El documento describe a Dios como la fuente original de toda luz. Jesucristo es descrito como la luz verdadera que vino al mundo para iluminar a la humanidad y sacarla de las tinieblas. El movimiento de renovación carismática se alimenta de la Eucaristía, que fortalece el don del Espíritu Santo en los creyentes y les permite ser luz para los demás.