Las ecografías 3D y 4D permiten ver al feto de forma casi real con imágenes de su rostro y cuerpo. Estas ecografías son mejores entre las 24 y 31 semanas cuando las imágenes son más nítidas. Permiten detectar malformaciones externas y observar el comportamiento fetal. Las principales ventajas son obtener imágenes casi reales del bebé y momentos como el bostezo.