SEGUNDA PARTE DEL CURSO DE
RELAJACION.
EJERCICIO 5:CONFERENCIA:EL PROCESO DE LA MEDITACION
A través de estas orientaciones...
"NI EN ESTE LUGAR NI EN JERUSALEN".
Superando una sacralización de los lugares aptos para la meditación, la elección del
l...
La meditación se hace mas con energía pasiva, permitiendo hacerse en nosotros. La actitud
correcta ante la meditación es p...
Ante todo debo darme cuenta del mensaje, sin dialogar con él. es decir, la actitud primera es
explicitar la conciencia de ...
El fantasma del egoísmo ha espantado frecuentemente el sano amor hacia si mismo. este amor
es algo más de la aceptación re...
2ª. Escucha, al menos durante un minuto, las sensaciones corporales para ver si de esta manera,
confusa inarticulada, tu c...
"HABEIS RECIBIDO EL ESPIRITU DE ADOPCION POR EL QUE CLAMAMOS
ABBA: PADRE". esta es la Palabra primordial en la oración con...
IMAGENES DE DIOS EN LA ORACION DE JESUS
En la oración de Jesús, tal como parece reflejada en los evangelios, inciden difer...
Próxima SlideShare
Cargando en…5
×

TALLER DE RELAJACIÓN-MEDITACIÓN.CONFERENCIA. EL PROCESO DE LA MEDITACIÓN

259 visualizaciones

Publicado el

Publicado en: Meditación
0 comentarios
0 recomendaciones
Estadísticas
Notas
  • Sé el primero en comentar

  • Sé el primero en recomendar esto

Sin descargas
Visualizaciones
Visualizaciones totales
259
En SlideShare
0
De insertados
0
Número de insertados
69
Acciones
Compartido
0
Descargas
2
Comentarios
0
Recomendaciones
0
Insertados 0
No insertados

No hay notas en la diapositiva.

TALLER DE RELAJACIÓN-MEDITACIÓN.CONFERENCIA. EL PROCESO DE LA MEDITACIÓN

  1. 1. SEGUNDA PARTE DEL CURSO DE RELAJACION. EJERCICIO 5:CONFERENCIA:EL PROCESO DE LA MEDITACION A través de estas orientaciones psico-pedagógicas pretendo ayudarte sobre el cómo meditar, trato de iniciarte en el arte de la meditación. La meditación, como ejercicio de nuestra atención, requiere un aprendizaje que encaje nuestra libertad psicológica y creyente., que nos haga familiar una conducta por donde pasa nuestro crecimiento personal. Sola la experiencia de meditación servirá de base a nuestro aprendizaje. Experiencia guiada, insustituible que, desde dentro, nos permitirá verificar la integración personal, el nivel de silencio y la paz; así como la convicción creyente de intimidad dialogal que genera el ejercicio cristiano de la meditación. La meditación, en la que vamos a dar los primeros pasos, es un camino religioso, transcendente que, a través de la devoción de mínimo contenidos intelectuales, busca en una intimidad recíproca, creyente, la escucha silenciosa y el silencio mismo como experiencia de integración humana y de fe cristiana. Se trata de una forma de meditación profunda que, dinamiza, por el sentimiento, desemboca en el silencio. A través de una conciencia corporal se va haciendo el silencio habitado por una fórmula rítmica, una palabra, un sentimiento, una imagen, una sensación, permitiendo que los "yoes" superficiales, crispados, posesivos, se vayan silenciando en la toma de contacto con el "yo" profundo, espiritual, unificador divino. En cuanto al momento de la meditación, por la mañana o por la tarde o por la noche, las diferencias individuales son tan grandes y los condicionamientos tan obvios que toca a cada persona elegir cuidadosamente y realísticamente el mejor tiempo para su meditación. La duración la dictará también la experiencia. En una persona laboralmente ocupada bastara media hora, en un ritmo aproximadamente diario, para dejar una huella profunda, si la meditación se hace correctamente. El problema de la meditación es la calidad de comunicación del silencio, más que la cantidad de los rezos. EL LUGAR:
  2. 2. "NI EN ESTE LUGAR NI EN JERUSALEN". Superando una sacralización de los lugares aptos para la meditación, la elección del lugar vendrá dada por las posibilidades, eligiendo dentro de ellas las que más favorezcan el silencio ambiental o permitan una mínima comodidad. Es importante que el lugar sea distinto del habitual del trabajo para impedir las asociaciones que nos distraigan. LA POSTURA: La postura es más importante que el tiempo o el lugar. Sin pretender perfeccionismo que dependan de la flexibilidad de los músculos y de la constancia, la postura ha de ser aquella que, manteniendo la espalda recta, sobre una buena de sustentación, favorezca la respiración diafragmática o abdominal. Sentados en una silla o en un banquillo. El cuerpo relajado y dejándose pesar en sus puntos de apoyo. Los brazos y los hombros flojos y sueltos. los ojos cerrados o manteniendo la mirada fija en un punto, sin tensión. La postura meditativa induce concentración relajada, atención sosegada, quietud. Debemos cuidar la postura, pues es nuestro cuerpo el que medita. La postura es nuestro compromiso físico con la meditación, es la meditación. La experiencia grupal de oración ayuda a la postura como a su vez es ayudada por ella. El ejercicio individual puede incurrir en menos agitación a la postura, siendo en realidad verdaderamente importante e hilo conductor de nuestra meditación silenciosa. La postura es el silencio del cuerpo. Antes de describir las técnicas concretas que nos facilitarán el aprendizaje de la meditación, voy a enumerar ALGUNAS ACTITUDES PREVIAS: 1ºESCUCHAR: La meditación que estoy describiendo se hace mas de escucha que de "palabrería". Es levantar la mirada hacia el otro. Silencio ante el Señor, porque su venida es próxima. El silencio es aquí una categoría transcendente, fruto más de una plenitud alumbrada que de una carencia. Meditar es aprender a escuchar, atreverse a escuchar el silencio. 2º. QUIETUD:
  3. 3. La meditación se hace mas con energía pasiva, permitiendo hacerse en nosotros. La actitud correcta ante la meditación es plantar la quietud, contemplar el silencioso crecer de la meditación sin hacer nada, sin prisas, sin apresuramientos. 3º. GRATUIDAD: La meditación es eficaz aun en un plano humano, terapéutico. Solamente a condición de que no se tensione hacia la eficacia. La meditación pertenece a esos gestos gratuitos que no sirven para nada, y, por ello, son verdaderamente importantes. 4º. SERENO GOCE: Esta actitud la configurara la experiencia. Cuando en la meditación se pasa bien, se experimenta un sereno goce. Tiende a repetirse, a abrirse paso en nuestro tiempo. El rezar en un momento de crisis puede ser una tarea penosa. Meditar habitualmente es un sereno goce. 5º. SORPRESA: La meditación admite una planificación en sus elementos más técnicos. En su esencia es siempre una sorpresa agradecida. Todo lo contrario a una rutina manipulada y manipulable. Lleva a la acción de gracias, no a la satisfacción de cumplimiento. ¿Qué hacer cuando en el curso de la meditación aparecen distracciones? Sencillamente no luchar contra ellas. ¿QUE SON LAS DISTRACCIONES? Son un mensaje de nuestro inconsciente, de nuestro cuerpo, de nuestro "yo", un recuerdo, algo inconcluso, una expectativa de futuro, un temor, una emoción relativamente importante. ¿Cual es su finalidad?: Revelarnos alguna necesidad, algún deseo, atraer la atención sobre algo, introducir en nuestro darnos cuenta que pueden enriquecernos. O mecanismos que nos permiten evitar el contacto con nosotros mismos, huir de nuestra conciencia. La fuerza de las distracciones es muy relativa al interés de la concentración que estamos realizando. ¿Que hacer con estos mensajes?: La reacción del fiel orante es luchar contra ellas, sin caer en la cuenta de que estos mensajes somos nosotros mismos, y que os dividimos en una lucha interna por jerarquizar necesidades, experiencias, valores, etc...
  4. 4. Ante todo debo darme cuenta del mensaje, sin dialogar con él. es decir, la actitud primera es explicitar la conciencia de ese mensaje: "EN ESTE MOMENTO EN EL QUE ESTOY MEDITANDO, ME DOY CUENTA DE QUE APARECE UN NUEVO DATO EN EL ESPACIO TRANQUILO DE MI ATENCION. SOY CONSCIENTE DE DOS PLANOS: 1º. Mi nivel de atención meditativa. 2º. El mensaje nuevo que llega. Escuchar el mensaje no equivale a poner nuestra energía a su servicio, a no ser que resulte tan importante que lo aconsejable sea interrumpir la meditación. Esto último ocurre raras veces. Si el mensaje es una queja de mi cuerpo por una mala postura o algo similar, le atenderá modificando lenta y conscientemente la postura. Si el mensaje entra en el campo de nuestra atención, con la posibilidad de ser distractivo, atenderé su contenido sin marchar tras él. Es como si dijera interiormente: AHORA QUE ESTOY MEDITANDO, ME DOY CUENTA DE ESTA IMAGEN, DE ESTA PALABRA, DE ESTE MENSAJE... Si lucho contra el mensaje, podría, incluso, apartarle de mi atención, aunque lo más frecuente es que aparezca con renovada fuerza para cumplir su misión. Entonces, la misma lucha se hace más distractiva que el mensaje. No luchar no equivale a consentir sencillamente, sino que supone no prestar energías con las que paradógicamente se alimentaría la misma distracción. No luchar es darme cuenta, sin alterarme, ser consciente del mensaje, decirle que ya sé que estas ahí, te atenderá más tarde; sin perder la calma, verlo y proseguir meditando.... Los mensajes, potencialmente distractivos, tienden a alterar nuestro ritmo respiratorio, a alterar nuestras sensaciones físicas. Un camino de mantener la meditación, después de haber sido consciente del mensaje sin entrar en el, es centrar nuestra atención a las sensaciones físicas o a la respiración como manera de afianzar el "aquí" y "ahora" meditacional. En la meditación nos preocupamos frecuentemente de si DIOS acudirá a nuestra cita, si estará presente en nuestras oraciones. Y solemos pasar por alto si nosotros estamos realmente presentes en la oración y de qué manera lo estamos. Sucede, a menudo, que el espacio oracional se ve invadido por los monólogos internos, cargados de autorreproches, experiencias, criticas, que hacemos en función de la imagen de nosotros mismos. Imagen que hemos formado y no acabamos de realizar. Ante esta deformación de la meditación, te voy a proponer, como posibilidad de una meditación psicológicamente sana y cristianamente coherente con el Dios de Jesús, una: ATMOSFERA DE ESCUCHA AMISTOSA La escucha amistosa supone un fondo de amor hacia sí mismo. Comporta una actitud positivamente amorosa hacia uno mismo.
  5. 5. El fantasma del egoísmo ha espantado frecuentemente el sano amor hacia si mismo. este amor es algo más de la aceptación resignada de lo que soy, supone considerarme valioso, no por lo que hago, sino simplemente por los que soy, saberme valioso a los ojos de DIOS, saberme querido por DIOS. Cuando falta este amor fundamental viene el desequilibrio y aparece el egoísmo como pobre manera de compensarse, recurriendo a un pseudoamor furtivo, centrado en el propio yo, e incapaz de relacionarse de verdad con el otro. El amor hacia uno mismo, base de la meditación sana, no es una actitud abstracta. Se traduce en una autocomprensión cariñosa, cálida, creativa. Con un amigo puedes charlar en una atmósfera de aceptación incondicional y te duele que se maltrate, se desvalorice,, se agreda. Esto que harías con un amigo eres frecuentemente capaz de hacerlo contigo mismo. Sin una escucha amistosa, que es la traducción operativa del amor hacia uno mismo, no hay meditación sana. La meditación supone decirle: voy a ponerme en contacto contigo mismo, abriéndome desde mi autenticidad hacia mi Padre Dios. Ahora bien, no existirá contacto autentico conmigo mismo sin una escucha amistosa. Tu propia persona se defenderá como pueda de la pretendida agresión que implica el dialogo inter-personal, hecho de juicios y censuras, levantando barreras, fortificando defensas, provocando distracciones. Amarte a ti mismo, y por tanto, entrar en contacto amistoso, tierno, positivo contigo mismo en la meditación, es traducir en la historia la acción de DIOS CREADOR, REDENTOR, LIBERADOR... Si comienzas la meditación con un rechazo implícito a ti mismo, estas cerrando los ojos a la contemplación, que te invita a verte como fruto de la creación amorosa de Dios. Si niegas prácticamente, aunque lo reconozcas en teoría, esta verdad, bajo capa de humildad o de pecado, la meditación no será un camino hacia la verdad que te hará libre, ni hacia esa pérdida del yo que hemos de transcender, tanto para lo bueno como para lo malo. La escucha amistosa de un acto de amor y de fe en Dios y en ti mismo, solo a través de ese amor y de esa fe, crecerá tu persona en la meditación y en la vida. Para que la meditación pueda ser escucha o silencio lleno de una presencia, ha de comenzar por un humilde darse cuenta de uno mismo. Con la practica brotaran unos minutos intensificados en el umbral de la meditación para el respirar, el darse cuenta y el saber como estoy, en qué situación y disposición ahora cuando comienzo esta meditación. Como sugerencia te puede servir una: TECNICA PARA DARSE CUENTA DEL COMIENZO DE LA MEDITACION 1ª. Comienza tu preparación para la meditación después de haber adoptado la postura correcta, diciéndote: TODO ME VA BIEN, ESTOY BIEN.
  6. 6. 2ª. Escucha, al menos durante un minuto, las sensaciones corporales para ver si de esta manera, confusa inarticulada, tu cuerpo te confirma esa afirmación. Si, como ocurrirá habitualmente, no es de todo verdad que todo vaya bien, sentirás algo que comienza siendo corporal y va tomando un nombre poco a poco, que desmiente tu posición inicial. 3º. Tomar conciencia clara de que se trata, pero sin meterse en ello. Aparta un poco el problema que te viene a recordar que todo no te va bien. Obsérvalo. Reconocerlo y ponlo como a un metro de distancia del núcleo de tu persona. Es decir, no te dejes invadir por la toma de contacto de ese conflicto o problema, ni pretendas ignorarlos, apartándolo forzosamente de tu vista. Está ahí, tu esta aquí... De nuevo afirma: EXCEPTO ESO, TODO VA BIEN. Otra vez escucha tu cuerpo y observa a través de signos corporales, sensaciones físicas, sobre todo en el pecho, estomago, respiración, hombros y cuello, si es verdad que, excepto eso, todo va bien. Si surge la pista de otro conflicto o problema, haz lo mismo y después de haberlo reconocido, apártalo un poco de ti. Repite dos o tres veces más este proceso hasta que vayas quedando sereno, tranquilo, abierto a la meditación. Es cierto que tus problemas esta ahí, pero tu no eres tus problemas, aunque ellos están ahí. Tu veras si quieres trabajar con alguno de ellos en la meditación, llevándolo a tu apertura a Dios. Si prefieres no tocarlos y adentrarte en el silencio, estas frases iniciales te habrán ayudado. La finalidad de este ejercicio es comenzar con un sano realismo para meditar desde lo que ahora esta constituyendo tu personalidad, de la que tu cuerpo tiene una decisiva palabra que decir. Es importante que no hagas este ejercicio sin una buena conexión con tu cuerpo. Y, por tanto, una escucha tranquila del mismo. EL HOMBRE, TESTIGO DE LA ORACION Mas que hacer oración, el hombre es testigo de la oración. El hacer es válido para que esta infraestructura de la meditación en la que se verifica la experiencia oracional. La oración no se dice, se escucha. Cuando hacemos dentro de nosotros un profundo silencio, comenzamos a escuchar la oración. Pablo dice a los romanos que no sabemos orar como conviene, pero el Espíritu acude en socorro de nuestra debilidad y ora en nosotros con gemidos inefables. Es el Espíritu el que ora en nosotros. La misión del orante es silenciar su ser a la escucha de ese rumor del Espíritu. Sucede como cuando en la noche, en el bosque, nuestra sed se ve aliviada por la escucha de un rumor de agua que guía nuestros pasos. No vemos nada, solo oímos el rumor y nos guiamos por él. Así ocurre en la oración. El hombre escucha el rumor del agua viva en lo más profundo de su ser. Como es inefable, no encontrara conceptos y palabras para decir la oración, pero esa escucha, en el cristiano, tiene un punto más profundo: el si puede convertir el rumor en una palabra:
  7. 7. "HABEIS RECIBIDO EL ESPIRITU DE ADOPCION POR EL QUE CLAMAMOS ABBA: PADRE". esta es la Palabra primordial en la oración con todo su eficaz significado de fuente fecunda, de libertad y de amor empapado en una cercana ternura. El silencio que llenaba nuestra meditación, ha tenido su palabra: ABBA. La meditación es, entonces, el valor de adentrarse en el desierto del silencio con la esperanza de encontrar la palabra que pueda llenarte de vida. ABBA es el secreto de la oración. La palabra radical mas intima a nosotros, más que a nosotros mismos. Pero ABBA es una palabra difícil. Creer que la vida te viene de otro que es el único que puede decir plenamente yo. Creer que el otro es fuente de libertad y de amor. Todo esto solo es posible con la gracia. ABBA es una palabra difícil, por ello la oración es transparente. para que esta palabra tenga un sitio en tu experiencia humana tiene que subsistir, tal vez, un orden de valores. Para que en la vida del hombre pueda echar raíces la palabra ABBA es necesaria la acción de Dios que siempre conlleva una conversión, una transformación. Orar diciendo, por haberlo escuchado primero, ABBA es comprometerse a crear la infraestructura humana, social e individual, desde la cual el hombre puede decir con gozo PADRE. La oración tiene vida y sentido cuando es la conciencia habitualmente gozosa de la estructura dialogal de la fe. La fe cristiana está hecha de palabra y respuesta. La gratuita irrupción de palabra que acampa en la historia, en nuestra historia, despierta la posibilidad de una libre respuesta hecha de confianza. El darse cuenta de que la decisión mía no es un monologo filosófico, sino un dialogo místico es el momento de la oración. La meditación es, entonces, la conciencia y expresión de la fe. Es sabiduría profunda que gua una ortopraxis elegida, no desde el deber, sino desde el asombro y la comunión. En este sentido podemos decir que empezamos a orar cuando empezamos a creer. Sin embargo, lo que llamamos hacer meditación supone, además de ese dinamismo creciente de la fe, una condensación del darse cuenta contemplativo..., una autocomprensión, una conciencia de la vivencia creyente. La oración es una conciencia del dialogo que nos constituye personas creyentes. De ese YO + TU que nos saca del mundo de las cosas y nos permite nombrarlas y darnos cuenta de que no son algo, sino ALGUIEN, porque ALGUIEN nos nombra así. La oración cristiana supone un constante ejercicio de discernimiento, aplicable no solamente a los signos de los tiempos, sino a las imágenes que polarizan nuestra atención orante. Si iniciamos el camino de una meditación con imágenes, hemos de confrontar constantemente esas imágenes con los datos experienciales de la revelación.
  8. 8. IMAGENES DE DIOS EN LA ORACION DE JESUS En la oración de Jesús, tal como parece reflejada en los evangelios, inciden diferentes imágenes de Dios: 1ª. La tradición sapiencial le aporta un Dios que hace salir el sol sobre buenos y malos. Un Dios providente que viste a los lirios del campo y alimenta las aves del cielo. Para este Dios, hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados. Jesús crea a ese Dios y recrea la visión de la realidad a la luz de ese Dios. 2ª. La tradición profética presenta un rostro de Dios que Jesús asume en su oración y en su vida. Es el Dios que opta por los marginados, sensible a la injusticia, fiel, cuya imagen se rompe o se rehace en la actitud del hombre, en la superación de la idolatría. Esta imagen de Dios puede, incluso a pesar nuestro, seducirnos si nos exponemos a orar. 3ª. El Dios apocalíptico, renovador radical, que crea cielos nuevos y tierra nueva, que irrumpe como el relámpago. También aparece en la oración de Jesús de Nazaret. 4ª. El Dios del silencio, del no poder, del dolor impotente. Ese Dios es a quien dirige Jesús las suplicas de su pasión. Ese Dios que aparece como "ausencia de Dios", también se acerca de esa forma a nuestra oración. En todas las imágenes, Dios es siempre mayor. Y su realidad más profunda es el amor. La oración no puede delimitar a Dios. De hacerlo así, lo convertiría en un ídolo. Para el cristiano, orar cristocéntricamente no solo es una actitud piadosa. Es mas. Es la posibilidad de no manipular a Dios. El Jesús de la historia y el Cristo de la fe son dos polos tensionales de la oración cristiana que, dirigiéndose a Cristo Resucitado, lo confiesa como Señor asumiendo su misma historia. Solo así la oración es algo vivo y, a la vez, con un perfil concreto que no aciertan a desdibujar nuestros miedos, alienaciones o fantasías proyectivas. Jesús nos da la posibilidad de ver al Padre, viéndolo a él. Y nos otorga el Espíritu para vivir como hijos, para orar con la libertad y la confianza filial. Orar a ese Dios no supone salirnos de la historia para ir a la eternidad, sino situarnos en la historia, captando su gravidez de eternidad. La oración no es fundamentalmente un anhelo que nos lleva más allá del tiempo, sino que alienta la lucha contra la configuración del tiempo y del espacio que no visibiliza el Reino de Dios. La oración es historia en nuestro cuerpo y en nuestra vida. En nuestra vida es HISTORIA DE LA SALVACIÓN.

×