Este temperamento, denominado "Amorfo", se caracteriza por la falta de emoción y actividad. Es pasivo, perezoso, egoísta y carece de iniciativa propia. Sin embargo, también es dócil, sociable y tranquilo. Su educación requiere establecer metas pequeñas y alcanzables, dirigirlo con firmeza pero también con cariño, y enfocarlo en desarrollar la virtud de la docilidad.