Nietzsche argumenta que la cultura occidental es nihilista porque dirige sus pasiones y esperanzas a algo inexistente como Dios o el mundo ideal platónico, despreciando la única realidad que es el mundo sensible. Platón culpabiliza al mundo sensible por miedo a la muerte y crea un mundo verdadero eterno e inmutable para consuelo. El cristianismo continúa esta metafísica nihilista y decadente. Para Nietzsche, el mundo en su devenir es inocente más allá del bien y el mal.