Entre 1870 y 1914, las potencias europeas expandieron agresivamente sus imperios coloniales en África, Asia y Oceanía. Factores económicos, políticos y sociales como la búsqueda de materias primas, mercados y prestigio internacional impulsaron la era del imperialismo. Gran Bretaña, Francia, Alemania, Bélgica, Italia, Portugal y España establecieron colonias en estas regiones, dividiéndose el control de casi todo el continente africano.