Este documento analiza los noveno y décimo mandamientos, que prohíben pensamientos y deseos impuros y la codicia. Explica que estos mandamientos no solo se refieren a acciones externas, sino también a los deseos del corazón. La pureza a la que se refería Jesús es el amor, y entre más amor haya en el corazón, menos impurezas habrá. También habla sobre la concupiscencia y la lucha entre la carne y el espíritu como consecuencia del pecado original.