Rasgos identitarios en la obra de Rubén Darío
Mis ilusiones, y mis deseos, y mis
esperanzas, me dicen que no hay patria
pe...
religión, filosofía, cómo nos vemos y cómo vemos a los otros,
Nicaragua como punto de encuentro de las culturas indígenas
...
las raíces indígenas, en oposición a la cultura y mundo anglosajón:
Las ambiciones pérfidas no tienen dique
soñadas libert...
tropical: Penachos verdes de palmeras… un ave de rapiña pasa a
pescar, y torna con un pez en las garras. Y sopla un vaho d...
mediados de los XX. Pero no sólo son las serenatas las que revelan
un rasgo identitario, sino el verso que dice “alguna no...
magnífico coloso, después de vivir en los fríos de Europa, al
regresar a su Nicaragua natal, “el tren rodando sobre sus ri...
el acero de guerra o el olivo de paz.
Si pequeña es la Patria, uno grande la sueña.
Mis ilusiones, y mis deseos, y mis
esp...
La latina estirpe verá la gran alba futura,
y en un trueno de música gloriosa, millones de
labios
saludarán la espléndida ...
Próxima SlideShare
Cargando en…5
×

Dario y la identidad nacional

202 visualizaciones

Publicado el

escritores latinoamericanos

Publicado en: Educación
0 comentarios
0 recomendaciones
Estadísticas
Notas
  • Sé el primero en comentar

  • Sé el primero en recomendar esto

Sin descargas
Visualizaciones
Visualizaciones totales
202
En SlideShare
0
De insertados
0
Número de insertados
6
Acciones
Compartido
0
Descargas
1
Comentarios
0
Recomendaciones
0
Insertados 0
No insertados

No hay notas en la diapositiva.

Dario y la identidad nacional

  1. 1. Rasgos identitarios en la obra de Rubén Darío Mis ilusiones, y mis deseos, y mis esperanzas, me dicen que no hay patria pequeña. Rubén Darío Isolda Rodríguez Rosales El término identidad tiene su origen en la palabra latina "ídem" que significa "lo mismo", y que se refiere por oposición a lo que es diferente o a lo otro. Es decir, nuestra identidad es la que define quiénes somos y cómo nos diferenciamos con respecto a los otros que no son iguales a nosotros. La identidad nacional se construye a partir de la reconstrucción de los aspectos cognitivos y emocionales del ambiente sociocultural y se expresa en sus prácticas cotidianas. Puede describirse por sus componentes: lo que es autóctono y que lo nos diferencia de otros grupos. Según Leopoldo Zea “Por el mundo entero… el tercer mundo debe tratar de crear una nueva forma de pensar, una identidad no excluyente, una filosofía que sea instrumento de solidaridad y libertad”. (El pensamiento latinoamericano: 432) En el caso de Nicaragua, indagar sobre la identidad nacional presupone el conocimiento de la identidad centroamericana, buscar nuestra identidad comienza por definir quiénes somos, qué hacemos, cuál es nuestra lengua y nuestro sistema de creencias: 1
  2. 2. religión, filosofía, cómo nos vemos y cómo vemos a los otros, Nicaragua como punto de encuentro de las culturas indígenas migratorias del norte (mexicas) y del sur (chibchas). El discurso nacionalista de Sandino se basaba en el antiimperialismo, y en el símbolo de la raza indo hispana que representaba el mestizaje y la lengua castellana como base de la unidad del pueblo nicaragüense y latinoamericano. En el poema “Los Cisnes”, Darío se autodefine “Soy un hijo de América, soy un nieto de España”, he aquí una marca de identidad. Por años se ha enfatizado en el estudio parcial de sus poemas, dando como resultado la creencia errónea de que la poesía dariana es desarraigada y se le ha criticado de afrancesado, pero eso es desconocer la totalidad de la obra de nuestro gran poeta que fue un gran centroamericanita y muchos de sus escritos así lo demuestran tal como los ensayos y artículos sobre “los cinco países de mi tierra” dispersos en la prensa periódica y literaria, como la “Revista literaria de Centroamérica” de 1885, según afirma Ernesto Mejía Sánchez. Por otra parte, muchos de los temas abordados en su poesía revelan un poeta preocupado por lo nuestro, por las cosas cotidianas. Darío canta a nuestra tierra, su gente y su cultura, pero ampliando el entorno de lo que él considera “su tierra” a toda Latinoamérica, porque Darío supo ser heredero de los ideales de Bolívar y Martí y pensar y sentir por la patria grande que él llamó América. Uno de los poemas que define esa determinación por marcar nuestra identidad es “Colón”, donde describe un rasgo identitario étnico: “con nuestra boca indígena semiespañola”. En este mismo poema Darío se sumerge en la identidad latinoamericana, buscando 2
  3. 3. las raíces indígenas, en oposición a la cultura y mundo anglosajón: Las ambiciones pérfidas no tienen dique soñadas libertades yacen deshechas, ¡Eso no hicieron nunca nuestros Caciques, a quienes las montañas daban las flechas! Hay un poema dariano que escruta en busca de nuestra identidad como latinoamericanos, es el poema “Tutecomotzimi”, donde el poeta reconstruye el mundo indígena mesoamericano: a la luz de árboles centenarios cantan los cenzontles, brilla el quetzal y el puma “hace crujir las hojas secas”. Todo el escenario “nuestro” es pintado con versos llenos de adjetivos que denotan colores, sonidos de chicharras, cigarras y zanates clarineros. Con una recreación que hoy llamaríamos ecológica, describe bosques primitivos, selvas pobladas de aguacates, donde vuela la ardilla, duerme la iguana y brilla la mariposa azul. Todo este es el escenario de zapotecas, katchiqueles, mames y pipiles. Darío escribe un poema épico que narra el inicio del reinado de Tutecomotzimi, para rescatar nuestra cultura indígena. Porque una de nuestras raíces étnicas se encuentra en ese mundo azteca. Somos la raza indo hispana, nutrida por la raíz africana. Como dice Darío en su poema “Raza”: Juntos alientan vástagos/ de beatos e hijos / de encomenderos, con/ los que tienen el signo de descender de esclavos africanos o de soberbios indios/ como el gran poeta Nicarao, que un puente de canoas/ brindó al cacique amigo/ para pasar el lago/ de Managua. En Intermezzo Tropical canta la isla de Cardón, frente a Corinto y logra una cronografía cual pintura naif, de su tierra 3
  4. 4. tropical: Penachos verdes de palmeras… un ave de rapiña pasa a pescar, y torna con un pez en las garras. Y sopla un vaho de horno que abochorna y tuesta en oro las cigarras. (1907) Poemas que describen el paisaje tropical nicaragüense con versos llenos de imágenes y belleza estética. En el poema “La dulzura del ángelus” (Prosas profanas) haciendo uso de una sinécdoque, el poeta evoca sus días de infancia cuando todo era inocencia. Las campanas provinciales de León, de la iglesia san Francisco, cercana a su casa paterna, le hacen pensar en plegarias, en su fe perdida, en los días que ahora añora y desea volver a vivir para tener donde asirse, la fe de sus mayores que aprendiera de niño: (¡Oh, suaves campanas entre la madrugada!) “Tríptico de Nicaragua” es el mundo de los recuerdos de una vida, de la cultura de su tierra, de la casa familiar. Los enanos divirtiendo a la gente hacendada, “fingía ser obispo y bendecía” dice del Capitán. Darío se refiere al mundo privado de las representaciones, costumbre cultural de la época colonial y que perdurara hasta el siglo XIX. El poema “Terremoto” (1912) refleja toda una identidad nacional poblada de leyendas. Darío afirma en su Autobiografía que por las noches los sirvientes de su casa, Serapia y Goyo le contaban cuentos de ánimas en pena y aparecidos, historias que perduraron en su memoria y así en este poema señala: En silencio reposa la gran villa/ donde de niño supe de cuentos y consejas/ o asistí a serenatas de amor junto a las rejas/ de alguna novia bella, timorata y sencilla. Las serenatas de amor, parte de la cultura de cortejo, usual a mediados del siglo XIX y que perdurara hasta 4
  5. 5. mediados de los XX. Pero no sólo son las serenatas las que revelan un rasgo identitario, sino el verso que dice “alguna novia bella, timorata y sencilla”, porque la timidez y sencillez eran atributos culturales de la mujer de ese período. Es decir, dice cómo somos. Otra marca de la identidad presente en este poema es la religiosidad, ya señalada otras veces por Darío. Asistimos a un terremoto que estremece las casas viejas “y la gente en los patios se arrodilla/ medio desnuda, y clama “¡Santo Dios! ¡Santo fuerte!/ ¡Santo inmortal!” En “A Colón” (Canto errante 1907) Darío alude a la religión que profesa la mayor parte de Latinoamérica, la cristiana y que el poeta percibe abandonada o cambiada por los valores materiales: “La cruz que nos dejaste padece mengua” “Cristo va por las calles flaco y enclenque”. La religión, las creencias, conforman parte de la identidad de un pueblo o Nación. En “A Roosevelt alude a esa característica “de la América ingenua que tiene sangre indígena/ que aún reza a Jesucristo y aún habla en español”. Es decir, los aspectos que definen la identidad: etnia, religión y lengua. En “Los cisnes” expresa su preocupación por la pérdida de la lengua española, preocupación que sigue siendo válida porque la lengua es signo de nuestra identidad: “¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?/ ¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?” En el magnífico poema “Momotombo” este se constituye en símbolo de la Patria, de la niñez: ¿Oh Momotombo ronco y sonoro! Te amo/ porque a tu evocación vienen a mí otra vez,/ obedeciendo a un íntimo reclamo,/ perfumes de mi infancia, brisas de mi niñez. No se requiere mucha sensibilidad poética para imaginarse cómo debe haber impresionado a Darío, la figura del 5
  6. 6. magnífico coloso, después de vivir en los fríos de Europa, al regresar a su Nicaragua natal, “el tren rodando sobre sus rieles” y sentir la telúrica e imponente presencia de ese “padre de fuego” a quien llama con bellísimos vocativos: “Señor de las alturas, emperador del agua” y a sus pies “el divino lago de Managua/ con islas todas luz y canción”. Nos encontramos ante una pintura emotiva de su tierra, de sus lagos y volcanes, es decir, lo que nos caracteriza. Tono similar tiene el poema “Retorno”: El retorno a la tierra natal ha sido tan/ sentimental, y tan mental, y tan divino/ que aún las gotas del alba cristalina están/ en el jazmín del ensueño, de fragancia y de trino. Este poema contiene versos que hablan de la cultura de América donde “se celebraban cultos de estrellas y de abismos,/ se tenía una visión sacra de Dios” y Moctezuma tuvo una revelación. Darío siente el orgullo de la Patria, de su historia, su pueblo, al que describe como fuerte, apasionado, consciente, y tan grande es León como Roma o París. Lleno de idealismo y pasión clama: A través de las páginas fatales de la historia nuestra tierra está hecha de vigor y de gloria, nuestra tierra está hecha para la Humanidad. Pueblo vibrante, fuerte, apasionado, altivo; pueblo que tiene la conciencia de ser vivo, y que reuniendo sus energías en haz portentoso, a la Patria vigoroso demuestra que puede bravamente presentar en su diestra 6
  7. 7. el acero de guerra o el olivo de paz. Si pequeña es la Patria, uno grande la sueña. Mis ilusiones, y mis deseos, y mis esperanzas, me dicen que no hay patria pequeña. Y León es hoy a mí como Roma o París. Conocida es su posición antiimperialista en el poema “A Roosevelt”, (escrito en Málaga, 1904) en el que plasma toda una posición ideológica y que define cómo somos, cómo hemos sido como pueblos latinoamericanos. Habla de la cultura maya “que consultó los astros”, en alusión a los grandes avances astrológicos como lo demuestran las ruinas del observatorio astronómico en Palenque; de una cultura de poetas “desde los viejos tiempos de Netzahualcoyotl” Si hay un poema que refleja la identidad y orgullo del ser latinoamericanos es Salutación al optimista (Madrid, 1905) en el que hace un llamado a la unión de los pueblos latinoamericanos unidos en “espíritu y ansias y lengua” Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda, espíritus fraternos, luminosas almas, ¡salve! Es el canto a la fraternidad, solidaridad, a una renovación que sintetice las culturas, son versos llenos de optimismo porque el poeta visualiza tiempos mejores, un nuevo amanecer para nuestra América: 7
  8. 8. La latina estirpe verá la gran alba futura, y en un trueno de música gloriosa, millones de labios saludarán la espléndida luz que vendrá del Oriente, Oriente augusto en todo lo cambia y renueva la eternidad de Dios, la actividad infinita. Y así sea esperanza la visión permanente en nosotros. ¡Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda! 8

×