El documento analiza el divorcio desde una perspectiva bíblica, enfatizando que aunque es reconocido y regulado por la Biblia, no fue instituido por Dios. Se argumenta que Dios aborrece la traición y las razones que llevan al divorcio, pero no condena el divorcio mismo cuando se lleva a cabo de acuerdo con principios bíblicos. Finalmente, se describe el proceso y las consecuencias del divorcio, subrayando que la ruptura del pacto de matrimonio libera a las partes de sus obligaciones mutuas.