El aprendizaje es un proceso complejo que implica cambios significativos en las personas y requiere una disposición emocional favorable para asimilar nuevos conocimientos. La disposición para aprender está influenciada por la historia personal del aprendiz y su contexto vital, lo que puede generar obstáculos que dificulten este proceso. Los educadores deben ser conscientes de estas dinámicas y promover un ambiente de respeto y aceptación para facilitar la disposición para aprender.