La templanza es considerada la más importante de las virtudes del Espíritu porque sin ella las obras de la carne no pueden ser derrotadas. La templanza es la virtud de controlar los propios deseos y pasiones, especialmente los apetitos sensuales. Los cristianos deben aprender a dominar sus pasiones y escapar de la esclavitud del pecado para producir el fruto de la santificación y la vida eterna.