. no está ahí, sino en rasgos que derivan en parte del cristianismo y en parte de su coyuntura cultural. En cuanto a lo primero, digamos que el cristianismo, por su afirmación de la Revelación divina como fuente de conocimiento cierto, lleva espontáneamente a asumir desde la fe el saber racional; y en este sentido el intento escolástico está en relación con la Patrística y con el de otros cristianos posteriores. En cuanto a lo segundo, digamos que esa labor fue realizada en la Edad Media en un contexto escolar, es decir en centros de enseñanza, por religiosos y clérigos y con un método, corriente que luego se detalla. Añadamos que la consideración de la filosofía como ancilla ilicologiae no implica en modo alguno una depreciación o manipulación de la misma, sino una forma de usar de ella. Como decía Péguy, para que algo pueda realizar una función ele servicio necesita primero ser potenciado y cultivado.
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    7 2. Armonía defe y razón. El problema de la relación entre el dato revelado y las conquistas de la razón humana ofrece en la e. un ramillete de soluciones muy variadas, pero en el trasfondo de todas ellas está la convicción esencial del acuerdo absoluto de ambas. La corriente agustiniana mantendrá las suspicacias frente a las meras capacidades humanas, pero con clara referencia al hombre caído. «Desde los orígenes patrísticos hasta fines del Siglo XIV, la historia del pensamiento cristiano es la de un esfuerzo incesantemente renovado para manifestar la conformidad entre la razón natural y la fe, cuando esa conformidad existe, y para lograrla, cuando no existe». Por otra parte, el fides quaerens intellectum, que, explícito ya en San Anselmo, preside toda la labor teológica medieval, es una manifestación innegable de la radical confianza en la capacidad racional del hombre para penetrar, explicitar y exponer el contenido de la fe (v. RAZÓN II). 3. Sentido de la autoridad. La teología es una ciencia que parte del dato revelado. La palabra de Dios es la última ratio en cualquiera de sus cuestiones. Y esa palabra de Dios es la que da autoridad a la Escritura y a los Padres, en cuanto que aquélla y éstos, aunque en distinto grado, son testigos de la fe de la Iglesia. Sin duda, este peculiar sentido de la autoridad, hondamente vivido por los teólogos medievales, está también presente en su labor filosófica. La autoridad de los Santos Padres, aun en el plano filosófico, es comúnmente reconocida. Pero no conviene exagerar este dato. Los grandes pensadores medievales no reconocieron plena autoridad a filósofo alguno. «Amicus rneus Plato, sed magis veritas» es, en esa forma, un adagio escolástico. La variedad de interpretaciones de los textos escriturísticos y patrísticos tampoco es una muestra de excesiva sumisión a la autoridad. 4. El método. El método escolástico aparece ya sustancialmente constituido en Abelardo. Consiste, esquemáticamente, en la contraposición, ante cualquier problema, de las diferentes soluciones dadas al mismo, en especial de las ofrecidas por las «autoridades». El profesor defiende luego su solución, y, finalmente, aclara el sentido de las soluciones expuestas al principio, para, sin contradecir a las autoridades reconocidas, hacer congruentes sus palabras con la solución defendida. El método pone de manifiesto con toda claridad el respeto a las autoridades, pero también la capacidad de maniobra reconocida y aceptada en las escuelas, y luego en las universidades, a sus maestros para utilizar pro domo sua los textos de aquellas autoridades. 5. Las técnicas expositivas. La E. es, como queda dicho, el pensamiento enseñado en los centros docentes medievales. La función escolar imprimió carácter a las técnicas expositivas. La lecho era el comentario hecho en clase de un texto teológico, filosófico o jurídico. La quaestio era una especie de certamen dialéctico sobre un problema determinado, bajo la presidencia de uno o varios maestros. De las lectiones proceden los innumerables comentarios de todo orden que nos ha legado la escolástica. Las Summas son exposiciones sistemáticas y completas de los problemas teológicos, destinadas por lo común a los escolares. Tanto el método, pues, como la estructura de las obras escolásticas ponen de manifiesto la profunda influencia que la función docente ejerció en el desarrollo de la filosofía medieval (v. II). 6. El logicismo. Se ha subrayado con frecuencia la importancia que el problema de los universales (v.) tiene en la escolástica. El descubrimiento de la lógica aristotélica en el s. XI produjo un peculiar deslumbramiento y dio origen a conocidas polémicas. Quizá ello marcó para siempre a la e., cuyo formalismo es innegable. En los momentos de decadencia, las preocupaciones formalistas se acentúan, pero nunca están del todo ausentes. Son los «nombres» el punto de partida de la mayoría de los problemas. No debemos dejarnos engañar por los planteamientos, sin embargo. A través del problema del «nombre» se busca la realidad nombrada. Y así, p. ej., tras la analogía de la palabra «ser» está la analogía del ser mismo, aunque en el término «analogía» haya quedado impresa la forma como se ha planteado el problema.
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    8 7. Otros rasgos.Maurice de Wulff consideraba el pluralismo metafísico como lo más esencial y característico de la escolástica. Sin duda, es un aspecto bastante común del pensamiento medieval, pero ni se da en todos los escolásticos ni sólo en ellos. Tampoco el aristotelismo es un dato particularmente expresivo de la filosofía escolástica medieval, aunque sí lo sea, en mayor parte, de su continuación en el mundo moderno. Hasta el s. XIII no hay, en verdad, aristotélicos, y, a partir de entonces, durante el Medievo, los aristotélicos tampoco son mayoría. Los rasgos que aquí hemos subrayado como característicos de la E. no deben tomarse aisladamente, ya que varios de ellos no son exclusivos de este amplísimo movimiento. Es el conjunto de tales rasgos el que delimita, según creemos, la filosofía escolástica, en particular la medieval. Bibliografía M. DE WULFF, Historia de la filosofía medieval, México 1945-49; J. FERRATER MORA, Escolástica, en Diccionario de Filosofía, 5 ed. Buenos Aires 1965, 548-552; G. FRAILE, Historia de la Filosofía, II, Madrid 1960; G. FRITZ y A. MICHEL, Scolastique, en DTC 14,1711 ss.; É. GILSON, El espíritu de la filosofía medieval, Buenos Aires 1952; ÍD, La filosofía en la Edad Media, 2 ed. Madrid 1965, M. GRABMANN, Die Geschichte der scholastischen Methode, Friburgo de Brisgovia 1909-11; A. MASNOVO, Una polemica intorno al carattere fondamentale della filosofía scolastica, «Rivista di Filosofia Neo-Scolastica» 20 (1928) 123-127; H. D. SIMONIN, Qu'est-ce que la scolastique?, «La Vie Intellectuelle» 10 (1931) 234242; F. VAN STEENBERGHEN, L'organisation des études au moyen âge et ses répercussions sur le mouvement philosophique, «Rev. Philosophique de Louvain» 52 (1954) 572-592; S. VANNI ROVIGHI, Scolastica, en Enciclopedia Filosófica, V, 2 ed. Florencia 1967, 1171-1176; J. ZARAGUETA, Escolástica y filosofía cristiana, «Revista de Filosofía» 6, Madrid 1947, 583-646. II. Historia C. García Extremeño 1. Escolástica Incipiente La escolástica se caracteriza por la introducción en Teología del método dialéctico y de la Filosofía, especialmente la aristotélica, y por el tratamiento sistemático de los problemas teológicos. Florece en la Edad Media merced a las escuelas catedralicias y conventuales, pujantes en Alemania, Inglaterra y Francia. Su comienzo se sitúa a finales del s. XI, con S. Anselmo de Canterbury considerado padre de la escolástica. El uso radicalizado de la dialéctica y de la filosofía en Teología, entraña el peligro de racionalización de la verdad revelada. De ahí que grandes maestros, como Bernardo de Claraval, que descubre y ataca los errores de Abelardo y Gilberto Porreta, denuncien el peligro y aboguen por la vuelta a las fuentes, y al uso comedido de la lógica aristotélica. El movimiento doctrinal que arranca de estos maestros se continúa, sobre todo en las escuelas de París. Desde mediados del s. XII florecen allí las escuelas de San Víctor, Santa Genoveva, Nuestra Señora, etc. a. Las escuelas. Se llaman así no sólo los centros donde se impartía la enseñanza teológica conforme a una línea doctrinal determinada, sino también la concordancia de los doctores en esa tendencia doctrinal, nervio del sistema, aunque se encontrasen separados en el tiempo y en el espacio. S. Anselmo de Canterbury tuvo discípulos preclaros, pero no puede decirse que formara escuela, pues sólo sus doctrinas sobre la libertad y el pecado influyeron en la teología posterior. La escuela de Anselmo de Laón y de Guillermo de Champeaux. El de Laón ejerció enorme influencia en la exégesis bíblica, así como en las Quaestiones y Sententiae. El segundo
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    9 CHAMPEAUX, GUILLERMO DE)es considerado como el fundador de la escuela de San Víctor, cuna de verdaderas lumbreras teológicas y emporio del saber de aquel tiempo. La escuela de Abelardo contribuyó poderosamente a perfilar el método escolástico, pero llevado al exceso en el uso de la dialéctica y de la filosofía. Ejerció enorme influencia en Gilberto Porreta, perteneciente a la escuela de Chartres de tendencia platónica, y que tuvo sus mejores representantes en Bernardo y Teodorico de Chartres y Juan Salisbury. La escuela de Pedro Lombardo. Tiene ya en esta época Pedro Lombardo seguidores que glosan su obra clásica de las Sentencias. Merecen citarse Pedro Comestor (m. 1178) y Pedro de Poitiers (Pictaviense, ca. 1130-1205), quien influyó notablemente en la Teología, tanto por su largo magisterio como por su obra maestra Sententiarum libri V. Las Sumas de Martín de Cremona, Pedro de Capua (m. 1242), Simón de Tournai, etc., llevan el sello de este ilustre maestro. La escuela de Prepositino de Cremona. El Prepositino es, después de Lombardo, el autor más citado por los escolásticos. Escribió dos Sumas, una de índole apologético, diversas Quaestiones y un tratado De Officio (liturgia), notables por su carácter científico y por la profundidad de pensamiento. En la segunda mitad del s. XII algunos autores usan la Teología para una mejor comprensión de la S. E. y como fundamento de la conducta moral y sacramentarla. Predomina la practicidad sobre la especulación. Nombremos entre otros a Pedro Comestor, Pedro Cantor (m. 1197) y Roberto de Courcon (ca. 1155-1218). No se debe olvidar a Esteban Langton, cardenal arzobispo de Canterbury, por sus comentarios escriturísticos. b. Métodos de enseñanza y géneros literarios. En estas escuelas encontramos los primeros cursos de dogmática especulativa fundamentados en las enseñanzas de los Padres: Sententiae Patrum. La verdad revelada se expone lógica y ordenadamente con ayuda de la dialéctica y de las auctoritates Patrum. Nace así el género sentenciarlo, punto de partida para la especulación más racional y sistemática de la alta escolástica. Las Sentencias son compilaciones de tesis, cuestiones y soluciones basadas en los textos de los PP. y de los maestros anteriores. Hechas de modo sistemático. Vemos esbozos de este género en Isidoro de Sevilla, Jonás de Orleáns y Rabano Mauro. Pero las más famosas son las de Pedro Lombardo que sirvieron de texto hasta comienzos del s. XVI, y fueron comentadas por parte de los grandes maestros de la Edad de Oro. De este periodo son también las Sentencias de Roberto de Melun y del Pietaviense. Las Sumas. Aparecen a principios del s. XII. Más originales que las Sentencias, se independizan de las auctoritates de los PP. y de los maestros. Abordan las cuestiones teológicas ordenándolas sistemáticamente de un modo más original y personal respecto a las Sentencias, encontrándose ya esbozado el método escolástico posterior de cuestiones y disputas. En la e. incipiente son dignas de mención las de Hugo de San Víctor, Odón de Lucca, Guillermo de Auxerre y otros ya citados. Tienen como fuente principal de inspiración a S. Agustín, si bien emplean cada vez más la lógica aristotélica. Comentarios a la S. E., en base a textos patrísticos compilados ordenadamente, la E. incipiente nos ha legado comentarios a la Biblia, de modo especial a S. Pablo. El Antiguo Testamento, exceptuados los salmos, es totalmente olvidado, e incluso los Evangelios son menos estudiados. Señalemos el Comentario paulino impreso bajo el nombre de Bruno el Cartujano, que formó escuela, la Glosa ordinaria e interlineal de Anselmo de Laón y las Epístolas paulinas, comentadas por Gilberto Porreta y Pedro Lombardo. Las Cuestiones se encuentran ya esbozadas en este tiempo con Bruno el Cartujano y perfeccionadas en la escuela de Anselmo de Laón. La quaestio tuvo su origen con la lectio al encontrarse con dos sentencias opuestas, si bien no se llega entonces a la verdadera disputa de la quaestio posterior. Son raras las Cuestiones con razones en pro y en contra. Merece excepción la obra de Odón de Ourscamps y su escuela, siendo ejemplo de este género la de Simón de Tournai (m. 1113). Las Distinciones son explicaciones de un texto de la Escritura o de otro libro, bajo su significación histórica, alegórica, tropológica y anagógica. Las más importantes son las de Pedro Cantor, Pedro de Poitiers, el Prepositino y Alano de Lila (1128-1203). Estudios monográficos no faltan tampoco en este periodo siendo de notar los de Anselmo de Canterbury, Juan de Cornualles, y los redactados en forma de diálogo por Abelardo y Hugo de San Víctor.
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    10 2. La Edadde Oro de la Escolástica (Siglo XIII) Varios factores contribuyeron al esplendor de la Escolástica en el s. XIII: la fundación de la Universidad de París circa 1200, congregándose en ella las diversas escuelas parisinas; la aparición de las órdenes mendicantes y el conocimiento de las obras de Aristóteles y de la filosofía árabe-judía. a. Los mendicantes. Comenzaron pronto a desempeñar cátedras en la Universidad de París. Esto acontece porque algunos profesores abrazan el estado religioso sin abandonar su enseñanza universitaria. A su muerte otro miembro de la Orden les sucedía en la cátedra. Así los dominicos entran mediante Rolando de Cremona y los franciscanos por medio de Alejandro de Hales. Esto no se logra sin viva oposición de los seculares. Guillermo de S. Amour, corifeo de la oposición, encontró cumplida réplica en S. Buenaventura y en S. Tomás de Aquino, quedando zanjada la cuestión por intervención de Alejandro IV en favor de los mendicantes. Éstos contribuyeron además al florecimiento de la Teología en este tiempo, por medio de sus Estudios Generales ubicados en sus provincias religiosas. También los carmelitas y agustinos comenzaron a ejercer al magisterio en la U. de París. b. El aristotelismo es lo más peculiar de la Teología Escolástica. Anteriormente se empezó a usar la Lógica aristotélica, pero ahora son la Física, la Metafísica, la Ética de Aristóteles las que entran en juego para iluminar las cuestiones teológicas. Los teólogos del s. XIII conocen también las obras de Avicena, Algazel, Averroes, Avicebrón, Maimónides. El empleo de estos autores no se hizo sin peligro, pues muchas de sus doctrinas no encajaban con las enseñadas por la tradición anterior, y algunas eran abiertamente opuestas al dogma. Los recelos suscitados contra ellas no eran infundados, y pronto el averroísmo penetró en la Universidad de París, continuando allí por mucho tiempo y extendiéndose especialmente en Italia, a pesar de las condenas de la Iglesia. En el uso de Aristóteles y de la filosofía árabe-judía hay varias tendencias. Unos, permaneciendo fieles al método y al agustinismo anteriores, lo emplean como mera ilustración y algo accesorio. Se manifiesta este proceder en la escuela franciscana, en la primitiva escuela dominicana y en casi todos los representantes del clero secular. Mas la influencia de esas filosofías va penetrando cada vez más en esas escuelas, de modo que su agustinismo no es ya el mismo que el de los victorinos. Otros acogen esas filosofías con sus errores y oposiciones al dogma, sin intentar un contraste de las mismas. Son los iniciadores del averroísmo cristiano: Siger de Bravante, Boecio de Dacia y otros. Finalmente, hay quienes tratan de armonizar las nuevas doctrinas con las de la fe, rechazando las opuestas a ella, contrastándolas con el acervo doctrinal agustiniano recibido. De este modo los grandes principios del Estagirita sobre el ser, el acto y la potencia, la materia y la forma, etc., servirán para la especulación teológica de los grandes maestros Alberto Magno y Tomás de Aquino. Con ellos S. Agustín y Aristóteles se daban la mano. Se creaba el aristotelismo cristiano. El neoplatonismo que llega a través de S. Agustín, del pseudo-Dionisio, de los filósofos árabes y de las nuevas versiones de escritos neoplatónicos, influye asimismo en la Teología de este tiempo, especialmente en la escuela de Alberto Magno marcando con sello propio la mística dominicana alemana. Los PP. griegos son mejor conocidos por la alta E. y de ahí que algunas cuestiones se solventen conforme a su doctrina con preferencia a la agustiniana. c. Las escuelas. En la época de transición continúan las escuelas de la e. incipiente y sobresalen las figuras de Guillermo de Auxerre, Felipe el Canciller, Godofredo de Poitiers y Guillermo de Auvernia. La escuela dominicana primitiva tiene su inicio con Rolando de Cremona siguiendo en el método y en la doctrina al agustinismo de la época. Con Alberto Magno y Tomás de Aquino comenzará el tomismo, distintivo de la escuela dominicana posterior. La escuela franciscana tiene como inspirador e iniciador a Alejandro de Hales y su mejor representante en S. Buenaventura. Sigue más estrechamente al agustinismo y usa menos los argumentos filosóficos que el tomismo. Posteriormente muchos reconocerán a Duns Escoto como maestro, creándose la escuela escotista, rica en distinciones y sutilezas y enormemente
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    11 crítica con S.Tomás. Con luz propia brilla en este tiempo Egidio Romano, agustino, discípulo y seguidor de S. Tomás, aunque a veces muestre preferencias por la escuela franciscana. Entre los teólogos pertenecientes al clero secular merecen nombrarse Gerardo de Abbatisvilla y Enrique de Gante, pensador profundo y de enorme fuerza dialéctica. Sus 15 Quodlibetos son considerados como los mejores del género. Tuvo seguidores, destacando Godofredo de Fontaines, e impugnadores acérrimos entre los tomistas, sobresaliendo Herbeo Natalis y Bernardo de Auvernia. d. Método de enseñanza y géneros literarios. Comentarios a las Sagradas Escrituras tienen su origen en la lectio. Esta, a diferencia de la lectio de la Teología monástica IV) se adentra en la captación del sentido y en la doctrina del texto bíblico para extraer las verdades de la fe. Se hacen verdaderos comentarios a la Biblia, precursores de las teologías bíblicas actuales. Son notables los debidos a S. Buenaventura, S. Tomás, Pedro de Tarantasia, Mateo de Aquasparta, Duns Escoto, Egidio Romano. Prueba ésta, de que los grandes maestros no se olvidaron de beber su teología en las fuentes. Comentarios a las Sentencias encontramos en todos los maestros de este tiempo. Al principio lo hicieron en forma de glosa o de simple aclaración del texto, pero después introducen cuestiones originales, si bien guardan el orden y división de las Sentencias. En época más tardía encontramos verdaderas yuxtaposiciones de tratados amplios y propios con los textos del Lombardo. Las Cuestiones Disputadas y Quodlibetales. El tecnicismo y artificio de la Cuestión (quaestio) es lo más peculiar del método escolástico. Surge, al principio, con motivo de la lectio, al tener que decidirse entre dos o más sentencias diversas o «auctoritates» opuestas. Pero después la quaestio se introduce en la dilucidación de doctrinas ciertas, con el fin de suscitar interés y llegar más al fondo en su comprensión. De ahí que se pregunten incluso: Utrum Deus sit? (¿existe Dios?). Es la duda metódica escolar como medio pedagógico. Se dan razones en pro y en contra, y el maestro ofrece, finalmente, la solución. Esto da origen a la disputa. Una vez que todo se pone en «cuestión» es lógico que surgiera la disputa. Ésta se oficializa. Varias veces al año el maestro sometía a discusión pública un problema. Los demás maestros y alumnos, incluso de otras facultades, presentaban sus dificultades, discutían entre sí, y el maestro que dirigía este interesante torneo escolar, ofrecía al fin su solución (determinatio). Reunido el material de la disputa, ordenado y criticado por el maestro, da origen a las Quaestiones Disputatae, arsenal de la Teología medieval. Cuando la materia a discutir se deja a la elección de los asistentes, tenemos las disputas de Quodlibet, es decir, cualquier problema podía ser planteado. De ahí la inmensa variedad de temas que se encuentra en las quaestiones quodlibetales. Este género es menos extenso que el anterior, pues suponía un riesgo evidente el encarar una disputa sin saber de antemano ni siquiera el tema. Por eso no todos los maestros lo practicaron y algunos muy rara vez. Los Opúsculos son monografías sobre determinados problemas. En ellos brillan el orden, la profundidad de pensamiento y la argumentación contundente. Los de Alberto Magno, San Buenaventura, Tomás de Aquino, Egidio Romano, etc., son piezas maestras del saber teológico. Las Sumas teológicas ofrecen la síntesis del sistema original de sus autores, pues las escribieron sin las limitaciones que lleva consigo el comentario a un texto determinado. Fueron escritas al final de la carrera literaria, la mayor parte quedaron sin terminar. Abarcan todas las cuestiones teológicas, ordenadas según la concepción que cada maestro tiene de la Teología. En la disposición y técnica literaria siguen a las Quaestiones Disputatae. 3. Decadencia de la Teología La decadencia de la Teología en los s. XIV y XV tiene sus raíces en las luchas entre el poder civil y religioso, en la incapacidad de los teólogos para guardar la armonía entre la razón y la fe, en el averroísmo latino, en el olvido cada vez más acentuado de la Biblia y de los PP., en el gusto desmesurado por la disputa y las cuestiones bizantinas, en el nominalismo (v.) de Guillermo de Ockham, defendido en París por Pedro de Ailly y Juan Gerson. No obstante, encontramos en estos siglos ilustres representantes de la Teología en el tomismo, en la escuela franciscana o escotismo, en el agustinismo, etc. La escuela carmelitana, de carácter
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    12 ecléctico, ofrece lasfiguras de Roberto Walsingham, Gerardo de Bolonia y Guido Terreni. Fuertemente influenciados por el averroísmo o el nominalismo tenemos a Osberto Anglico, Francisco Bacon y sobre todo a Miguel de Anignani. Es célebre por la refutación que hace de los errores de Wiclef y Hus, Netter Waldensis. Entre los teólogos independientes descuellan en esta época Tomás de Bradwardine, el catalán Raimundo Sabunde y especialmente Nicolás de Cusa. En España sobresale Alonso de Madrigal el Tostado, verdadera enciclopedia del saber. En sus comentarios a la S. E. se encuentran tratados teológicos perfectos sobre la Gracia, Cristo, la Virgen, etc. 4. Renacimiento de la Teología escolástica Tienen lugar en este periodo (siglos XVI y XVII) hechos tan importantes y decisivos como la Reforma protestante y el Concilio de Trento. De ahí que el género controversista se cultive más que antes. No faltan escritos monográficos sobre cuestiones actuales, y abundan los comentarios a la Summa de S. Tomás. La controversia se realiza a base de Teología positiva, tratando en particular las cuestiones negadas o puestas en duda por los reformadores: Escritura y Tradición, la Gracia, la justificación, los Sacramentos especialmente la Eucaristía, etc. Se enfrentan a la doctrina de los reformadores en Alemania: Juan Eck, Alberto Pighio, Arnoldo de Usinga, Pedro Canisio; en Lovaina, Ruardo Tapper, Juan Driedo, Teodoro Pelten; en Francia, Claudio de Espence, Jacobo Merlín; en Inglaterra, S. Juan Fisher, S. Tomás Moro, Reginaldo Pole; en Italia, Silvestre Prierias, Ambrosio Catarino, jerónimo Seripando; en España, Alfonso de Castro, Andrés Vega, Martín Pérez de Ayala, etc. a. La escuela de Salamanca. La Teología especulativa floreció de modo particular en España durante los s. XVI y XVII, siendo su origen y centro de irradiación el convento de S. Esteban de Salamanca, de donde pasó a la Universidad de dicha ciudad y a la de Alcalá. El padre de esta nueva Edad de Oro de la E. fue Francisco de Vitoria, quien supo unir admirablemente la Teología especulativa y la positiva, introdujo como libro escolar la Suma, escribió numerosas obras especialmente Comentarios a la Suma y las Relecciones, etc. Más podemos decir que su mayor mérito consistió en haber formado escuela, comunicando a sus discípulos su espíritu investigador e inquietud por los problemas de la Teología. Entre ellos destaquemos a Domingo de Soto, Pedro de Soto, e indirectos a Melchor Cano, Bartolomé de Carranza todos ellos teólogos del Concilio de Trento, Mancio del Corpus Christi, Pedro de Sotomayor. En la escuela salmantina se formaron por este tiempo también el jesuita Gregorio de Valencia y el agustino fray Luis de León. También en Italia renace la Teología Escolástica, sobresaliendo el cardenal Tomás de Vio y Francisco Silvestre de Ferrara, el Ferrariense. En Alemania destaca el también dominico Conrado Koellin. A este renacer de la Teología dio nuevo impulso el Concilio de Trento. A raíz de éste abunda la producción teológica extendiéndose a todos los dominios de la ciencia de Dios: Escritura, Apologética, Teología especulativa, positiva, mística. Los más ilustres pensadores de este tiempo hermanan admirablemente la especulación con el uso de las fuentes y mantienen viva la tradición escrituraria y patrística de la Edad de Oro y de la e. incipiente, si bien predomina la argumentación racional. Sus escritos, especialmente los Comentarios a la Suma, son perfectas sistematizaciones especulativas, extensas y originales sobre los más variados temas. Muchos de ellos, en ciertos aspectos, superan incluso a los del s. XIII. La nota dominante es el querer mantenerse fieles a la doctrina de S. Tomás. Sin embargo, el eclealicismo predominó en algunos, llegando a ser esto er listintivo de la escuela jesuítica, pretendiendo expresar en sus teorías originales el pensamiento auténtico tomista. Esto motivó la fuerte reacción de los tomistas enzarzándose en disputas, especialmente acerca de la Predestinación y de la Gracia, que consumieron demasiado tiempo y energías, y paralizaron, en cierto modo, el progreso teológico. No obstante, estas disputas entre las escuelas nos dan idea de la intensidad con que se vivían las cuestiones teológicas, pues no quedaban reducidas a las aulas o a los escritos, sino que trascendían a la calle. En la Teología controversista posterior al
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    13 tridentino, realizada conmás perfección que la anterior, destacan S. Roberto Belarmino, Gregorio de Valencia, Tomás Stapleton y David Perron. b. Escuela tomista. Siguiendo la tradición comenzada en Salamanca por Vitoria, en el siglo XVI y subsiguientes, encontramos entre los dominicos teólogos de la talla de Domingo Báñez, Bartolomé Medina, Diego Álvarez, Tomás de Lemos, quienes tomaron parte muy activa en las controversias «de auxiliis», dejando valiosos tratados sobre el particular en sus comentarios a la Suma o en monografías. Pedro Ledesma, Massoulié, Antonio Reginal también destacados en las cuestiones sobre la Gracia, si bien no siguen tan fielmente a Báñez. De especial importancia es la obra teológica de Juan de Santo Tomás. Gonet, Antonio Goudin, Xantes Mariales, Francisco Araujo, etc., con notables comentarios a la Suma. Junto a los dominicos siguen el tomismo los teólogos carmelitas, autores del Curso Salmanticense y Felipe de la S. Trinidad, así como el secular Juan Alfonso Curiel y el mercedario Francisco Zumel. c. Escuela franciscana. Prevaleció en ella el escotismo teniendo sus mejores representantes en Lucas Waddingo, Francisco de Herrera, Bartolomé Mastrio. Pero algunos, en particular los reformados capuchinos, volvieron a la escuela franciscana primitiva, siguiendo a S. Tomás y especialmente a S. Buenaventura. Entre éstos citemos a Pedro Trigoso, José Zamora, Gaudencio Bontempo Brixinense. d. Escuela jesuítica. Son numerosos los representantes de la Teología que nos ofrece la Compañía de Jesús en este periodo. Los principales son: Francisco de Toledo, Laínez, Salmerón, Gregorio de Valencia, Francisco Suárez, Ruiz de Montoya, Luis Molina, José Martínez de Ripalda, Claudio Tiphanio, Leonardo Lessio, Martín Beccano, luan de Lugo, etc. 5. Decadencia de la Teología escolástica. A finales del siglo XVII comienza la decadencia de la Teología, que se manifiesta de modo particular en los tratados de Moral, que derivan a la casuística. Lo vemos en Martín de Azpilcueta, Tomás Sánchez, Juan de Caramuel, Martín Bonacina, Vicente Baron, Daniel Concina. La decadencia se nota también en otros campos, pues los cultivadores de la Teología son generalmente repetidores, compiladores y manualistas. Brillan algunos por la exactitud, claridad y practicidad, siendo sus obras óptimos instrumentos para el aprendizaje teológico. Citemos entre los tomistas a Contenson, C. R. Billuart, Vicente Luis Gotti, etc.; en la escuela franciscana a Claudio Frassen, jerónimo Montefortino, Crescencio Krisper; entre los jesuitas a Edmundo Simonnet, Alvarez Cienfuegos y P. Kilber quien con otros profesores de Wurzburgo nos legaron la Theologia Wirceburgensis. Grandes esperanzas hicieron concebir a la Teología la congregación del Oratorio, el Seminario de S. Sulpicio y la Sorbona. Pero pronto sus teólogos padecieron la influencia del jansenismo y del galicanismo. Sin embargo, son dignas de recordarse las figuras de Gaspar Juenin, Luis Abelly y Honorato Tournely entre otras. Tras los periodos de postración de la Teología (s. XVIII y parte del XIX), debido a la Ilustración, al influjo de filosofías ajenas y contrarias al pensamiento cristiano, al avance de las ciencias cuyo progreso y descubrimientos no supieron asimilar los teólogos, a los conflictos sociales, políticos y religiosos, a la tendencia excesivamente racionalista que penetra en teología, nos encontramos con un nuevo despertar de la Teología merced a los neo-escolásticos. V. Tomo: MEDIA, EDAD III; MODERNA, EDAD III; TEOLOGÍA. Bibliografía M. GRABMANN, Historia de la teología católica, Madrid 1946; J. CHEVALIER, Histoire de la pensée, t. 2, París 1956; A. M. LANDGRAF, Introducción a la historia de la literatura de la escolástica incipiente, Barcelona 1956; A. FOREST, F. VAN SEENBERGHEN, M. DE GANDILLAC, Le mouvement doctrinal du XI au XIV siècle, en Fliche-Martín, t. 13, París 1956; J. DE GHELLINCR, Littérature latín au moyen âge, París 1939;
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    14 ÍD, Le mouvementthéologique du XII, siècle, 2 ed. Brujas 1948; G. PARE, Les idées et les lettres au XII siècle, Montreal 1947; O. LOTTIN, Psychologie et morale aux XI et XII siècles, 6 vol., Gembloux 1942-54; G. ROBERT, Les écoles et 1'enseignement de la théologie pendant la première moitié du XII siècle, París 1900; A.-M. CHENU, L'équilibre de la scolastique médiévale, «Rev. de sciences philosophiques et théologiques» (1940) 304-312; ÍD, La théologie comme science au XIII siècle, 2 ed. París 1943; ÍD, Introducción à 1'étude de Saint Thomas, Montreal-París, 1969; ÍD, La théologie au douzième siècle, 2 ed. París 1966; P. MANDONNET, De l'incorporation des dominicains dans 1'ancienne Université de Paris, «Rev. Thomisten 4 (1896) 133-170; F. EHRLE, L'agostinismo e 1'aristotelismo nella Scolastica del secolo XIII, «Xenia Thomistica» 3 (1955) 517-588; C. GIACON, Guide bibliografiche, II, Il pensiero cristiano, Milán 1943; ÍD, La seconda scolastica, Milán 1944; P. GLORIEUX, La latérature quodlibetique de 1260 á 1320, Le Saulchoir 1925; F. STEGMÜLLER, Repertoriuni commentariorum in Sententias Petri Lombardi, Wurzburgo 1947; I. SIMLER, Des Solnes de Tliéologie, París 1871; J. CUERVO, Historiadores del Convento de San Esteban de Salamanca, Salamanca 1914; M. SOLANA, Los grandes escolásticos españoles de los siglos XVI y XVII, Madrid 1928; P. PÉREZ GOYENA, Las escuelas teológicas españolas, «Razón y Fe» 65 (1923) 50-72; 215-235; 53 (1919) 1,62-74; 54 (1919), 11,27-41,137-155; J. MARITAIN, Arte y escolástica, Buenos Aires 1958; H. DE LUBAC, Exégèse médiévale. Les quatre sens de l'Écriture; 4 vol., París 195963; G. LAFONT, Estructuras y método en la «Suma Teológica» de Santo Tomás de Aquino, Madrid 1964, 3- 24. San Miguel de Tucumán, 20 de Mayo de 2011.- .