El documento reflexiona sobre la evolución de la educación y la necesidad de que las escuelas asuman roles que antes pertenecían a la familia y la sociedad. Destaca la importancia de diversificar la enseñanza teniendo en cuenta las diferentes inteligencias y características individuales de los alumnos para fomentar un aprendizaje significativo. Además, sugiere que la práctica y la adaptación de las actividades son clave para el desarrollo autónomo de los estudiantes en el aula.