¡Salgamos del túnel...!
La construcción del tramo clave en la vía de Bogotá a Buenaventura, que
comprende una longitud de 10 kilómetros, avaluado en 230 millones de
dólares, estaría lista en siete años. En el primer año de operaciones, los
ahorros en costos del transporte (consumo de combustibles, etc.) y por
accidentalidad, serían de USD41 millones. Es un proyecto que debe
conservar su vigencia en la agenda de expansión vial.
Por José Félix Lafaurie Rivera*
El país necesita el Túnel de la Línea. Sin duda contribuirá a elevar la
competitividad de nuestra economía en los mercados internacionales.
Infortunadamente, después de tres intentos, el gobierno no logró contratar
la obra, y ha cambiado el proyecto. Ahora construirá un túnel piloto, mucho
más pequeño y con la décima parte de recursos. Pero aún así, no se sabe cuál
es la suerte final del mismo, pero frente a la incertidumbre que genera una
obra de estas características en una zona de alta inestabilidad geológica,
puede ser el comienzo de un nuevo esfuerzo que concluya con la realización
del proyecto.
El Túnel de la Línea hace parte de un tramo clave de la vía
Bogotá−Buenaventura. Sobre ella se moviliza el 60% de las mercancías
dirigidas a los mercados internacionales. Tendrá una longitud de 10
kilómetros y el urbanismo respectivo. El proyecto completo está avaluado en
230 millones de dólares, y estaría listo en siete años. Con el cambio, la
construcción del túnel piloto costaría sólo USD21 millones, se ejecutaría con
recursos propios del gobierno y se realizaría en dos años.
El cambio en la estructuración del desarrollo del proyecto puede salir más
costoso, pero más seguro. Como todo proyecto tiene riesgos, debemos recoger
las experiencias de las concesiones de primera y segunda generación, para
reducir las posibilidades de repetir la triste experiencia del Metro de
Medellín que se presupuestó originalmente en USD300, y terminó constando
por encima de los USD2.300 millones, o el de la vía alterna a los Llanos.
También se deben analizar detenidamente las causas que llevaron a
declarar desiertos los tres procesos licitatorios realizados anteriormente, y
sopesar el cambio de política de las aseguradoras que se produjo a raíz del
ataque terrorista a las torres gemelas de New York.
Pero a este proyecto deben acompañarle otros que, unidos, contribuirán a la
conectividad vial requerida en un escenario de apertura económica y que
Colombia está en mora de ejecutar. Me refiero a caminos veredales, puentes
inhabilitados, trochas y trayectos cortos que necesitan reactivarse para
devolverle la vida al campo, para que pequeños y medianos agricultores y
empresarios movilicen sus productos a los centros de consumo y cuenten con
las vías requeridas para comerciar en el ámbito internacional. No olvidemos
las vías fluviales. Los ríos Magdalena y Cauca, también cruzan por todo el
corredor vial. De hecho más de un centenar de empresas ya utilizan sus
aguas para transportar grandes volúmenes de productos a precios más
bajos. Sin embargo, presentan graves problemas de sedimentación que
impiden su navegación permanente y el aumento de su utilización.
Si bien el túnel de la línea –que es un tramo de solo 10 kilómetros dentro de
una red de carreteras de 130.000 kilómetros que tiene el país, y de las cuales
el 87% es de nivel secundario y terciario–, su construcción jalona todo el
conjunto vial. Y esto último tiene gran impacto en la medida en que bajo las
circunstancias sociales por las que atraviesa el país, permite recuperar la
institucionalidad y gobernabilidad, mediante la presencia del Estado. El
Túnel es una obra dinamizadora del comercio internacional. A nivel interno
los cálculos indican que en el primer año de operaciones, los ahorros en
costos del transporte (consumo de combustibles, etc.) y por accidentalidad,
serían de USD 41 millones.
La construcción del Túnel debe tener prelación. Es una solución que dejaría
de causar infartos en el tránsito por este corredor construido hace medio
siglo y que merece una profunda rehabilitación. Es un proyecto que debe
conservar su vigencia en la agenda de expansión vial. Si ha sido replanteado
en tres oportunidades ¿por qué no hacerlo una vez más hasta lograr su
adecuada estructuración?
*Superintendente de Notariado y Registro

Columna_presidente_fedegan_salgamos_del_tunel

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    ¡Salgamos del túnel...! Laconstrucción del tramo clave en la vía de Bogotá a Buenaventura, que comprende una longitud de 10 kilómetros, avaluado en 230 millones de dólares, estaría lista en siete años. En el primer año de operaciones, los ahorros en costos del transporte (consumo de combustibles, etc.) y por accidentalidad, serían de USD41 millones. Es un proyecto que debe conservar su vigencia en la agenda de expansión vial. Por José Félix Lafaurie Rivera* El país necesita el Túnel de la Línea. Sin duda contribuirá a elevar la competitividad de nuestra economía en los mercados internacionales. Infortunadamente, después de tres intentos, el gobierno no logró contratar la obra, y ha cambiado el proyecto. Ahora construirá un túnel piloto, mucho más pequeño y con la décima parte de recursos. Pero aún así, no se sabe cuál es la suerte final del mismo, pero frente a la incertidumbre que genera una obra de estas características en una zona de alta inestabilidad geológica, puede ser el comienzo de un nuevo esfuerzo que concluya con la realización del proyecto. El Túnel de la Línea hace parte de un tramo clave de la vía Bogotá−Buenaventura. Sobre ella se moviliza el 60% de las mercancías dirigidas a los mercados internacionales. Tendrá una longitud de 10 kilómetros y el urbanismo respectivo. El proyecto completo está avaluado en 230 millones de dólares, y estaría listo en siete años. Con el cambio, la construcción del túnel piloto costaría sólo USD21 millones, se ejecutaría con recursos propios del gobierno y se realizaría en dos años. El cambio en la estructuración del desarrollo del proyecto puede salir más costoso, pero más seguro. Como todo proyecto tiene riesgos, debemos recoger las experiencias de las concesiones de primera y segunda generación, para reducir las posibilidades de repetir la triste experiencia del Metro de Medellín que se presupuestó originalmente en USD300, y terminó constando por encima de los USD2.300 millones, o el de la vía alterna a los Llanos. También se deben analizar detenidamente las causas que llevaron a declarar desiertos los tres procesos licitatorios realizados anteriormente, y sopesar el cambio de política de las aseguradoras que se produjo a raíz del ataque terrorista a las torres gemelas de New York. Pero a este proyecto deben acompañarle otros que, unidos, contribuirán a la conectividad vial requerida en un escenario de apertura económica y que Colombia está en mora de ejecutar. Me refiero a caminos veredales, puentes inhabilitados, trochas y trayectos cortos que necesitan reactivarse para devolverle la vida al campo, para que pequeños y medianos agricultores y empresarios movilicen sus productos a los centros de consumo y cuenten con las vías requeridas para comerciar en el ámbito internacional. No olvidemos las vías fluviales. Los ríos Magdalena y Cauca, también cruzan por todo el
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    corredor vial. Dehecho más de un centenar de empresas ya utilizan sus aguas para transportar grandes volúmenes de productos a precios más bajos. Sin embargo, presentan graves problemas de sedimentación que impiden su navegación permanente y el aumento de su utilización. Si bien el túnel de la línea –que es un tramo de solo 10 kilómetros dentro de una red de carreteras de 130.000 kilómetros que tiene el país, y de las cuales el 87% es de nivel secundario y terciario–, su construcción jalona todo el conjunto vial. Y esto último tiene gran impacto en la medida en que bajo las circunstancias sociales por las que atraviesa el país, permite recuperar la institucionalidad y gobernabilidad, mediante la presencia del Estado. El Túnel es una obra dinamizadora del comercio internacional. A nivel interno los cálculos indican que en el primer año de operaciones, los ahorros en costos del transporte (consumo de combustibles, etc.) y por accidentalidad, serían de USD 41 millones. La construcción del Túnel debe tener prelación. Es una solución que dejaría de causar infartos en el tránsito por este corredor construido hace medio siglo y que merece una profunda rehabilitación. Es un proyecto que debe conservar su vigencia en la agenda de expansión vial. Si ha sido replanteado en tres oportunidades ¿por qué no hacerlo una vez más hasta lograr su adecuada estructuración? *Superintendente de Notariado y Registro