Este documento argumenta que la reflexión pedagógica debe centrarse no solo en el contexto del sujeto sino también en su historia personal y humana. Propone una pedagogía antropológica que reconozca la formación individual pero también entienda al sujeto como socialmente construido. Finalmente, sostiene que una pedagogía del ser debe tomar en cuenta las expectativas, intereses y posibilidades de los sujetos sin pretender dar respuestas definitivas.