Los monasterios cristianos tenían una estructura arquitectónica típica que giraba en torno a la iglesia, el claustro y otras dependencias como la sala capitular, el refectorio y las celdas de los monjes. Los monjes vivían en comunidad siguiendo la regla de su orden y se encargaban de tareas como la oración, la copia de manuscritos, el cultivo y la fabricación de productos para la venta.