El documento destaca la confusión entre los conceptos de 'ciudad' y 'urbanidad', enfatizando la importancia de la apropiación emocional del entorno. Se plantea que el deterioro ambiental en Venezuela está vinculado a la falta de sentido de pertenencia en barrios populares, y se sugiere que para transformar esta relación es necesario involucrar a las familias en la educación ambiental. Además, se aboga por una geografía que sea un reflejo de lucha y afectividad, promoviendo una educación que valore la historia colectiva y la conexión emocional con el espacio.