La parábola de las diez vírgenes, según Mateo 25, ilustra la importancia de estar preparados para la llegada de Cristo, representando a las vírgenes prudentes como aquellos que viven de acuerdo a la palabra de Dios, mientras que las fatuas simbolizan a quienes no actúan según esa enseñanza. El mensaje central enfatiza la urgencia de estar espiritualmente despiertos y apercibidos ante la inminente venida del Señor, advirtiendo que muchos buscarán la verdad demasiado tarde cuando las puertas del reino se cierren. Esta parábola sirve como un llamado a la iglesia actual para que se mantenga firme en su fe y práctica, y no caiga en el adormecimiento espiritual.