La religiosidad popular es una expresión legítima de la fe que se manifiesta a través de diversas tradiciones como procesiones, fiestas patronales, y devoción a santos. Si bien estas tradiciones son valiosas, a veces falta formación teológica correcta, por lo que es importante purificarlas y enmarcarlas apropiadamente en la doctrina católica con el fin de que conduzcan a los creyentes a una relación más profunda con Cristo.