El capítulo describe la llegada de Ernesto y su padre al Cusco desde Abancay. Se detallan los escenarios por los que transitan, incluyendo la casa del viejo donde se hospedan, la cual tiene varios patios y pisos encalados. El viejo les muestra con amabilidad su hogar y la catedral. A pesar de las dificultades del viaje, el padre mantiene una actitud positiva sobre su ciudad natal.