La palma africana, originaria de África Central, es una planta tropical clave para la producción de aceite, alcanzando alturas de hasta 40 m en estado natural. Su cultivo se ha expandido desde el siglo XV y se ha adaptado mejor en la franja ecuatorial con condiciones ambientales estables. La siembra oportuna y el manejo adecuado del suelo son cruciales para maximizar su alta productividad y asegurar un cultivo sostenible.