Este documento discute la importancia del crecimiento de la iglesia tanto cuantitativo como cualitativo. Argumenta que la iglesia debe crecer numéricamente al agregar nuevos miembros, y también debe crecer espiritualmente al producir discípulos genuinamente transformados. Cita varios ejemplos bíblicos que muestran que Dios se preocupa por el número de personas que llegan a la fe, y también por la calidad espiritual de su pueblo. Concluye que solo hay verdadero crecimiento de la iglesia cuando ocurre tanto el