El ensayo analiza la reconfiguración del poder en un país entre 2000 y 2009, enfocándose en cómo afecta la democracia, el desarrollo económico y la gestión pública a nivel departamental. Se concluye que aunque se generan nuevas élites, estas deben compartir poder con antiguas, lo que resulta en un sistema híbrido que no favorece el verdadero cambio social y perpetúa desigualdades. Además, la falta de un liderazgo sólido y el respeto a opiniones divergentes limita la capacidad de promover reformas significativas en beneficio de los más desfavorecidos.