David, nacido en Belén alrededor del 1040 a.C., fue el segundo rey de Israel y conocido por su valentía al derrotar a Goliat. Su reinado, marcado por éxitos militares y la consolidación del reino, también estuvo acompañado de conflictos familiares y personales debido a sus pecados. A pesar de sus fallos, David es recordado como un hombre conforme al corazón de Dios y como un precursor del Mesías, prometiendo un reinado eterno a través de su linaje.