El postimpresionismo surgió entre 1880 y 1890 como reacción al impresionismo, con pintores como Gauguin, Van Gogh y Cezanne que se centraron en la estructura de los objetos y la expresión de emociones a través del color. El neoimpresionismo de Seurat usó puntos de color para lograr mezclas ópticas, mientras que Gauguin y Toulouse-Lautrec exploraron temas y estilos más simbolistas y primitivistas.