El documento describe el pragmatismo ético como una corriente filosófica creada en Estados Unidos a finales del siglo XIX. Se centra en que solo es verdadero aquello que funciona y tiene consecuencias prácticas, rechazando las verdades absolutas. Sus principales impulsores fueron Charles Sanders Peirce, John Dewey y William James. El pragmatismo influyó en el desarrollo de conceptos de comunicación y enfoques éticos basados en las consecuencias de los actos.