El artivismo, que impregna las luchas sociales urbanas, busca resignificar el espacio público y cuestionar las dinámicas de injusticia social, pero presenta implicaciones ideológicas y de mercantilización de las ciudades. A pesar de su intención de promover la interacción y transformación social, puede convertirse en un complemento que desactiva el activismo político, ya que su presencia a menudo es percibida como exterior y paternalista, alimentando la desigualdad en lugar de combatirla. Este movimiento, que amalgama arte y vida pública, requiere una reflexión crítica sobre su papel en la revalorización urbana y la autenticidad de las comunidades afectadas.