El documento examina cómo el sistema de educación superior en EE. UU. contribuye a la reproducción intergeneracional del privilegio racial, destacando que un alto porcentaje de estudiantes blancos asisten a universidades selectivas, mientras que afroamericanos e hispanos se concentran en instituciones de menores recursos. A pesar de un aumento en la matrícula de estos grupos minoritarios, persisten desigualdades significativas en términos de recursos y resultados académicos, lo que se traduce en disparidades salariales y oportunidades laborales. Este ciclo perpetúa la ventaja educativa y económica de la población blanca y limita la movilidad social de afroamericanos e hispanos.