La fe de María se caracteriza por su disponibilidad y confianza total en Dios, viviendo con atención a Su palabra. Su fe crece a través de las enseñanzas de Gabriel, José, Isabel y Jesús mismo. Guarda todos estos eventos en su corazón y vive en solidaridad con el pueblo de Dios, manteniendo su fe a través de la alegría, fidelidad y entrega a la misión de llevar a Cristo al mundo.